Bajamos en una nueva estación. Abordamos un nuevo Andén. Y las discusiones -qué discusiones- son cada vez más. La edición del diario comienza. Y las discusiones, nuevamente. Cantos, coros, silbidos, gritos. Todo forma parte de los argumentos. Y en la redacción se abordan las notas, qué sale, qué no. Y discutimos, hasta uno arriesga “lo que cada uno escribe muestra bien claro de dónde viene”, y otro replica “estoy orgulloso de haberte censurado la parte en que decías: por suerte todos en mi familia fuman porro”. Y las notas vienen y las notas van… Y mirá si este pibe es grosso porque escribió una nota en la que ya el título tiene dos palabras empiezan con “h”.. 

Éste espacio trata hoy un tema que amerita adentrarse allí  donde no siempre la coherencia y la razón son las que priman. El “caretaje” ya fue, se dice vulgarmente,  aquí queremos decir que las normas deben ser repensadas. Desde la editorial reclamamos un espacio a la voz de los sin palabras y sus manifestaciones. Los Andenes van pasando, son sólo momentos. Y nuestro compromiso con ellos es tal que esperamos que sean escuchados… al fin y al cabo, aquí sólo hablan los que tienen palabras para desperdiciar.

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Si todo lo que tiene valor debe ser comercializado, ¿qué hay de las palabras? ¿Acaso debemos venderlas? Pero de proceder por esa vía, ¿no nos venderíamos a nosotros mismos?

Por ello la editorial –que no es solamente el editor- decidió dar lugar al pensamiento. Dejar de lado las censuras ha sido una razón estrictamente metodológica. Una sociedad que no se mira a si misma, una sociedad que no se reconoce en el otro, una sociedad escindida, individualizada; en fin, un individuo narcisista que no hace más que idolatrarse a sí, que pretende constituirse como uno solo sin los demás, no es sino el reflejo de una sociedad en la que el vínculo se pierde, en la que el individuo tan solo comparte su ausencia

El análisis de las “drogas lícitas” ocupa en esta edición un lugar importante, pero no es menor, en ningún caso, la atención puesta hacia las “drogas ilícitas”. En tanto las unas y las otras existen -más allá de aquello que por mera convencionalidad la norma establece dentro o fuera de la ley-, en tanto las unas y las otras son constitutivos de la sociedad. Y si de lo que se trata es de mirar a la sociedad, a las políticas en la materia y a su impacto, vale atenerse a lo que Karina Malpica opina al respecto: “Ningún gobierno puede proteger la salud de sus ciudadanos, ni a través de la legislación, ni mediante campañas atemorizantes. Tampoco se puede decretar la desaparición de las drogas.” Pues como se decía con anterioridad, no hay convención que pueda dar lugar a la extinción de las drogas, por lo menos no la hay desde un ámbito estrictamente formal. Por ejemplo, puede decretarse –así como en EE.UU.-, una ley seca que prohíba el alcohol, pero en ningún caso se habrá cesado su consumo. Por el contrario, se lo habrá fomentado, junto con su ilegalidad, con los negocios por fuera de la ley, la delincuencia, y demás. Por el contrario, “Estarán con nosotros en tanto muchas personas encuentren en ellas el refugio, la evasión, la distracción, el conocimiento, el alivio o la satisfacción que buscan.” Es decir, estarán con nosotros en tanto la sociedad las necesite. En tanto seamos educados para consumirlas. No hay un juicio de valor sobre este punto. Uno puede considerar sano o insano el consumo de determinadas drogas, sean estos legales o ilegales. La voluntad toda del argumento se dirige a mostrar el por qué del consumo, no su conveniencia. “Lo que sí resulta factible es reducir los daños que causan la desinformación, el consumo, el abuso y sobre todo, la prohibición de algunas de ellas.” Aquí si, sobre la experiencia, sobre la información, sobre la naturaleza misma. Malpica arriesga sus argumentos y concluye “Por eso considero que para abordar el tema de las drogas, la mejor guía de la razón no puede ser la represión fundada en el miedo y la ocultación de la verdad, sino la información basada en el rescate de las tradiciones y en la exposición completa y veraz de los resultados de la investigación científica y empírica.” (toda esta cita corresponde a la página: http://www.mind-surf.net/drogas/index.html).

Como el lector sabrá apreciar en el transcurso de la lectura, los discursos expuestos son los de una generación que ha crecido con las drogas a su alrededor, que no necesariamente las ha consumido, pero que ha vivido con ellas a su vera, que ha tenido noticias de primera mano, que las ha visto en acción para bien y para mal. Por eso mismo se invita no sólo a juzgar el contenido de las notas, sino también la condición de sus autores en perspectiva de su contenido. De ese modo, el lector eventual o militante de Andén podrá sentar su posición sobre las drogas sin subterfugios que oculten prejuicios que en ocasiones ayudan a pensar y a veces no■


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