Queridos lectores, debo informarles que la tecnología se ha puesto en mi contra. Sí, es muy injusta, sobre todo para aquellas personas atolondradas que están acostumbradas al funcionamiento del viejo grabador con cassette donde apretando el botón que dice “stop” la grabación se detiene y el material queda guardado. Creo que los Chinos deberían dejar de fabricar  MP3 “tuneados”, o por lo menos que los sigan fabricando pero que le avisen a los neandertal tecnológicos que después de grabar una conversación hay que apretar un botoncito que dice “saving” para guardar la conversación, y que si no se aprieta ese botoncito la conversación se borra. Me imagino que a esta altura no es necesario decirles lo que pasó con la maravillosa y riquísima entrevista que tuve con el Diputado Eduardo Macaluse. Lamentablemente, el diálogo de casi 1 hora sólo quedó grabada en el  disco rígido de la que escribe.

El trágico accidente periodístico fue presenciado por el Diputado Macaluse, quien observando mi cara de espanto y desesperación se  ofreció con toda su amabilidad y humildad a grabar nuevamente una parte de la entrevista.

Claro que la parte más rica y profunda de la entrevista donde se tocaron temas que tienen que ver con el aumento de violencia social, desigualdades sociales,  pobreza, corrupción y retenciones fueron capturados por el boicot tecnológico.

Ya  no es momento de añorar lo perdido,  mejor los dejo deleitarse con la entrevista  al Diputado Macaluse quien siendo integrante de la comisión de deportes en La Cámara de Diputados de la Nación  y miembro del bloque Solidaridad e Igualdad (SI) nos muestra una visión panorámica sobre  el deporte, la política y el rol que debería jugar el Estado.

ANDÉN: Como diputado, militante y ciudadano ¿desde dónde se debería posicionar el Estado y todos sus organismos correspondientes para incluir al deporte como una herramienta política más?

E.M: En general, cuando se piensa en una política para el deporte se piensa en una actividad de elite, se piensa en el deporte profesional o se piensa en los juegos olímpicos.  Nosotros creemos que además de pensar una política para el deporte de elite hay que pensar fundamentalmente en una política desde la faz social del deporte, utilizarlo como un buen instrumento de intervención del Estado, sobre todo en los lugares más pobres de manera que sirva para un instrumento de integración.

Hay muchos pibes que están en la calle, que han dejado los estudio y no consiguen trabajo. A ellos hay que proveerles una posibilidad de integrarlos a través de un deporte que los discipline, que los integre ofreciéndoles el deporte como un instrumento para incorporar las nociones de reglas, límites y metas.

Ahora, para eso hay  que tener un buen  presupuesto y el Estado tiene que aparecer en el barrio donde se lo necesite, y no esperar a que el pibe vaya a inscribirse para practicar un deporte.

También hay que vincular el tema del deporte con la expresión artística. Puede ser un buen instrumento no formal para acercar al chico a algún sistema que lo pueda educar e incluso devolverlo al sistema educativo formal, o si no lo hace desde ahí por lo menos que se integre y que sienta que la sociedad le da la oportunidad de hacer algo que le guste y desarrollarse bien; que además lo integra al conjunto.

ANDÉN: ¿Cómo se puede considerar a la política deportiva como un elemento más para la inclusión social?

E.M: Hoy, los pibes muchas veces están aislados y lo que hay que buscar es rearticular nuevamente las relaciones sociales. Para eso el club de barrio cumple parte de ese rol, pero hoy los clubes de barrios están deteriorados. El impacto de los 90 fue muy fuerte, buena parte de la clase media no pudo continuar pagando la cuota, los que podían pagar la cuota se fueron a un country y practican sus actividades sociales y deportivas recluidos; y los que no podían dejaron de pagarlas, entonces los clubes se vinieron a pique y además las empresas de servicios públicos que se privatizaron les empezaron a cobrar rigurosamente y excesivamente, y no pudieron continuar desarrollándose.

Entonces, tiene que haber una política del Estado que recupere a los clubes, esa puede ser una política para los sectores de clase media y clase media baja. El Estado se tiene que hacer presente en las clases bajas incentivando este tipo de políticas que reconstruya el tejido social.

ANDÉN: ¿A qué se debe el aumento de violencia en el fútbol, y cómo se puede trabajar políticamente con este tema?

E.M: La violencia en el fútbol no es sólo una manifestación de la alienación de la sociedad como se interpretaba antes, sino que hay un sistema que sostiene la violencia en el fútbol porque es un sistema delictivo y ahí están involucrados dirigentes políticos, dirigentes deportivos, delincuentes y fuerzas de seguridad. Si no se rompe esa cadena delictiva de la que aprovechan estos grupos, no se va a resolver el tema de la violencia en el fútbol, y para poder resolverlo hay que estar  ajeno a ese sistema, no cobrar de él porque es un sistema de recaudación también. Y desde la política plantearse no utilizar a los barra bravas como fuerza de choque, porque si uno los empieza a utilizar después entra en el sistema y  termina siendo el dirigente el que llama a la comisaría para sacarlos el día que genera un hecho violento.

Por eso hay que romper ese sistema delictivo, y eso implica muchas cosas. Fundamentalmente, un tratamiento riguroso y nodal de la cuestión donde entre otras cosas se debe  requerir de la presencia de especialistas en el tema para llevar adelante una investigación seria.

Hasta aquí las escasas palabras que me quedaron en el grabador, las grandes enseñanzas que guardo en la cabeza, y las eternas gracias a Macaluse por la atención y la amabilidad con que nos recibió■


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