Tuve la oportunidad de viajar a países del primer mundo muchas veces en mi vida, y no menos veces me he preguntado cuáles son las razones que no nos permiten llegar al progreso. Me sustraigo de lo personal porque gozo de una buena calidad de vida, donde el progreso ha sido y es una constante; pero gracias a Dios puedo mirar a mi alrededor, ver como vive la gente en otros lugares, y me parece un horror. La falta de trabajo es una constante, y aunque no he visitado demasiados lugares del conurbano bonaerense, lo que observo en la televisión me parece un verdadero espanto.

¿Qué nos impide crecer? Una de las tantas razones, pero de no menor peso es el sindicalismo, que obstruye permanentemente, el crecimiento de las empresas. Qué empresario querrá invertir en este país si el sindicalismo amenaza permanentemente todas las proyecciones posibles. Los que siempre pesan y mucho son los que están a la cabeza de cada uno de los sindicatos, me encantaría que fueran tan filantrópicos como declaman en sus discursos. No encuentro la lógica para que existan. En un sistema donde las cosas  funcionan correctamente, no deberían existir.

Conozco varios amigos empresarios que han desistido en sus proyectos para el país al analizar tantas variables y costos que nunca terminan de ser del todo claros, y es una verdadera lástima, porque se ven obligados a llevar sus emprendimientos a otra parte donde son rápidamente recibidos, con procedimientos transparentes; son países donde se prioriza la producción, la eficiencia, la calidad, el bienestar y progreso de los ciudadanos.

Digo yo, con leyes justas, ¿hace falta alguien que represente otro, además de los que nos gobiernan? Claro que estamos en presencia de otro Gobierno, inventado y que es el de los Sindicatos. Los trabajadores creen que los necesitan y bajo esa falsedad se los mantiene inmersos. En el campo siempre se dice que crece mejor la siembra sin tanto yuyo en el medio. ¿No será que hay demasiados intermediarios en juego?

¿Qué pasaría si los del medio no estuvieran? Probablemente estaríamos viviendo una transformación en nuestro querido país. Necesitamos volver a las tradiciones, respetar las leyes y no dejar de lado nuestra fe. Claro que ahora se tiene más fe en un personaje mediático que promete acciones, que en la palabra de Dios, que se lee semana tras semana en las parroquias. Qué lástima que nunca nos encontramos en misa con los líderes de estos movimientos sindicalistas… ¿Acaso ellos no tienen fe?

¡Cómo pretenden, pues, que otros les crean a ellos si ellos descreen de la palabra de Dios!

Me pregunto cuándo será el día en que se los vea a estos señores manifestando alguna intención clara de apoyo a la industria y al sector empresario de este país. ¿Acaso no son las industrias las que generan puestos de trabajo?

Con mundos y visiones tan divididas es difícil que el país pueda llegar a un objetivo común. Ya estamos cansados de discursos antagónicos y de enfrentamientos que no conducen a absolutamente nada, excepto al estancamiento en el que estamos inmersos. Eligiendo soberbios caminos, cada vez más alejados de lo religioso, y alimentando divisiones entre los argentinos, difícilmente podamos llegar a un objetivo que nos hermane como Nación.

Estoy convencida de que para atraer inversiones y que nuestros castigados empresarios puedan volver a invertir en este querido país, es necesario un replanteo de funciones y de utilidad, pues entonces a la luz de una reforma legislativa en serio y del rol de los sindicatos se puedan modificar las condiciones que oprimen y reprimen el crecimiento■


Puede descargar Sindicalismo y perdida de fe - Andén 44 en formato .pdf