Bilma Acuña es Directora del Centro Integral Comunitario EN-HACCORE fundado en el año 1993 donde se asiste a 300 personas por día brindándoles almuerzo, merienda y cena. También es Presidenta de la Asociación Civil David Echegaray fundada en el año 2002 cuyo principal objetivo es la defensa integral de los derechos de niñas/os y adolescentes, y la asistencia a sus familias. Cabe destacar que la Asociación Civil David se ha convertido en uno de los primeros centros de atención, derivación, contención y acompañamiento de personas consumidoras de sustancias psicoactivas, donde muchas madres acuden en busca de ayuda.

Bilma es fundadora de la Red de Madres en Lucha Contra el Consumo de PACO de la villa 15 (Ciudad Oculta) donde desde el año 2003 estas mujeres hicieron visible a través de su movimiento, el gravísimo problema de la venta de Drogas instalado en el corazón de los barrios populares. Además es Madre de 6 hijos, uno de ellos asesinado el 15 de agosto de 2001, a los doce días de su cumpleaños número, 16 por ser testigo presencial de un homicidio perpetrado por un grupo de narcotraficantes de Ciudad Oculta, razón por la cual la Asociación Civil lleva el nombre «DAVID» para honrar su memoria.

ANDÉN: Vos eras muy chica cuando te mudaste a Ciudad Oculta. ¿Cómo viviste los cambios que tuvo el barrio?

Bilma Acuña: Tenía 4 años cuando mi familia se mudó a Ciudad Oculta, vinimos del Paraguay. El barrio eran casitas. Se llama Ciudad Oculta porque las casitas estaban hechas detrás de unos muros enormes que eran de una curtiembre en una época y había quebrado. Era una fábrica enorme. Entonces, detrás de esos muros se hacían las casitas los obreros que venían a trabajar, porque había mucho trabajo. Las familias se hacían las casas con el sueño de la vivienda digna, de progresar.

 En el tiempo de la dictadura, se pretendió que Ciudad Oculta deje de existir, porque para la dictadura era antiestético, y hubo erradicación de villas. Muchas de las familias se mudaron al conurbano o volvieron a sus provincias de origen. Entonces ese fue el primer dolor porque nos separamos todos, yo apenas tenía 15 años en esa época y había mucho miedo.

¿Y cuándo entraron las drogas al barrio?

B.A: Casi entrada la democracia volvimos a instalarnos dentro de Ciudad Oculta y ahí empezamos a conocer la droga como la conocemos ahora; se instaló el tema de la marihuana y la cocaína y luego el “pico”, o sea, la cocaína inyectable. Perdí muchos amigos en esa época, en mi adolescencia, muchos murieron de sobredosis y después cuando vino el SIDA, con el “pico”, como eran jeringas, muchos se contagiaron y murieron de SIDA. Quedamos muy pocos de esa época, de mi adolescencia, siempre digo que soy una de las sobrevivientes de esa época.

Se cortó el tema del “pico” cuando empezaron a repartir jeringas descartables, no es que uno incentiva que se droguen, si no que ya que te drogás, cuidate.

Entrada en la crisis del 2001 empezamos a ver (porque ventas de drogas siempre hubo) que había otro tipo de drogas que quebraban los lazos familiares o comunitarios. No sabíamos qué pasaba con los chicos, porque si bien estaba el poxi-ran, que de repente a un pibe le preguntabas “¿por qué aspirás?” te decía “para tolerar el hambre” y un montón de cosas que por ahí le pasaban al chico, pero no se quebró ese lazo familiar, el comunitario. Cuando vino el paco la mayoría de la gente que vendía marihuana o cocaína empezó a darles como muestra para que consuman la bolsita de paco. Eso fue tremendo porque el consumo se tornó como algo más violento porque el chico que consume paco en lo único que piensa es en el próximo consumo y eso hace que la primera víctima sea el pibe y la segunda la familia, porque el chico que consume paco no puede sostener la familia, un trabajo, el estudio, nada.

Eso notamos en el 2001, en el 2003, el deterioro que producía el consumo de paco. Cuando empezamos a ver esto una de las madres al ver tan consumido a su hijo dijo: “bueno ¿qué es lo que está pasando?, ¿qué podemos hacer?”; y empezamos a armar la red y apuntar y escrachar a los que vendían paco dentro de la villa. Está documentado, la nota la cubrió Gastón Pauls en el 2003.

Muchos se quedaron en el camino, muchas mamás, muchos chicos han muerto, muchas familias han enterrado a sus hijos, y bueno, reclamando a las autoridades qué se podía hacer contra la venta y la prevención y los chicos que ya estaban consumiendo.

Los medios nos dieron bastante bolilla, digamos, y la misma prensa nos puso el nombre Madres en Contra del Consumo de Paco.

Quiero destacar que la villa 15 fue la primera que se movilizó y empezó esta lucha y se armó esta red. Luego me dio mucha satisfacción que muchas madres en otros barrios, en otras villas también hayan formado redes en las provincias de Argentina y hasta pasó la frontera, en Uruguay y Chile.

 Realmente hoy en 2010 hemos avanzado en cuanto al tratamiento, a las becas que podemos conseguir para los chicos ya que la mayoría no tiene Obra Social y hemos avanzado bastante. Hemos tenido reuniones con la Corte Suprema, con el Doctor Zaffaroni, y en este momento hay una guía para magistrados para trabajar en la prevención y en la contención de los chicos que son víctimas del consumo.

Hoy para un chico que consume ¿cuál es el camino de salida?

B.A: Es muy difícil, porque nos encontramos con otro obstáculo: la mayoría de los chicos que están en tratamiento, están 2 años y cuando salen vuelven al mismo lugar donde se enfermaron y no tienen trabajo. Entonces lo que nosotros estamos pidiendo es que las comunidades terapéuticas tengan talleres de oficio, la mayoría no tiene. Por ahí les dan herramientas, se capacitan y salen y no encuentran trabajo.

Las madres hoy estamos pidiendo que se hagan acuerdos con los sindicatos, con las empresas, para que un chico que está recuperado, está en vías de recuperación, pueda acceder al trabajo.

Yo digo que no hay una receta única, pero ayuda bastante que un chico tenga qué hacer, que pueda defenderse, que pueda tener un trabajo, que pueda aportar en la familia, que se sienta útil, parte de algo.

El problema está en que nuestros chicos no se sienten parte de nada, porque no tenemos nada, en las villas no somos dueños de las tierras, de nuestras casas, no tenemos acceso al trabajo, somos muy discriminados. Si vivimos en la villa nos cuesta mucho conseguir trabajo, por la desconfianza, por todo esto que siempre piensan que de la villa sale lo peor, pero no todo es así. También quiero aclarar que los chicos consumidores de paco no son los que salen afuera, roban, lastiman; porque los chicos que consumen paco se inhiben tanto que están en su mismo círculo en el barrio, están dando vueltas, duermen en los pasillos, son víctimas ellos y las familias; no salen, no es “paco igual a delincuencia”. Los chicos necesitan oportunidades, ser parte de algo.

En los escraches a los vendedores de paco hubo mucho miedo.

B.A: En principio nos movió la bronca y la impotencia cuando vimos que los chicos empeñaban hasta su DNI porque no tenían dinero y cuando conseguían algo lo empeñaban. Nos movilizamos todos, hasta los chicos nos acompañaron cuando escrachamos. Ellos hicieron la denuncia y vino el patrullero, pero para protegerlos a ellos, entonces éramos los chicos, las mamás, los vecinos, todos escrachando. Inclusive tiramos una casilla donde había drogas, pero claro, nosotros no fuimos a hacer la denuncia a la policía, no sabíamos dónde hacer la denuncia. Porque también existía en ese momento la complicidad policial y nosotros lo sabíamos.

 Personalmente a mí no, pero otras mamás fueron intimidadas, incluso con las brigadas, porque teníamos dos enemigos: la policía y los que vendían; entonces nos decían que sabían el apodo de nuestros hijos y que tuviéramos cuidado. Pero de todas maneras seguimos avanzando y fue el primer caso en la Argentina que un narcotraficante fue procesado y condenado por denuncia de las madres, eso fue en el 2005.

A futuro, ¿cuáles son las medidas políticas o sociales que pueden llegar a ser favorables en la lucha contra el paco?

B.A: Principalmente el trabajo, que los chicos tengan en qué ocuparse, porque no hacer nada, estar en las esquinas no favorece a nadie. En mi época había mucho trabajo, había fábricas, se hablaba del obrero, del peón, y ahora eso fue erradicado de nuestro vocabulario, pasamos a ser “jefas de hogares”. Entonces tenemos que apuntar a la capacitación, porque ya muchos no saben; me decía un amigo que necesitaba un aprendiz de zapatero y la juventud no sabe cómo armar un zapatos y todo eso lo perdimos, fueron muchos años de abandono.

 Que se abran fuentes de trabajo, inclusión, más educación y que la sociedad toda en su conjunto podamos colaborar en esto, en la lucha contra el narcotráfico, en la lucha con los chicos para no rechazarlos, para incluirlos, que se incluya en la educación y en el ámbito laboral, más inclusión para los jóvenes.

 A nosotros nos discriminan quizás porque no conocen a las personas que viven en el barrio, hay muchas personas que hacen cosas, grupos comunitarios, sacerdotes, hay organizaciones que hacen mucho también, muchas cosas buenas para la gente, para la comunidad y se conocen siempre los malos. En los medios siempre sale lo malo, no las cosas buenas, quizás porque es lo que se vende, pero hay mucha gente haciendo cosas buenas.

Inclusive, cuando matan un chico no sale en los diarios como sale por ahí un chico de otros lugares. Yo creo que el desconocimiento genera miedo, como esto de “drogas igual a delincuencia” y no siempre es así, no siempre el consumidor es delincuente■


Puede descargar Diálogo con Bilma Acuña: "Los chicos necesitan oportunidades, ser parte de algo" - Andén 56 en formato .pdf