El cuerpo como símbolo expresa las tensiones de la cultura, de acuerdo con la antropóloga británica Mary Douglas. La cultura occidental moderna se ha caracterizado justamente por separar y dividir analíticamente nuestras experiencias racionales, emocionales y físicas. Esta vez ANDÉN se reunió con la licenciada Ana María Corrao, especialista en psicología del dolor, para charlar acerca de cómo influye en nuestras experiencias de dolor, salud y enfermedad esta filosofía.

ANDÉN: Así como en occidente se realiza una división tajante entre naturaleza y cultura, ¿podríamos hacer un paralelo entre la distinción cuerpo-mente?

Ana María Corrao: Sí. Desde la epoca de Aristóteles hasta Kant hubo una visión más holística. No había división mente-cuerpo. Luego con Kant se produjo un cambio muy importante.No es lo mismo tratar con un sujeto que dice que algo anda mal y averiguar por dónde es la cuestion a decir “me duele el brazo”, entonces yo solo le atiendo el brazo.Podemos pensar que el cuerpo se seccionó como si fuera un auto:las ruedas, el motor y algunas cosas que funcionan en el medio. La industria farmacológica tambien ha influido muchísimo en esta visión. Se ha distorsionado la vivencia de dolor reduciéndolo a una cuestion mecánica. Si una rueda se me pincha yo voy y la cambio o le pongo un parche para que siga funcionando. Sin embargo, hay muchos pacientes que no responden a estos parámetros.

¿Cómo comenzó a trabajar en la problemática del dolor?

AMC: Me relacioné con el doctor Ceraso, un médico anestesiólogo que empezó a dedicarse al tratamiento del dolor. Descubrió que empíricamente había gente que respondía mejor a las drogas. Pero no por ser pacientes, digamos, sanos, sino porque los tratornos psicológicos que tenían eran insuficientes (no es que alguien no los tenga) para impedir el efecto de las drogas. Y también vio que había pacientes cuyos tratornos psicológicos impedían el buen funcionamiento de las drogas.

¿Cómo definiría el dolor?

AMC: Hay una organizacion internacional para el estudio del dolor (IASP) que dice que el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable para quien la sufre. Descripta como daño tisular o descripta en terminos de dicho daño. Entonces si un paciente te dice “a mí me duele” vos no le podés decir: “ah, sí, puede ser” o “a mí no me parece”.

¿Cómo se hace para trabajar con algo tan personal e intrasmisible como el dolor?

AMC: El dolor es intrasmisible. Pero al mismo tiempo solo existe si uno lo transmite. Si yo digo: “me duele” , entonces el médico me va a decir: “ajá, “¿y dónde le duele?” Es intransmisible en el sentido de que yo no puedo adivinar lo que al otro le pasa. Pero solamente existe si alguien lo transmite, a través de uno de los componentes del dolor que es la queja. Porque además el dolor, aunque tiene zonas físicas, es lenguaje.

Ahora, ¿de qué dolor estamos hablando? No hablamos del dolor de una fractura. Eso se cura con medicación y punto. Estamos hablando de los pacientes que tienen dolor hace 20, 30 o 15 años que tienen trastornos crónicos. Es totalmente distinto al dolor agudo.

El psicoanálisis como técnica se centra en motivar a hablar y a partir de eso destrabar conflictos emocionales. Pero, en ese punto, ¿no mantiene intacta la distinción entre el pensamiento y mi experiencia física?

AMC: Sí, la dicotomía está instalada aun en la patología. La gente piensa: “cómo yo voy a ir al psicólogo para curarme del cuerpo”; o incluso los psicólogos dicen: “vaya a curarse del cuerpo primero”.Yo probé varias técnicas, con las que me he quedado. Trabajo con hipnosis en el sentido de una relajación profunda. En la hipnosis no se descubren las causas del dolor, lo que se trabaja es la escena que rápidamente se adhiere a un dolor. En la hipnosis no hacemos hablar al paciente pero levantamos toda una historia clínica donde detectamos la proximidad de una escena que tiene un fuerte componente emocional que permite que el dolor se instale y permanezca en el tiempo.

Podemos pensar al cuerpo como un símbolo que expresa diferentes elementos de la cultura. ¿Se puede pensar al dolor también como una expresión cultural?

AMC: Sí. Así como vos aprendes japonés porque vivís entre japoneses, vas a tener la experiencia de dolor que tienen los japoneses porque te criaste entre ellos. Cada cultura tiene también su modo de expresar los conflictos alrededor de ese dolor y cómo ir resolviéndolo. Entonces los judíos te tiran las pastillas por el inodoro, y un italiano se toma por las dudas dos pastillas más para que el dolor se calme más rápido.

Entonces la tolerancia al dolor también es aprendida culturalmente.

AMC: Sí. Ahora, dentro de cada cultura hay gente que tiene un umbral alto del dolor, que sienten menos el dolor. Y hay otra que naturalmente tiene una permeabilidad al dolor, que la hace sentirlo mucho más y padecer los efectos negativos de las drogas.

En relacion a los pacientes terminales ¿cómo se trabaja con un paciente que sufre un dolor físico importante al que se le suma la carga emocional de saber que pronto va a morir?

AMC: Para los pacientes en fase terminal la contención es lo más importante.Vos vas acompañando a eso pacientes, respetando sus silencios y su cercanía a morirse. Así se controla el dolor. El duelo más difícil es del que queda vivo, de la familia o del equipo médico. A veces estamos cinco años con un paciente terminal. Porque ahora, el paciente terminal no es el que está por morir sino el que no hay tratamiento para él. Está el tratamiento paliativo, el control del dolor, el apoyo espiritual.

¿Por qué es más “fácil” para el paciente que para su entorno?

AMC: Porque está haciendo su proceso. Se van desprendiendo . Como el bebé juega con su taloncito y no tiene posibilidad de darse cuenta que es lo que pasa a su alrededor, el muriente juega con el taloncito de su pata ya vieja, callosa y a veces lastimada. Se va metiendo otra vez en ese narcisismo tan puro en el que no existe nada afuera. Hay pacientes que dicen: “mire, yo a usted ya no la necesito; ya estoy bien”. Y es cierto.

Últimamente está muy en boga la noción de somatizar. Todo el mundo somatiza, no importa si es un resfrío o un cancer.

AMC: Claro, te dicen: “vos te lo buscaste”.

¿Todas nuestras experiencias de salud-enfermedad son en alguna medida somatizaciones?

AMC: En alguna medida son somatizaciones pero no como se cree. Se tiene que producir una inestabilidad en algunos elementos del sistema inmunológico. Por ejemplo, todos tenemos oncogenes. los eliminamos a la mañana cuando hacemos pis. Si tenés una situación estresante durante mucho tiempo, en algún momento el sistema inmunológico dice: “¿y esto que es? ¿Lo tengo que tirar o guardar?” Así se empiezan a acumular células cancerígenas. El sistema inmunológico pierde el sentido de lo que está bien y lo que está mal. Lo que tiene que sacar y lo que tiene que retener. Pero ¿por qué no todo el mundo se resfría? Bueno, porque tiene un sistema inmunológico que se puede defender. No es solamente “yo estoy bien, me gano el mundo, entonces no me enfermo”. Tiene que haber un desbalance en la capacidad defensiva provocado por stress. Nadie se provoca este desbalance del sistema inmunológico, te sucede. Es totalmente involuntario. Hay gente que tiene mas propensión a incorporar todo bicho que camina, y hay otros que tienen una baja exposición a eso. Por eso, no hay enfermedades sino que hay enfermos. Para la industria farmacológica hay enfermedades. Y los enfermos que no responden a las drogas son locos, porque están recortando según las conveniencias económicas.

¿Tiene algún consejo para vivir saludablemente?

AMC: Vivir en paz con vos misma, independientemente de lo que hagas, es la vía para estar bien. Aunque todo el mundo esté en contra; pero, si vos estás de acuerdo en que lo que estás haciendo, es lo correcto, es una vida saludable. Pero, si vos vivís culposa, quejosa, malhumorada, es porque uno se tiene que preguntar qué tiene que cambiar de uno. Y cuando vivís en paz todo eso hace que las cosas sean mucho más livianas, hasta una protección bastante interesante de la enfermedad■


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