La educación freireana se ha distinguido por proponer una noción pedagógica para la liberación de cualquier relación de opresión, y para poder pensarnos en otro tipo de sociedad más humana. Los movimientos sociales piqueteros y de fábricas recuperadas reflejan, en su accionar, determinada comprensión sobre la crisis social vigente que recorre nuestra sociedad. ¿Cuál será la caracterización que estos grupos deben realizar de la coyuntura para aspirar a una comprensión profunda, que permita direccionarlos al acceso de mejores condiciones sociales?

Así como Marx advirtió a fines del siglo XIX que todas las revoluciones sociales hasta el momento solo provocaron meras re-estructuraciones sociales-económicas que consolidaban la lógica imperante del modo de producción existente, sin provocar cambios drásticos que extirpasen de la sociedad, de una vez por todas, las relaciones de clase y explotación, así Freire acude a la perspectiva de revolucionar la realidad social a partir de la disolución de toda relación opresor-oprimido, sin permitir, como culminación de la praxis, la mera inversión de los actores en juego, sino la superación de dicha relación. Los hombres, productores de la realidad social vigente, podrán ser creadores de una realidad social en la cual la autonomía se haga presente. El despertar la actitud crítica en los oprimidos es la tarea que Freire invoca, la cual produciría la liberación de la humanidad. Aquellos que más deshumanizados y perjudicados se encuentran en la sociedad serán los que lleven adelante esta revolución y supresión de las diferencias sociales, a partir de un diálogo educativo intersubjetivo. Esta pedagogía crítica es la que permitiría a los oprimidos valorizar la situación social real que posibilitará concebirse a sí mismos reflexivamente bajo la opresión en la cual se ven sumergidos. Esta acción deja de ser meramente gnoseológica o pedagógica, siendo también acción política y liberadora.

En esta órbita, los movimientos sociales y los sectores nucleados en el movimiento de empresas recuperadas, signos de la lucha contra la pauperización humana, evidencian ejemplos claros de conciencia, y educación, sobre la lucha contra la explotación y por la autonomía de los sujetos. La cuestión sería delimitar la orientación concientizadora (educadora) adecuada para conformar una lucha que tenga como objetivo la superación de las condiciones antihumanas en las cuales se encuentra una gran parte de la sociedad.

Una de las premisas fundamentales para iniciarse en este designio es el de describir al Estado capitalista como una herramienta de dominio de la clase dominante. Se advierte la incapacidad del Estado para ser considerado, en su forma más asistencialista, como instrumento de salida a la crisis social vigente. El Estado de bienestar, por muchos considerado como un aparato beneficioso para los explotados, estaría desarrollando una conversación sin diálogo con estos. Su intención de “dar” sin re-estructurar las relaciones económicas y de producción que posibilitan las desigualdades humanas, colabora con la falsa conciencia de mundo. Este tipo de administración política se encuadra dentro de los “órdenes” opresores que no quieren que los oprimidos empiecen a decir: “¿Por qué?”. El Estado de Bienestar no puede ocupar un estadio de justicia social, ni de liberación, real para los oprimidos. La lógica que parte de sus administradores, por ejemplo en el caso argentino, tanto para con los movimientos piqueteros como para con los de empresas recuperadas, ha sido la de “dividir, cooptar y reprimir”. En el caso de las empresas recuperadas, desde el gobierno se intentó proponer la misma tendencia impulsada en los movimientos piqueteros: alimentar una “burocracia adicta” desde donde se asiente su base de operaciones para quebrar los movimientos de lucha. Así como en los movimientos piqueteros se combate a los sectores independientes del Estado desde el manejo arbitrario de planes, en las fábricas recuperadas se intenta frenar la organización independiente desde la formación de “consejos consultivos de crisis” y varias artimañas legales y financieras que impiden el desarrollo productivo de las fábricas bajo gestión obrera. Lo se desprende es el carácter necesariamente revolucionario que debe mantener un programa piquetero y un programa de empresa recuperada para hacer efectivas sus reivindicaciones. De la misma manera que Freire planteaba una revolución social para alcanzar la autonomía del sujeto y la supresión de toda relación de opresión, los programas de las organizaciones de trabajadores, ocupados y desocupados en lucha deberán apuntar a determinadas consignas que impulsen una reorganización social sobre nuevas bases en donde se elimine la explotación del hombre por el hombre. Dichas organizaciones se conformarían en tanto construcción, y alternativa, de poder. Una salida a esta crisis deberá ser de conjunto, haciendo uso de los recursos que la sociedad dispone para el beneficio pleno de su totalidad. Con ello se eliminan todas las herramientas capitalistas, estatales y privadas, que hasta el momento solo llevaron a la cosificación del sujeto y a su retirada a un ámbito de precarización y ahogo económico y social: planes sociales, micro-emprendimientos como la autogestión y el trueque, etc.

Ante esta descripción cabe destacar la independencia y la autonomía de los oprimidos en su proceso educativo y de lucha para poder alcanzar relaciones sociales que permitan recrear un ámbito de igualdad de oportunidades sin opresión y explotación alguna. El carácter crítico sobre la situación económica-política por parte de estos constituye un sentimiento educativo altamente superador de sus condiciones deshumanizadas. Su importancia radica en la clarificación sobre la lucha de clases y el cambio que ello provoca y estimula. Se afirma la radiografía sobre la conformación de oprimidos y opresores en el seno social, y la necesidad de superar dicha dicotomía mediante la movilización constante.

Del mismo modo que el pensamiento marxista, la perspectiva freireana encarna la misión de superar las contradicciones que rigen las relaciones sociales, invocando a la liberación de la humanidad al buscar eliminar la explotación del hombre por el hombre y de toda clase dominante que dirija y ejecute en nombre de toda la sociedad y a favor de su propio interés como clase. El llamado que hace Freire para revolucionar la sociedad se instala en la práctica educativa, siendo esta la promotora y causante de la fomentación del carácter crítico en los individuos y de su capacidad de autoconcebirse dentro de la sociedad. Ello se vincula con la lucha de los trabajadores, explotados y oprimidos de nuestra sociedad, que en su permanente contienda por alcanzar determinados reclamos mínimos, no deben perder la esperanza de lograr la consecución de un programa máximo que finalice con todo grado de explotación humana: la revolución social, la revolución de los trabajadores, la revolución de los explotados y los oprimidos de estas sociedades modernas.

Todo pliego de reivindicaciones particulares que se desplieguen en determinadas circunstancias no puede dejar de verse inmerso en un programa que atente contra la organización social vigente. Toda educación, como la freireana, que intente ser progresiva para el genero humano, intencionada en liberación, autonomía e independencia, está obligada a tomar en consideración la lucha de aquellos que solo hoy subsisten mediante la venta de su fuerza de trabajo, fomentando su organización para conformar un polo de poder frente al Estado, la Iglesia y sus transmisores de ideas coercitivas, ya sean los partidos políticos patronales, la burocracia sindical u ONGs dependientes de estos grupos.

La posibilidad de un nuevo hombre y una nueva sociedad se persigue con una educación transformadora como la que Freire propugna, rozando lo inevitable de la pedagogía e intervención política marxista, es decir: la constitución de una organización social y política de los trabajadores que actúe en vistas de la revolución social. Una educación que, partiendo de un contexto particular del sujeto oprimido y de su situación de enajenación, permita tomar conciencia del encadenamiento de elementos y circunstancias que hacen a su imposibilidad de ser-hombre, impartiendo y experimentando las soluciones políticas de cambio ante determinada cuestión. 



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