Se dice mucho sobre la niñez, sobre todo desde lo políticamente correcto. Freire y Vigotsky lo hicieron. Rousseau y Perón lo hicieron. Pero lo cierto es que ese cuento de hadas es casi una mentira que nos resignamos a creer. El niño es un salvaje, una bestia despiadada, astuta y cruel hasta extremos inimaginables. Su único propósito es satisfacer su capricho. Al poco tiempo de nacer aprende los rudimentos de la seducción, a sonreír para captar la atención, a exigir, a considerar al mundo como una extensión de sí mismo. Nada muy distinto a lo que canallitas célebres como Kadafi, Ceauşescu o Pinochet dedicaron sus vidas.

No es sino hasta entrados los años que aprenden a civilizarse mediante la ley y el lento aprendizaje de premios y castigos. Antes de eso no se puede negociar con ellos, no se puede pactar, no hay diálogo ni política, sólo la coacción del amor y, en el peor de los casos, la de la violencia. Como dice Serrat, los domesticamos por su bien porque no debemos olvidar nunca que cuando cargamos un infante en nuestros brazos es que allí, en ese cuerpecito frágil y demandante, habita en potencia un mesías… y también un genocida. Por eso hay que educarlos, para que sus llantos no deriven en delirios de grandeza y por eso 5 discos 5 de niños que ocultaban bestias algunas maravillosas y otras terribles■


 

 …Baby One More Time. 1999. Britney Spears –  Chicle. Rosa pastel. Erotismo sugerido (y no tanto). Piedra fundamental de una carrera que acabaría por convertirla en ícono cultural y signo de una Era. El primer disco de la princesa del pop fue construido por una de las más precisas maquinarias del entretenimiento: las composiciones del hacedor de mitos, Max Martin. Sus letras sencillas y pegadizas en confluencia con la imagen a mitad de camino entre lo aniñado y la bomba sexual le permitieron ser la cara femenina del nuevo teen pop con el que finalizó la década de los 90. Un disco que con más de una década apenas ha envejecido gracias al pulso funk y a sus bases electrónicas. El tema que da nombre al disco, “[You drive me] Crazy” y “Sometimes” constituyen un claro ejemplo de cómo se debe comenzar un disco pop y, sobre todo, como debe ser la infancia de una bestia.

 

   

 

 Middle of Nowhere – 1997 – Hanson. Como Shirley Temple, como Judy Garlan, como Gary Coleman a los Hanson les pasó lo mismo que suele pasarle a todos los que alcanzan su fama en la niñez, cometieron el error de crecer, de dejar que el tiempo dejara su huella en sus voces y en sus rostros. Porque lo que llama la atención de los niños talentosos es verlos hacer cosas de grandes, no su talento. Llegaron a su punto más álgido en esta, su segundo larga duración. Haciendo un pop/rock amable apto para todo hit  incluyeron su ep del año anterior en donde publicaron su mayor hit hasta la fecha, la canción “mmmbop”, con la que prácticamente aseguraron su jubilación. Se sugiere escuchar la reinterpretación acústica de 2007 con la que celebraron el décimo aniversario de este disco. No olvidar escuchar esa hermosa canción que es Madeline, uno de esos amores de niñez que se quedan para siempre en la memoria.

 

 

 Diana Ross Presents The Jackson 5 (1969)Jackson five. El sello Motown fue, durante fines de los 60 y todos los 70, la gran fábrica del funk, el soul y la música disco. No es extraño que sus cazatalentos le prestaran atención a los cinco hermanitos Jackson que parecían tener el goove en la sangre ni tampoco es extraño que utilizaran a Diana Ross, voz de The Supremes para manijearlos ante la prensa. Opacados por la fama de quien llegaría a ser, años después, Michael Jackson, los Jackson five fueron un grupo de niños talentosos que tocaban muy bien y cantaban mucho mejor. No sólo se destacaba la voz de Michael sino también la de su hermano Jermaine, un olvidado más. Un enorme disco que, es cierto, ha envejecido mal, como sus integrantes, pero que ha dejado incunables como  “Want You Back” y “Standing in the Shadows of Love”.

 

  

 

 

 Seremos amigos – 1968Los Gatos. Lito Nebbia, como la Britney del primer disco comentado, tenía poco menos de veinte años cuando grabó el tercer LP de la banda, luego, claro está, de haber fundado el rock nacional un año antes con la edición de “La balsa”. Un disco propio de la niñez del rock nacional, plagado de inocencia y del desencanto que siempre la secunda. Unos teclados de sonido bit insoportables atraviesan todas las grabaciones que cuentan con su correspondiente coro “papa papa papapa”. No está mal, así como los niños comienzan por gatear el rock nacional no nació siendo ni peligroso ni rudo. Gracias que cantaban en castellano. Sin embargo, eso fue el embrión de una historia que todavía está en desarrollo y eso hay que agradecerlo. “No hay tiempo que perder” y “Corriendo en la oscuridad” nos dicen todo lo que hay que saber sobre Nebbia como poeta antes de volverse un rockstar de prosa incomprensible.

 


 

 My World – 2009 Justin Bieber. Será por la edad de quienes lo hemos escuchado con espanto, porque cada vez está más lejos la niñez o cada vez más cerca la muerte, pero el suceso que el canadiense causó en su franja etaria es incomprensible. No es un gran cantante para su edad. Apenas afinado. No es un virtuoso de la guitarra. No hace nada que alguien con cierto tiempo de estudio no logre. Pero lo aman. Su pop edulcorado que promete amor (pero de sexo ni hablar) hace que millones de niñas alrededor del mundo coreen a los gritos “One Less Lonely Girl” y “One Time”, su gran salto a la fama. Quizás parte de su encanto radique en el maestro del hip-hop sensible, Usher, quien produjo parte de su material; no obstante, sigue siendo un misterio carilindo, andrógino, con una voz aniñada que según las reglas del mercado tiene aún mucho para dar…o no.

 



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