En esta entrevista contamos con la mirada de un personaje verdaderamente significativo en la formación de muchos de los que realizamos este periódico. Walter Mignolo, filósofo oriundo de Córdoba, Argentina, es actualmente profesor en la universidad de Duke donde también dirige el Centro de Estudios Globales y de las Humanidades, es investigador asociado de la Universidad Andina Simón Bolívar de Ecuador (UASB) y, fundamentalmente, uno de los fundadores del colectivo de activistas e intelectuales que dio inicio a la reflexión en torno a la importancia del proceso de dominación colonial para el surgimiento del fenómeno histórico que se comprendió como Modernidad.

Integrante del grupo Modernidad-Colonialidad, su vasta obra ofrece, desde el pensamiento crítico latinoamericano, un valioso instrumental para reflexionar el modo en que siguen aún presentes en nuestras sociedades dispositivos de dominación, de sometimiento e invisibilización. Este tipo de reflexión, que podemos encontrar en filósofos del siglo XX ya canonizados como M. Foucault, cobra especial importancia al volverse una reflexión geopolíticamente centrada en nuestro territorio, Latinoamérica; así como también porque, lejos de quedar en una mero gesto critico, ofrece herramientas para pensar espacios en los que se construya la resistencia y la descolonización.

 Sus primeros trabajos se vincularon fundamentalmente a la crítica literaria pero poco a poco fue ampliando su mirada y, desde su misma práctica, impugnando la idea de escisión de disciplinas que propone la híper especialización propia de la modernidad occidental. En su hacer encontramos estudios que entrecruzan la antropología cultural con la historia crítica, estudios de estética con un vasto conocimiento de filosofía, entre otras. Algunas de sus publicaciones más sobresalientes dan cuenta de sus intereses diversos: Teoría del texto e interpretación de textos (1986), El lado oscuro del Renacimiento (1995), Historias locales/diseños globales (1999) y La idea de Latinoamérica (2007), Desobediencia Epistémica.

 En esta oportunidad lo invitamos a conversar sobre uno de los temas que lo han vuelto un referente en el campo de los estudios culturales y poscoloniales y que lo ocupa actualmente en Hong Kong: la relación entre la configuración de las subjetividades dominante-sometida y la representación del espacio. Mas precisamente, cómo la cartografía, en tanto simbolización del espació, influyó en los procesos de dominación material y simbólico-cultural.

ANDÉN: ¿Cuál es la relevancia político-epistémica de analizar la construcción de los mapas, las cartografías? ¿Qué lo ha llevado a realizar dicha investigación?

Walter Mignolo: Primero unas observaciones generales sobre mapas y cartas: el mapa, asociado a la cartografía, su nombre tiene orígenes desconocidos. Una suposición es que se deriva de una palabra Fenicia que significaba “manteles” o a veces “servilletas” que se usaban para hacer trazados en la organización y orientación en el espacio.

A partir de ello podemos decir que las comunidades de organismos vivientes que lograron emplear las extremidades superiores (brazos, manos) e inventaron la extensión de la mano (sea el dedo para hacer trazados en el suelo, o una piedra o un palo) lograron también visualizar su organización y orientación en el espacio.

El filósofo político alemán Carl Schmitt recuperó la palabra griega nomos. Traduce nomos como ley. No en el sentido moderno de “ley” sino al revés: ciertas formas generales de organizar el espacio entre los organismos vivientes (como las hormigas por ejemplo, de lo cual se dice los Mayas tomaron el modelo para la organización social y gobernativa), formas conceptuales de organización y regulación. Pues bien, el mapa o la carte (como la carte en el menú “a la carte”) son superficies planas donde se inscriben signos mediante la extensión de la mano. El mapa y la cartografía designan en superficies planas formas gráficas y visuales de organizar y regular el espacio. El mapa y la cartografía moderna se apropiaron de todas las formas anteriores y co-existentes y la subsumieron en el mapamundi, el modelo para todo el mapeo de territorios particulares.

Ahora a la pregunta. Invierto el orden y respondo primero a la segunda pregunta. Fue de pura casualidad. Hacia finales de 80 estaba haciendo investigaciones en la John Carter Brown Library, de Providence, investigaciones que culminarían en The Darker Side of The Renaissance. Literacy, Territoriality and Colonization (1995). Una de las pistas que perseguía en ese momento era la de los Jesuita en Japón y China. La John Carter Brown tiene una magnífica colección de mapas. La encargada de ese departamento, Susan Dandford -una persona muy informada- me preguntó un día si conocía el mapa de Matteo Ricci, un jesuita italiano que anduvo por Japón y China hacia 1580.

No, no lo conocía y cuando lo vi en una edición italiana de 1940, si mal no recuerdo -quizás 80×50 y el mapa por cierto impreso los 80 centímetros del rectángulo- tuve una especie de mareo. Un mareo visual e intelectual. Tantos años de ver América a la izquierda, Europa en el centro y Japón y China en la derecha, todos esos años recibieron como un golpe en la mandíbula que me dio el mareo. De ahí surgió el capítulo 5 del libro mencionado, The Darker Side… El título de se capítulo es “Geometric and Ethnic Centers” (“Centros geométicos y étnicos”).

La tesis del capítulo es la siguiente: con anterioridad al siglo XVI, todas las culturas y civilizaciones existentes están organizadas en torno a su propia concepción del espacio. China concebía el espacio en cinco rectángulos encastrados entorno al Reino del Centro (de Middle Kingdom); tanto los aztecas como los incas concebían el espacio en un centro (Cuzco o México-Tenochtitlan) cruzados por dos diagonales que formaban cuatro sectores en torno al centro. Tawantinsuyu significa precisamente “el territorio dividido en cuatro sectores” que llamaban suyus. En fin, en Islam arábigo del siglo 12, Al’Idrisi construyó una imagen del mundo conocido en torno al Mediterráneo, y en esa imagen carto-gráfica (una imagen visual en una superficie plana) España está abajo y a la derecha, por qué no, y el sur arriba. Y no porque Al´Idrisi hubiera visto el mapa invertido de las Américas de García, sino porque simplemente así se veía el mundo en esas latitudes. Total que, cada civilización organizaba el territorio en relación a su centro (El Reino del Centro, Cuzco, Tenochtitlan o Meca).

Tawantinsuyu “borrado” por el mapa moderno:

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México-Tenochtitlan, construida por los aztecas en cuatro secciones, organización urbana borrada por la construcción del México moderno-colonial y moderno-republicano:

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La organización territorial en la antigua China se concebía como una serie de rectángulos encastrados. El Reinado Celestial en el centro, y luego los territorios exteriores al centro.

Después de la introducción del mapamundi de Rici, hay una serie de mapas diseñados por los propios chinos. América no figura, pero podemos imaginarnos el centro y las zonas exteriores al centro en lo que para los cristianos occidentales era África, Europa y Asia. No para los chinos, quienes no participaban ni les interesaba ni tenía por qué interesarles esa división tripartita basada sobre los tres hijos de Noé con Jerusalén en el centro:

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Luego llegamos al siglo XVI, la navegación y el diseño de aguas y tierras como la

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veía los europeos. A la división tradicional de los tres hijos de Noé, le agregaron al cuarta parte, América. Quienes navegaron fueron los europeos y también quienes cartografiaron. El centro, en ese momento, era Roma, desde donde el Papa Alejandro VI había divido el planeta en “Indias Orientales” de “Indias Occidentales”. Oriente y occidente no son direcciones absolutas, sino en relación a Roma que, en manos de la cristiandad occidental, desplazó a Jerusalén que era el centro para la cristiandad del Este. Y claro también para los judíos.

En resumen, el mapamundi que conocemos hoy tuvo dos consecuencias importantes: por un lado subsumió todos los centros existentes y los sujetó a Roma; y por el otro creó un centro geométrico que se correspondía con el centro étnico de la cristiandad. Fijó el control del conocimiento en Europa, no sólo cartográfico, sino también epistemológico, religioso, estético. En fin, fijó el centro y el punto de referencia del Oeste, del eurocentrismo y del occidentalismo.

He ahí la importancia fundamental en el control de las ideas y de los sentimientos de la cartografía del siglo XVI. Para responder a su pregunta, intuí en el mapa de Mateo Ricci que algo importante estaba ocurriendo. Ahí comenzó mi investigación cartográfica, no para estudiar la cartografía sino para responder a preguntas que comenzaron a surgir en ese momento. El estudio de la cartografía está supeditado a la analítica de la colonialidad en todas sus esferas.

ANDÉN ¿Qué tenían en común y en qué se diferenciaban los mapas de quienes hoy llamamos “europeos”, “asiáticos”  e “indígenas” antes de la modernidad? ¿Cómo pueden comprenderse las diferencias de criterio en la construcción del espacio entre unos y otros?

W. M.: Hay que invertir la pregunta. La modernidad es un marco ficticio, no una entidad histórica. Una vez creado este marco ficticio se usó como punto de referencia, por quienes lo crearon, para referirse a todo aquello que no escapaba a ese marco ficticio y limitado; digamos, para ser generosos con los inventores de la modernidad, que el 80% del mundo quedaba fuera. Como dije antes, todas las civilizaciones conocidas digamos hasta el siglo XV, tenían sus diagramas territoriales. Esos diagramas informaban sobre tres esferas:

  • La cosmológica. Por ejemplo, el diagrama de Tawantinsuyu fue modelado a partir de La Cruz del Sur, los rectánguos encastrados del Reino del Centro, modelado sobre una imagen del universo conectado con el Reino del Centro. Por eso se concebía también como el Reino Celestrial. Jerusalem era el centro no sólo geográfico, sino un centro terrenal conectado con la esfera celestial;
  • El diseño del territorio. La cartografía renacentista se basa en los descubrimientos y corta la dimensión celestial. Seculariza el diseño del territorio, por así decirlo. Esto ocurre, precisamente, en el momento en que los humanistas del renacimiento comienzan a cortar las alas al hiperdominio del Papa y diferencian entre ley divina, ley natural y ley humana. El mapeo de regiones y luego el mapa de los Estados presupone el mapamundi básico del siglo XVI;
  • El tercer tipo de catografía es la de orientación, de diseñar las rutas de caminos y navegaciones. En la edad media europea estos mapas se conocían como portolanos, es decir, marcan las rutas entre un puerto y otro. Los portolanos eran mapas de orientación.

En suma, el relato de la modernidad se basa en el momento de toma de conciencia europea de que hay un nuevo centro, Roma, y ese centro se postula como el centro del planeta, y el mapamundi se distribuye de esa forma. En el siglo XIX el centro pasa a Greenwich, no muchos kilómetros de Roma, con lo cual el tiempo pasa a ser controlado por los ingleses, que ya controlaban también los mares.

La diferencia más importante es que antes del siglo XVI todas las formas de diseñar e imaginar el territorio eran locales. El mapamundi, que también es local, se impuso (construyó sobre) las territorialidades anteriores. Un poco como la catedral de México montada sobre el Templo Mayor de los Aztecas.

El mapamundi que conocemos hoy es a la vez local y global: dejó todas las otras territorialidades debajo y en el pasado. La idea de “modernidad” surgió para justificar este acto imperial de apropiación que comenzó con el Papa Alejandro XVI cuando se apropió del planeta, lo dividió en Indias Occidentales e Indias Orientales, y donó la mitad de cada una de las dos Indias a españoles y portugueses.

ANDÉN: ¿Cuáles son los cambios en la forma de cartografiar que inaugura la modernidad/colonialidad? ¿Cuáles sus causas y consecuencias?

W. M.: Es precisamente la apropiación de todas las territoriales existentes hasta ese momento, su borradura en el mapa occidental (claro que no para los no Europeos que continuaron empleando dos imágenes del territorio: la tradicional de ellos, y la tradicional europea montada sobre los mapas griegos de Estrabón y Ptolomeo). La modernidad europea se construyó sobre la tradición europea y borró las otras tradiciones. Ahí surge la modernidad junto con la colonialidad: la novedad del mapa europeo que borró de las mentes europeas las otras territorialidades, pero no las borró de las mentes de los chinos, árabes-islámicos, aymaras y quechuas, africanos del reinado de Bening, etc. Por eso hoy vemos, en todo el planeta, el resurgir de todo aquello que la modernidad europea designó como tradición. El mundo está resurgiendo en su diversidad, relegando a la civilización occidental a su lugar bien merecido pero local, no ya universal.

Los cambios que inaugura la modernidad es la de colonizar el espacio. Ello ocurrió a partir del renacimiento, junto a la colonización del tiempo. La modernidad/colonialidad es ese monstruo que surge del Atlántico en el siglo XVI, que se monta sobre el planeta, se autodenomina “modernidad” y oculta los crímenes de la colonialidad. La modernidad es un relato ficcional que oculta sus propios crímenes, la colonialidad. Esto debe entenderse no como una negación de las contribuciones que la civilización occidental ha hecho a la historia de la especie humana, sino una crítica de sus ambiciones totalitarias. El mapamundi es uno de los signos más contundentes de la apropiación totalitaria del espacio.

 ANDÉN: ¿Cómo fue el proceso de mapeo de América por parte de los colonizadores? ¿Qué cambios cabe resaltar con el correr del tiempo, hasta nuestros días? ¿Que rasgos coloniales pueden encontrarse en los mapas actuales?

W. M.: A esto dedico todo un capítulo en The Darker Side of the Renaissance: Literacy, Territoriality and Colonization (1995). Lo titulo “Putting the Américas on the Map”. He publicado también varios artículos sobre el asunto durante la década de 1990, pero están todos en inglés. En esos capítulos muestro cómo el mapeo de las Américas va absorbiendo los diseños territoriales en el Incanato, en los Andes, y en el Tlatoanato, en Anahuac. Digo incanato y tlatoanato porque no eran imperios, de la misma manera que el romano no era tlatoanato ni incanato. El rol superior en la gobernabilidad romana era el emperador, en los otomanos el sultán, en Tawantinsuyu el inca y en Anahúac el tlatoani.

En los mapas de las relaciones geográficas de Indias, que están trazados conforme a la territorialidad Azteca, se comprenden bien cómo el mapa Europeo comienza a absorberlos. Desde entonces a la fecha, ya no hay diferencia. El mapa europeo se impuso y los cambios son cambios en la misma familia. Es tarea de la intelectualidad indígena en todas las Américas descolonizar las concepciones europeas del espacio. Y lo están haciendo, desde los Mapuches a la Primeras Naciones en Canadá, a los americanos nativos en Estados Unidos, Aymaras, Quechuas, Quichuas, Zapotecos, Maya-Quichés, etc. De modo que los mapas actuales llevan la impronta de la modernidad y el silencio de la colonialidad. En el postfacio de La idea de América Latina (2006) respondo indirectamente a esta pregunta, trayendo a colación a Guamán Poma de Ayala, uno de los tratados políticos descoloniales fundamentales. La descolonialidad del espacio ya está sugerida en su Mapamundi y Pontificial Mundo.

ANDÉN: Una cosa son los rasgos coloniales que pueden aparecer en los mapas y otra la utilidad como herramienta de colonización. En este sentido, ¿cómo se articula la cartografía en tanto (re)significación del espacio con los procesos de dominación? ¿Cómo se vincula la representación del espacio con las configuraciones subjetivas?

W. M.: Todo lo que dije hasta aquí responde a la pregunta. Pero podemos agregar otros elementos. A la “herramienta como instrumento de colonización” dedico los capítulos 5 y 6 en The Darker Side of the Renaissance, que ya mencioné. La cartografía europea moderna, desde el renacimiento hasta aquí, es un instrumento de la colonización y control del espacio, paralelo al Estado moderno (después de la revolución francesa), que se convierte en un instrumento de la colonización y control de la gobernabilidad. De la misma manera que la teología, y luego la ciencia, se tornan instrumentos de control y colonización del conocimiento, y funcionan de manera complementaria con el Estado y la cartografía. De la misma manera que la economía de acumulación y reducción de costos, de la esclavización y de la construcción del proletariado luego de la esclavitud, es un instrumento de colonización y control de todas las formas de economía. Y todos estos instrumentos funcionan en colaboración. También con el conocimiento que genera la normatividad sexual y la superioridad racial. Por eso es que el trabajo de descolonización del conocimiento y de la subjetividad, o del ser, es una tarea epistemológica, política y ética que (a) muestra estas complicidades y cómo funcionan en el control de los territorios y las poblaciones, de los mares y del espacio; y (b) propone formas de organización social y económica, de relaciones sexuales y de género, de diversidad epistémica, y horizontes de vida no guiados por los controles de todas las esferas de la vida. A esa máquina de control de todas las esferas de la vida es a lo que denominamos matriz colonial de poder. La cartografía es un aspecto de ese enorme y complejo entramado.

ANDÉN: ¿Es posible descolonizar los mapas actuales? ¿Hay, en nuestros días, pasos en dicha dirección? ¿Qué implicaría, en miras de la construcción de subjetividades otras, la profundización de dicho proceso?

W. M.: Esta pregunta es equivalente a preguntar: ¿es posible descolonizar Argentina o Colombia? La respuesta es no, puesto que la cartografía actual, como Argentina y Colombia y tantas otras cosas son parte del imaginario de la matriz colonial de poder, y lo que hay que descolonizar es precisamente la matriz. Veamos…

Los mapas actuales están ya insertos en una concepción y composición del espacio que comenzó a gestarse en el siglo XVI. El mapamundi, y todos sus derivados, los mapas de regiones, de Estados, etc., surgieron juntos y marcharon paralelos al derecho internacional (comenzado por la escuela de Salamanca, y continuando con Grotious en Holanda a principios del siglo XVII, en fin, sigue hasta la Conferencia de Berlín de 1884 donde los Estados europeos del oeste se reparten África). Por lo tanto, el mapa es un mero instrumento de una concepción del espacio que está ligado al derecho internacional, a la propiedad privada y hoy a la propiedad de los Estados. La descolonización de la matriz implica ir mostrando la ficcionalidad del mundo que construyó, cómo se construyó esa ficción, cómo logró hacer que se creyera que la ficción era “realidad” etc.

La idea de Borges del mapa del emperador, que es igualita al territorio que mapea, es una instancia descolonizadora. ¿Por qué? Ideas como éstas de Borges que se le ocurrieron de su experiencia en Argentina y en Buenos Aires no se le ocurrieron a Foucault, en París y en Francia. Hay una vivencia de la historia colonial en Borges que él no tematizó, pero si pudo ver las trampas de la epistemología moderna, que desmontó en varios de sus relatos (“Tlön”, por ejemplo).

Pero vayamos más atrás, el punto de partida de la descolonización del espacio, que involucra toda una cosmología, está ya puesta en escena en el Pontifical Mundo de Guaman Poma de Ayala, hacia 1600. Esto lo pueden ver en el postfacio de La idea de América Latina. ¿Qué es lo que hace ahí Gumán Poma?

En primer lugar, construye un título ajeno al Incanato. Pontificial Mundo no era una expresión andina sino hispánico-cristiana. Luego diseña el Tawantinsuyu, un centro con cuatro direcciones, dos veces. Arriba pone las “Indias” (arriba en este caso es en donde sale el sol, el lugar marcado). Abajo pone “Castilla”. Esto es pura epistemología fronteriza en la construcción del espacio. A ningún hispano se le hubiera ocurrido diseñar la presencia de Tawantinsuyu. El mapa hispánico borró, tapó, hizo desaparecer Tawantinsuyu pero no para un andino. El andino no podía sino tener conciencia de que estaba entre dos mundos, su conciencia es doble, pero sabe también de las relaciones de poder. Ahí tienen en germen la epistemología fronteriza en la descolonización del espacio y, por lo tanto, del mapa.

Pero, repito, no se trata de descolonizar el mapa actual, sino la larga noche que llega hasta el presente de la matriz colonial de poder, desde la cual se controla el espacio y se construye el mapa legitimado por el la ley que nos hace creer en la correspondencia uno a uno entre el mapa y el territorio.

La pregunta es “si se puede”. Claro que se puede, pero el asunto es que para hacerlo son necesarias tres cosas: a) una visión descolonizadora que orienta nuestros sentires, pensares y formas de ser; b) que sea incorporada en la gobernabilidad y por lo tanto en la educación; c) que sea promovida educativamente por los medios, fundamentalmente la televisión, y los programas incluidos en la tecnología de comunicación (blackberry, ipods, etc), de modo que los jóvenes que son los que más emplean estos artefactos en vez de ser constantemente distraídos para que no piensen sino que se entretengan con el cúmulo de información, piensen y piensen en términos comunales; y d) una organización económica que administre la escasez en vez de una economía destinada a enriquecer a quienes dedican todo su tiempo a enriquecerse.

Bien, estos son algunos de los pasos que hacen posible la descolonialidad. No obstante, sabemos que ni el gobierno, ni los medios, ni los programas de sofware ni quien controlan el capital, les interesa la justicia y la posibilidad de todos de vivir en condiciones de creatividad (es decir, en condiciones donde la preocupación no sea qué voy a comer mañana, y qué voy a hacer con mi salud, y cómo puedo mandar mis hijas a la escuela). Todo esto es posible y fácil de hacer, pero es improbable en este momento en que la mayoría de los habitantes del planeta que tiene accesso a la información está anestesiado por ella (“anestesia” viene de la palabra griega “aiesthesis”, que refiere al sentir, a los afectos. “Anestesiar” es suprimir el sentir y los afectos, y al hacerlo se suprime el pensamiento, porque no se piensa a partir de la mente sino del “corazón”. “Corazonar”, paralelo a “razonar”, es una expresión que introdujo y explota el ecuatoriano Patricio Guerrero,

Mientras tanto, lo importante es la visión descolonial de futuro que ya está establecida en la sociedad política global. No son ni los Estados ni los mercados quienes promueven la descolonialidad, sino la sociedad política global, un actor social emergente que piensa, se organiza y actúa porque sabe-sabemos que ni al Estado ni al mercado les interesa la organización social comunal. Están todavía muy cegados por las ideas de dominar los Estados desarrollados; por crecer, los Estados emergentes; y por llegar a ser, los Estados subdesarrollados. Las corporaciones contribuyen a este estado de cosas y también la prensa y la educación

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