A 30 años de la finalización de la contienda entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur, la mandataria argentina concurrió al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, mientras que al archipiélago arribó el gobierno británico para celebrar el “Día de la Liberación” y un poderoso submarino nuclear que profundizará la militarización en la zona de las potencias extrarregionales.

Fiel a una tradición colonialista que no debería sorprender a nadie, el Reino Unido decidió embarcarse -desde que el MERCOSUR decidiera en diciembre impedir el arribo de barcos con bandera ilegal de las Islas Malvinas a los puertos de sus Estados Miembros- en una embestida contra el gobierno argentino y contra todos aquellos países latinoamericanos que adoptaron la causa de Malvinas como propia. Esta implicó tratar de deslegitimar el reclamo argentino de soberanía sobre el archipiélago, el cual se sustenta en numerosas resoluciones de la Organización de Naciones Unidas, específicamente la 2065 pronunciada durante el gobierno de Arturo Illia. Desde diciembre a esta parte, los latinoamericanos hemos asistido a una sucesión de agravios, torpezas y exabruptos que no encuentran respuesta en los discursos argentinos, sino más bien señales de paz y cordialidad. Más aún, fiel a una tradición de apego a las normas e instituciones internacionales que caracteriza a nuestro país – y a las democracias de América del Sur en general- el gobierno argentino contestó con altura los infundados reclamos de un gobierno que, en vez de proteger a su población de una crisis económica sin precedentes, prefiere mantener colonias de ultramar a más de 12 mil kilómetros de distancia ignorando los pedidos de la comunidad internacional e intensificando la, ya existente, militarización en el Atlántico Sur.

Este es un interesante punto a analizar. La militarización aquí esbozada no es nueva. No podemos caer en el discurso obvio que se refiere a una militarización repentina e improvisada en el Atlántico Sur, que data de muchas décadas pero se fortaleció intensamente a mediados de los años 50 tras la realización del XX Congreso del Partido Comunista en el cual la entonces Unión Soviética decidió otorgarle una importancia estratégica al Tercer Mundo y a las campañas llevadas a cabo en África y América Latina. La potencia comunista accedió, de esta forma, a bases aeronavales que inquietaron a los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) quien, con Estados Unidos a la cabeza, fortaleció, a partir de la década del 80, la presencia de Reino Unido en el área sudatlántica. Esto se constata en el Plan para los Océanos Libres, documento aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional, en el cual el gigante norteamericano afirmaba la importancia que revestía contar con el apoyo del Reino Unido para tener, eventualmente, posesiones que facilitaran la ejecución de sus planes. De esta forma, Estados Unidos alentaba al Reino Unido a que mantuviera bajo su soberanía las Islas “Falklands”, Sándwich y Georgias del Sur.         

La alianza estratégica existente entre Estados Unidos y el Reino Unido tampoco debiera sorprendernos. Y pese a que el gigante del norte se pronunció a favor del diálogo entre los países en conflicto, no podemos olvidar la amistad que ha prevalecido históricamente entre las dos potencias. En este orden de ideas, la militarización del Atlántico Sur también vino dada a partir de la elaboración de planes de contingencia del Comando Sur Norteamericano con la reactivación, luego de 58 años, de la IV Flota en el 2008 y su intento por reformar y utilizar siete bases militares en la República de Colombia, una de las cuales (Palanquero) permitía la operación de aviones modernos que podrían transportar desde helicópteros hasta batallones completos, así como llegar hasta el recientemente creado Comando Africano sin la necesidad de frenar para cargar combustible.             

La situación que aquí se presenta además de ser compleja, tiene a varios responsables. A diferencia de otros años, la mismísima presidenta Cristina Fernández se presentó el pasado 14 de Junio ante el Comité de Descolonización para exigir que el Reino Unido se siente a negociar con nuestro país. A contramano de la postura pacífica y diplomática de Argentina, y en el mismo momento en que se cumplían treinta años de la finalización de la guerra, arribó al archipiélago el Ministro de Asuntos Exteriores británico para celebrar el “Día de la Liberación” junto a una población implantada y un poderoso destructor submarino nuclear que, además de intensificar la presencia militar de potencias extrarregionales en el Atlántico Sur, valida cada vez más la posición argentina


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