Existe un lugar en Malvinas donde los argentinos que lucharon por la recuperación de ese pedazo de terruño argentino, fueron enterrados. En una de las escasas oportunidades que el gobierno inglés permitió el ingreso de los familiares, padres, hermanos e hijos en conjunto, una madre buscó y buscó incansablemente la tumba de su hijo. No lo encontró, no está… “¿y ahora qué hago? –se preguntó- me vine hasta acá, tanto viaje, tantos escollos, ¿y ahora qué?”, a lo que otro familiar le replicó “podés rezarle a cualquiera, podés dejarle las flores donde te parezca… todos son tu hijo”.

Porque así lo entendemos, lo comentamos; en este nuevo número de ANDÉN, Malvinas se hace carne común, se mezcla con colores de bandera argentina con un toque de sol granate, teñido con ríos de llanto, de bronca, de sangre, de la turba que se mandó a recuperar, pensando que tal vez se salvaba una etapa de la historia argentina que, desde el vamos, estaba perdida.

 

¿Quien no sueña con ver la Argentina extendida hasta allá ahora que más de 700 soldados se quedaron en el océano y la tierra malvinense? Es una reacción lógica y natural que tal vez pueda comenzar a concretarse en obras pacíficas… de intercambio, de tolerancia y proposición.

Un niño podrá curarse en Argentina o en Malvinas cuando un profesional así lo indique y no siendo tan solo una frontera que lo defina. La forma de hablar y las costumbres bien podrían estar escritas, leídas o cantadas, en el idioma del entendimiento, del respeto y la convivencia.

Tal vez el reclamo de un pedazo del usurpado territorio podría ser más escuchado en los foros internacionales sin un dejo de hipocresía, realmente queriendo solucionar y proponiendo, antes de cualquier circo mediático, que nos entrega un gran cantidad de centimil en periódicos con fotos descollantes y nada mas que eso.

Hace un tiempo un grupo de intelectuales propuso como estrategia que propugnaba, antes que el conflicto y el aislamiento, la integración de las islas. En este sentido puede pensarse en un intercambio educativo, un hacer las paces –aunque sea en la educación que a sabiendas es casi lo menos significativo para algún que otro sector de la sociedad- pero que podría generar otros proyectos que no incluyan fronteras, casi como un isleño esperando una botella con mensajes de paz, una paloma que llegue volando, o – en estos tiempos modernos- un mail de alguna escuela de frontera. Una permuta comercial, que incluyera productos regionales de ambos lados, permitiendo un canje extenso y productivo podría acelerar tiempos pacíficos. La paleta es múltiple, la acción está por verse o por intentarse desde cada rincón de acá o de allá, con voluntad popular sin escándalos o lucha innecesaria.

Ahora bien, al proponer una acción concreta por un territorio en disputa, uno debe preguntarse las razones que cuenta y observar la pasión con la que estas razones son argüidas. Si bien en un principio estos puntos parecen ser uno y el mismo, resulta también evidente que si nos atenemos a las razones la discusión es una –plataforma continental, espacio marítimo, derecho de las tierras que pertenecían al virreinato al lograrse la independencia- y si nos guiamos por la pasión el punto es otro–ingleses piratas, imperialistas, explotadores-. Y entonces surgen preguntas del siguiente tipo: ¿puede distinguirse entre pasión y razón en un planteo territorial que los argentinos llevamos a flor de piel?, ¿podemos ser objetivos en un caso como este? E incluso en un nivel más profundo, más sincero: ¿para qué queremos las islas?, ¿porque queremos reivindicar a los 700 pibes que quedaron allí?, ¿porque los argentinos tenemos una herida abierta?, ¿tan solo porque corresponde, porque es nuestro legítimo derecho?, ¿acaso por los “recursos naturales”?, ¿acaso porque sentimos que nos falta lugar, porque la Patagonia nos queda chica? En este sentido, ¿qué es lo que nos molesta más: no tener las islas o que las tengan los ingleses?

Intentar hilvanar un consenso en torno a estos cuestionamientos es una tarea imposible en nuestro país, si es que se quiere que el reclamo siga manteniendo la unanimidad que alcanza a la totalidad del arco político (pocos son efectivamente quienes tienen desinterés por el tema). Es por ello que en este ANDÉN nos aventuramos a indagar qué hay detrás del reclamo de soberanía, cuál es su historia, por qué nos afecta tanto y cuáles son las vías que poseemos como pueblo para liberarnos del yugo imperial que aún, hoy en día, continúa ejerciendo su opresión en nuestras tierras


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