La Mnemosine de la historia no dispensa su gloria a los ingratos”, esta es la famosa sentencia con la cual Hegel pretendía borrar buena parte del mundo geográfico y de la historia mundial cuando configuró su “Historia Universal”, en las Lecciones sobre filosofía de la Historia Universal. Pero Hegel se equivocó, y la historia conservó y transmitió no sólo todo aquello que Hegel quería borrar, la historia de América, Asia y África, sino también una variada lista de geniales como irrisorias e ingratas sentencias que han sido repetidas y re significadas hasta los días de hoy, constituyendo de manera esencial los distintos sentidos e imaginarios históricos de nuestra sociedad.

 

En un recorte más bien azaroso y sin “intrigas” ideológicas en su elección, uno podría mencionar algunas trascendentales como la famosa “Con la democracia no sólo se vota: con la democracia, se come, se cura y se educa”, del entonces presidente Raúl Alfonsín en 1983, con la vuelta de la Democracia. O tal vez de la vereda de enfrente podríamos citar estas dos del General Perón, “Mi único heredero es el pueblo” y “Para conducir un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo”. Y llegando a la actualidad esta otra del genio discursivo e hilarante del presidente de Venezuela: “Chávez, ya no soy yo, Chávez es el pueblo”.

A simple viste, las frases elegidas comparten algunos elementos comunes, a saber, su procedencia del ámbito político, su encarnación en líderes conocidos por su singularidad, cierta repetición de los conceptos de democracia y pueblo; y si uno quisiera hilar más fino, una coyuntura política y social, en las que fueron enunciadas que les dio en su momento una gran relevancia.

No obstante, a pesar de estos elementos y de ser harto conocidas y repetidas, rara vez (si es que nunca), nos hemos preguntado, por ejemplo, ¿qué significaba pueblo cuando Perón decía “Mi único heredero es el pueblo”? O ¿Qué significaba democracia cuando Alfonsín decía “Con la democracia no solo se vota…”?

No me refiero a estudios sobre el concepto de “pueblo” o de “democracia”, que abundan en todas las disciplinas. Ni a una caracterización histórica de lo que se entendía por “Pueblo” en el momento en que se lo dijo, por ejemplo: pueblo igual a: el proletariado nacional (industrial) junto a las “clases bajas” que presenciaban los discursos de Perón en el ´45.

Mi tesis, que demostraré a partir de las de Rancière, es que esas frases son IMPOSIBLES. Ininteligibles, impronunciables e insensatas (que no tienen sentido) si prestamos atención a lo que nos propone Rancière respecto de qué es el pueblo y qué la democracia.

Con el perdón de Perón, Alfonsín y Chávez, avanzamos.  

Tesis 4.

La democracia no es un régimen político. Ella es, en tanto ruptura de la lógica del arkhé, es decir, de la anticipación del mando en su disposición, el régimen mismo de la política como forma de relación que define un sujeto específico.

 Tesis 5.

El pueblo, que es el sujeto de la democracia, el sujeto matricial de la política, no es la colección de miembros de la comunidad o la clase laboriosa de la población. Es la parte suplementaria en relación con toda cuenta de las partes de la población, que permite identificar en el todo de la comunidad la cuenta de los no contados.

 A esta altura, y como hemos sostenido a lo largo de las notas, para repensar la política, Rancière nos propone una vuelta a ciertos orígenes de la política, tanto como de la Democracia, pero no en busca de antiguas o más precisas definiciones. No se trata de re-definir los términos a pesar de que ambas tesis, la 4 y la 5, comiencen con una estructura del tipo “La democracia es…”, “El pueblo es…”.

El punto podría ser, en cambio, intentar construir una red de relaciones, en la cual cada uno de los términos se entiende, y es posible, por el otro. Esta es nuestra gran afirmación, nuestra clave hermenéutica para releer las anteriores, presentes y futuras tesis: cada uno de los términos es entendido, y es posible, por los otros y viceversa.[1]

 Avancemos de una vez con las tesis. Esta es la idea-piña que arroja Rancière en la cuarta tesis: “La democracia no es aquí de ningún modo un régimen político, en el sentido de una constitución particular entre las diferentes maneras de unir a los hombres bajo una autoridad común. La democracia es la institución misma de la política, la institución de su sujeto y de su forma de relación”.

¿En qué consiste esta institución misma de la política, de un sujeto y de su forma de relación, que es la democracia?

Dijimos anteriormente que la lógica del arkhé es la que distribuye qué título le corresponde a cada uno, y en base a ese título quién obedece o manda; y que el título particular del Demos es la Libertad. Desde esa base agrega Rancière en esta cuarta tesis: “Lo que hace posible la metexis propia de la política es la ruptura de todas las lógicas de la distribución de partes en el ejercicio del arkhé. La «libertad» del pueblo, que constituye el axioma de la democracia, tiene por contenido real la ruptura de la axiomática de la dominación, es decir, de la correlación entre una capacidad de mandar y una capacidad de ser mandado. El ciudadano que tiene parte «en el hecho de mandar y en el de ser mandado» no es pensable más que a partir del demos como figura de ruptura de la correspondencia entre las capacidades correlativas”. Es decir, si la política es la ruptura de todas las lógicas de distribución, para que ella sea posible, los ciudadanos deben ser pensables en el “tener-parte”, en el “mandar-obedecer”, y eso sólo es posible en el Demos cuyo título es la Libertad y por tanto, es la “ruptura de la axiomática de la dominación”.  

En este sentido de democracia, el demos, léase, el pueblo, no designa ni a “los pobres” ni a la mayoría. Designa, como sostiene Rancière, “simplemente las gentes que no cuentan, aquellos que no tienen título para ejercer el poder del arkhé, ningún título para ser considerados (…) Es del demos aquel que habla cuando no puede hablar, aquel que toma parte en aquello en lo que no tiene parte”.

 Entonces, como continua Rancière en la quinta tesis, “el pueblo (demos) existe sólo como ruptura de la lógica del arkhé, ruptura de la lógica del comienzo/mando (…) El pueblo es el suplemento que separa la población de sí misma, suspendiendo la lógica de la dominación legítima. (…) Es un suplemento abstraído en relación a toda cuenta efectiva de las partes de la población, de sus títulos al tomar parte en la comunidad y de las partes de lo común que les corresponden en función de esos títulos. El «pueblo» es la existencia suplementaria que incluye la cuenta de los no contados o la parte de los sin parte”.

Decir que el pueblo es un suplemento, es equivalente a decir que el pueblo es indefinible, que es un conjunto en constante reactualización, imposible de cerrar. En el momento en que uno dice “este es el pueblo”, está cerrando la cuenta de la comunidad, dejando una parte sin contar y por tanto, instaurando una nueva lógica del arkhé. De allí la imposibilidad de las frases citadas. Ni el pueblo es un sujeto particular, ni la democracia un régimen político particular. La democracia es el régimen mismo de la política que permite que sea posible la cuenta de “los sin títulos para mandar”, del demos, de aquellos que al tener únicamente la Libertad, pueden romper la lógica de la dominación.
Rancière en ningún momento ha dejado de poner el acento, en la relación y en el sujeto que le interesa pensar, el de “la parte de los sin parte”. Y lo aclara explícitamente en esta misma tesis: “no debemos tomar estas expresiones en un sentido populista sino en un sentido estructural. [El pueblo] no es el populacho laborioso y sufriente que viene a ocupar el terreno de la acción política e identificar su nombre con el de la comunidad. Eso que es identificado por la democracia con el todo de la comunidad es una parte vacía, suplementaria, que separa la comunidad de la suma de las partes del cuerpo social. Identificar este vacío con lo abarrotado del populacho, las masas, etc., es la jugada constante de la crítica descalificadora de la democracia”.

Tanto la definición de pueblo, como la de democracia que encontramos en las citas mencionadas, como las provistas desde perspectivas populistas, funcionan en la lógica de esta “crítica descalificadora de la democracia”. Por eso, ambas tesis concluyen con una afirmación respecto de cómo no comprender el pueblo y la democracia.

No obstante, estas “definiciones por la negativa” deben ser comprendidas en el conjunto de las Once Tesis, específicamente en el pasaje de la quinta a la sexta. Ya que hasta aquí Rancière ha intentado proponer una comprensión radicalmente opuesta a términos claves y cotidianos de la teoría política como son los de pueblo, democracia y el de la política misma, para luego, recién en la próxima tesis empezar a delinear hacia dónde se dirige su pensamiento.

Si nuestro recorrido ha sido comprensible hasta aquí, entonces podremos entrar de lleno a la próxima tesis donde se afirma, ni más ni menos, que “la esencia de la política es”…lo que veremos en la próxima nota 

[1] Yo soy el Pueblo, la chusma – Carl Sandburg

Yo soy el Pueblo, la chusma, la multitud, la masa
¿Sabéis que todas las grandes obras que existen en el mundo las he hecho yo? Soy el obrero, el inventor, el que fabrica los alimentos y los vestidos del mundo. Soy el público de la Historia. Los Napoleones y los Lincolns han salido de mí. Ellos mueren. Y entonces yo mando a buscar más Napoleones y Lincolns. Soy la semilla de la tierra. Soy una pradera que soportará muchas labranzas. Terribles tempestades pasan sobre mí. Yo olvido. Todo menos la Muerte se acerca a mí, me hace trabajar y renuncia a lo que tengo. Y yo olvido. A veces gruño, sacudo mi cuerpo y esparzo algunas gotas rojas para que la Historia recuerde. Luego me olvido. Cuando yo, el Pueblo, aprenda a recordar; cuando yo, el Pueblo, aproveche las lecciones de ayer y no me olvide de quien me robó el año pasado o me tomó por tonto… no habrá entonces en el mundo ningún orador que diga: “El Pueblo” con un acento de burla en la voz o sonriendo despreciativamente. La Chusma, la multitud, la masa… entonces llegará.

Versión de Agustí Bartra

[1] Sería imposible en estas líneas justificar una determinada interpretación de las Once Tesis de Rancière; pero para los espíritus críticos que deseen adentrarse en ellas, esta clave hermenéutica responde a la idea desarrollada en El desacuerdo, donde se intenta pensar, tanto a la política como a la democracia, como formas de vida.


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