Hoy leí el diario por internet, al igual que muchos internautas, es un hábito que parece haber ganado terreno hace un par de años, decidí no comprar más la versión impresa por una cuestión práctica, y por supuesto abaratar los costos, así me puedo informar de una misma noticia con diarios ideológicamente diferentes, o leer infinidad de noticias en un mismo diario. Eso depende del día. Por la tarde estudié un poco sobre la historia de la literatura de Ciencia Ficción, en relación a la temática de Internet.

 Era el tema propuesto para esta edición del Andén, y como el cronograma apremia a los malos escritores o escritores distraídos, ya que dejamos para último momento la realización de los trabajos, indagué nuevamente en la red (a pesar de que tengo varios apuntes sobre el tema, viejas fotocopias perdidas en alguno de los tantos cajones del escritorio). Por otra parte pensaba que los conceptos de dicho tópico me servirían para un proyecto del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica de Hurlingham, una propuesta para un cargo de literatura fantástica en un terciario. Y aunque algunos suelen criticar el medio, los conceptos de base, con la vaguedad que ello significa, los tomé de un diccionario de red; Wikipedia.

Luego de googlear “Internet y Ciencia Ficción” me aparecieron páginas diversas, la mayoría de ellas eran literarias, o blogs de profesores de literatura, o como es muy frecuente encontrar a los navegantes virtuales; las publicidades o supuestos beneficios por tener la suerte de ser el ingresante número mil, y aunque me apremie la urgencia, y a veces suenen tentadores los premios, ya no caigo en esas trampas. En el recorrido, también aparecieron los nombres de grandes maestros del relato como Fredick Brown, Isac Asimov y Ray Bradbury.

Como era de esperar, nuevamente me cercioré (de chico leía a Julio Verne) de que la ciencia ficción está un paso adelante de la realidad y las ideas de una red virtual, computadores lógicos, grandes máquinas con inteligencia artificial, vienen sucediéndose hace más de medio siglo en la imaginación de muchos escritores. Tanto las utopías imaginarias que derivan en distópicas sociedades, cómo en el avance de la bio-tecnología, la robótica, los viajes espaciales, el contacto con civilizaciones extraterrestres, etc. son tópicos que se desplazan en las obras del género recurrentemente, ampliando los vericuetos de las posibles realidades acaso solo para advertirnos de evidentes aspectos de la actualidad que desconocemos e ignoramos (todavía), tal vez por la vorágine del desarrollo de la tecnología y de los avances descomunales de la ciencia que no logramos comprender en su totalidad.

En 1954 Federick Brown publicaba su relato “La respuesta”, un pequeño relato que es más actual que nunca, y que por su brevedad, anexamos aquí abajo en su fragmento final.

También encontramos en el relato “La última pregunta” de Isac Asimov una historia realizada dos años después, en donde escribe una historia más o menos parecida, pero con diferente estilo. Ambas historias están entrelazadas y juegan con la misma idea; la búsqueda de la respuesta por parte de las computadoras a los interrogantes más frecuentes de los seres humanos, preguntas milenarias que han formulado los hombres durante su historia en este planeta.

Pero no quise detenerme en cuestionamientos existenciales. No, teniendo a mano, excelentes sedantes de la mente, maravillosos artificios de la evasión, distraidores del pensamiento. Preferí jugar al Age Empires en red con unos amigos (que a poco se fueron trasformando en enemigos) y al CityVille, lo hice con la idea de perder un poco más el tiempo, hasta las últimas horas de la tarde. Lo interesante de este juego es que necesitás de la energía de los otros para seguir ampliando tu ciudad, lo duro fue la pelea con mi novia por no responder a sus demandas en su alcaldía, y por quedarse a hasta las cinco de la mañana cosechando papas, a pesar del hambre familiar. En otro orden de cosas, me pelee con un amigo en el Facebook, por discrepancias políticas en el muro, aunque él tuvo muchos más “me gusta” que yo. Ah! y rato de por medio me reconcilié con mi novia, con la pegatina de una frase estúpida sobre el amor, pero bastante eficaz.

A propósito trascribo el final del relato de Fredick Brown:

Dwar Ev giró el conmutador. Se oyó un potente ronroneo, el de las ondas que salían hacia 96 billones de planetas. Se prendieron y apagaron las luces en los dos kilómetros que componían el tablero de control.

Dwar Ev dio un paso hacia atrás, respirando profundamente. Es a usted que corresponde hacer la primera pregunta, Dwar Reyn.

—Gracias —dijo Dwar Reyn—, haré una pregunta que nunca pudo ser contestada por las máquinas cibernéticas sencillas. Se volvió hacia la máquina: ¿Existe un Dios? La voz poderosa contestó Crin titubeos, sin el menor temblor.

—Sí, ahora existe un Dios.  

La versión de Isac Asimov la dejó para los lectores curiosos. Es fácil, sólo hay que teclear “La última pregunta” y aparecerán una serie ininterrumpida de páginas.  

 Por lo demás, para concluir el artículo, esta especie de diario íntimo escrito para Andén Digital, me resta asumir frente al lector virtual la dependencia que me genera la red. Es cierto, y muy a nuestro pesar, internet se ha convertido en un Dios.  

Debo confesar algo, además; Este dios es muy parecido a los otros. Parece ser omnisciente y omnipresente (siempre y en cuanto haya Wi Fi). Me causa cierta dependencia, una leve tendencia a la depresión, miedo, incapacidad para interactuar con los demás en las calles, un poquito de pánico y agitación. Como todos los dioses, lo único que me pide es parte de mi tiempo, y de dinero. Pero no todo es malo, lo bueno es que lo podés apagar cuando quieras, por lo menos a su parte visible (todavía responde a un simple botón de la CPU) y no hay que esperar hasta morir, la cuenta llega a casa en una boleta los primeros días de cada mes


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