Las utopías son irrealizables por definición. Utopía es un término que nació pesimista y que camina con la historia cargando quimeras que, en apariencia, se esfumaron con sus soñadores. En la actualidad son millones los que, esquivando la contradicción, afirman que la utopía es realizable, para los que así lo creen y trabajan para ello.

Los objetivos o las metas personales alcanzados por otros no entran en la categoría de utopías, aun cuando el logro implique un continuo y arduo sacrificio.

La utopía es una idea excelsa, extraordinaria, un estado jamás realizado. Héroes, santos y artistas han alcanzado sus utopías personales para asombro de las mayorías y, aunque algunas fueron realizadas por otros mortales con posterioridad, ese instante glorioso existió. Sin embargo, la nota aislada, aunque bella, posee una belleza austera y monótona.

La verdadera utopía es la que subyace en cada utopía individual, es la utopía por antonomasia, la colectiva, la que está en continuo proceso de realización y de la que sólo podemos visualizar cumplimientos parciales.

La verdadera utopía no es producto del avance tecnológico, aunque puede servirse de él; recorre sin apuro los tiempos históricos, porque es inmortal. Sus atributos son siempre positivos, aceptados y perdurables.

Es un estado de perfección anhelado para todo el colectivo humano en el que la libertad y  la creatividad de cada individuo no colisionan, sino que completan el resto de la comunidad.

Es impulso interno, pero también idea que circula hasta que, sin razón aparente, un emergente, un líder, la transforma en pensamiento que se expresa iniciando un ciclo de adhesiones. A partir de este momento, se trabaja para ella, para su realización, y resulta un momento decisivo porque siempre existe algún poder que lo impide y que provoca, en los utopistas, humana decepción frente al “no se puede”.

Superada esta etapa, la tarea consiste en identificar las relaciones de poder y los conflictos entre grupos dominantes, así como los valores e ideologías que defienden, en relación con la coyuntura histórica, con el fin de crear estrategias que provoquen cambios en estructuras, las que, sabemos, son pesadas y resistentes a estos cambios.

Los utopistas mutan utopía en “derecho”, construyendo el propio poder con porciones del poder arrebatado en la lucha.

Los utopistas no desconocen que trabajan para realizar utopías parciales y que, acaso, la gran utopía se realice al final de los tiempos; aun así siguen sosteniendo que nada es imposible, para el que tiene la certeza de que “sí se puede” y trabaja para ello

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