Carne, huesos, sangre y rellenos varios forman nuestro vehículo y el de cualquier animal. Cuerpo que nace, crece y muere, reclamando alimento, abrigo y movimiento. Hay cuerpos que sufren o gozan, cuerpos estilizados o expandidos, cuerpos estigmatizados, cuerpos que callan o que hablan, cuerpos gloriosos o en decadencia, cuerpos que se adaptan o que pasan factura, cuerpos sanos o cuerpos que generan su enfermedad.

Cien mil billones de células conforman el cuerpo, generadas todas desde un óvulo unicelular fertilizado y de sus cincuenta duplicaciones. Una célula indiferenciada produce doscientos cincuenta tipos diferentes de células para cada tejido corporal, todas funcionando sincrónicamente,coordinando actividades para que el cuerpo viva y se sostenga todo el tiempo.

La picadura de un mosquito, la mínima variación de la intensidad de la luz, un susto, un deseo, un pensamiento, y tendremos un cuerpo reaccionando en su totalidad, como el sistema complejo que es.

¡Qué maravilla Goyo,/ qué maravilla!/ Ha brotado un retoño/de tu semilla…, Canta Alberto Cortés.

Esta no es la única maravilla.

Si salimos del ámbito físico o material y nos sumergimos en el ámbito cuántico, veremos que la ciencia dice que todo objeto, por muy sólido que parezca, está hecho de moléculas compuestas por átomos; y éstos, por partículas subatómicas que no son sólidas, son paquetes de ondas de energía e información.

Las diferencias que se observan en el mundo físico resultan de la distinta frecuencia de vibración de la energía que contiene la información.

Somos energía e información, al igual que el periódico que estás leyendo en este momento.

Si pudiéramos ver el mundo a nivel cuántico, sin asistencia de la tecnología, nos sorprenderíamos al observar que somos un aglutinado de energía flotando en un caldo, también de energía. Acaso, ¿hay solidez cuando chocan las nubes?, de modo semejante andamos en el mundo.

Todo es expresión de energía e información, incluidos nosotros.

Y agrego (porque falta y es el momento…): hay cuerpos macizos o cuerpos que se diluyen, pero que funcionan con amorosa precisión y sin nuestra intervención, al menos consciente; lo que nos lleva a colegir que, además de los dos ámbitos indicados –el material y el cuántico–, hay un tercer ámbito al que podríamos llamar inteligencia universal o fuerza organizadora que subyace en todas las cosas.

¿Quién es ese que, mirando casi desde fuera, dice: “mi cuerpo”?, porque sabido es que el cuerpo ha sido cortado vivo y diseccionado muerto, pero jamás, nadie, ha encontrado un recuerdo, un pensamiento, una intuición, un sueño, una idea original o un alma, posados sobre una célula o instalados cómodamente en un órgano.

La mayoría sabemos, por experiencia directa o indirecta, que determinada predisposición de ánimo puede modificar el curso de una enfermedad o lograr la resolución de un problema, en apariencia sin solución. La homeopatía, como otras terapias alternativas a la medicina tradicional o alopática, como simple ejemplo, fundamenta la curación del conjunto orgánico a través de sustancias-energías que impulsan la fuerza de curación de ese organismo. 

Este es el verdadero portento: disponemos de energía e información, procedentes de la nada no restringida, o de potencial puro que nos provee, y los transformamos en manifestación individual. Cuerpo funcionando sin nuestro esfuerzo, y energía para que la troquemos en creación única, original, irrepetible, individualísima.

Si los adultos aprehendiéramos todas estas cosas, si las analizáramos cotidianamente para enseñarlas a los niños y jóvenes, propiciando la observación de los cambios del cuerpo y del estado emocional al menor estímulo, tal vez, sólo tal vez, cuidaríamos más nuestro cuerpo y nuestros pensamientos, y hasta diversas imposiciones estéticas comenzarían a perder sentido, porque “de carne, no somos“■


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