Hay trabas y problemas en la vida de los individuos que parecerían no poder resolverse con facilidad, pero cuando se enfoca su realidad desde el cuerpo, y se presta atención a las necesidades que tienen, rápidamente se comienza a ver cambios. No vivir la vida de manera creativa es la forma en que el sistema se las apañó para alejarnos de nosotros mismos, para poder tener más control sobre la sociedad. Una sociedad que no está en contacto con su cuerpo, no sabe lo que siente ni lo que desea, es mucho más fácil de utilizar y esclavizar; y de esto estamos saliendo, poco a poco.

Arte, Cuerpo y Libertad

El arte se basa en la posibilidad de fluir que tiene un ser humano. La facilidad de la vida toda también se basa en esto.

Todo está unido, desde lo más pequeño hasta lo más grande.

Las formas de comunicarnos tienen un por qué, una base y una causa, del que somos parcialmente conscientes. La posibilidad de aprender y comprender quiénes somos y qué hacemos no nos da más “control”, pero sí más posibilidades de crear y de estar conectados con aquello que realmente nos hace sentir bien.

Al dejar de controlar, podemos empezar a escucharnos y hacer lo que sentimos en lugar de lo que pensamos que deberíamos hacer. Allí nace el arte. Cualquiera sea su expresión nace desde el dejarse atravesar por la sensación, fluir libremente en ella, sin juicio. Es un vaivén constante, en un equilibrio mágico que se da entre el cuerpo, la mente y el exterior.

El arte es el cuerpo; sin uno, no hay el otro; y sin ambos, la libertad se torna difícil de experimentar.

Todo nace de la sensación que pasa por el cuerpo: el que escribe, el que pinta, el que baila o canta, todos se expresan a partir de una sensación. Esa sensación interna, al querer ser transmitida, traducida, exteriorizada, genera una imagen, un movimiento, una danza, una música.

Es en la sensación de vacío, tal vez, en lo que se inspiraban para escribir grandes poetas como Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Virginia Wolf. La sensación es la que da espacio, impulso a la creación, y se plasma en el cuerpo, se plasma en una obra de arte, en una palabra, en una poesía, en una pintura o en una melodía.

El cuerpo es la llave para soltar y dejar de pensar por un rato, o mejor dicho pensar de otra manera, crear otra atmósfera mental para pensar en otro espacio-tiempo. La creatividad no tiene fronteras ni las conoce, somos nosotros los que las inventamos y luego nos las autoimponemos. Nosotros mismos somos la creatividad.

El arte surge como herramienta, entonces, es el puente que nos conduce hacia adentro, pero hacia un adentro desconocido, un lugar diferente, nuevo, que no sabíamos que estaba ahí. A veces hay que animarse a andar en lo obscuro para poder iluminar nuevas partes que no conocíamos de nosotros mismos.

Hay miles de disciplinas artísticas que hacen pie en este lugar. El arte funciona como terapia, canal o camino para re-construir conexiones entre áreas emocionales que están guardadas, escondidas, porque duelen, porque no sabemos qué hacer con ellas, porque a veces no hay análisis ni psicoanálisis que puedan abrazarlas.

cuerpo y voz

La voz es una de las herramientas más importantes que tenemos en el cuerpo. Sin embargo, creemos no saber cómo utilizarla, creemos que para cantar hay que hacerlo bien y entonces hacemos cursos donde nos enseñan a cantar. La realidad es que bien y mal son conceptos meramente socioculturales.

Lo importante es que la voz es otra forma que tenemos para contactar con las emociones más antiguas, ya que gracias a la vibración que transmite nuestra propia sonoridad somos capaces de movilizarlas dentro de nosotros y de exteriorizarlas, y de este modo sanar heridas.

Desde mi experiencia como cantante, artista y profesora de canto, puedo decir que la persona aprende absorbiendo, escuchando, viendo… Una persona desarrolla sus cualidades más por ósmosis que por la técnica en sí misma; es como la vida: una persona que es golpeada o que ve a su padre o a alguien cercano ser violento, por ósmosis tiene un aprendizaje de la vida y una manera de verla y de actuar en ella que lo hará desarrollar determinadas cualidades. En el arte es igual, según el carácter de la persona y lo que la rodea, desarrollará más ciertas cualidades artísticas que otras, por eso es importante lo que se escucha, lo que se ve y lo que se imita inconscientemente tanto del entorno social, como de la misma familia. Los hábitos del artista, sus costumbres, la forma de verse a sí mismo y de ver a los demás influyen profundamente en la musicalidad, fluidez y fuerza que tendrá en la forma de cantar o de hacer cualquier actividad artística.

Por lo tanto no hay una técnica de canto que sea para todos, así como no hay fórmulas para la felicidad. La fórmula es siempre uno mismo y depende de cuánto se mire ahí dentro para intentar comprender por dónde se nos fugan partes nuestras y en dónde ponemos la atención cada día de nuestras vidas.

En el canto el objetivo no es cantar bien, sino decir bien, pensar bien, actuar bien. Pero, ¿qué significa esto? Significa que lo que se hace debe ser acorde a lo que se siente y piensa cotidianamente. Y no solo mientras se canta, ya que sería imposible; debe ser un ejercicio diario, como la respiración, para que, a la hora de cantar, se dé naturalmente, sin interferencias.

Cuando se está cantando, se está convocando y comunicando. Se tiene la intención de decir algo, de transmitirlo y de que esa transmisión sea entendible, trasparente…, que pueda llegar al otro, nada más, con eso basta y sobra. Esto es lo que realmente llena a cualquier artista: poder transmitir algo y que le llegue a su público, que su arte no rebote o que no quede dentro de uno sin poder salir hacia afuera. A esto me refiero con “decir bien”, sin interferencias mentales, corporales o del entorno, pero, para que esto ocurra, la verdadera transformación tiene que suceder por dentro. El mensaje ha de ser claro, tiene que estar comunicado el cuerpo emocional con el físico y con el mental, de esta manera podemos percibir lo que nos está pasando por dentro. Ser conscientes de nuestras emociones, de nuestros miedos y de nuestros pensamientos es el primer paso para aprender a cantar, a encantar…, a decir sin bloqueos.

Para que esta transmisión hacia afuera sea fidedigna, primero la conexión con uno mismo tiene que serlo. Sabemos que estamos ben-diciendo cuando vemos el afuera ser transformado, vemos el afuera como el agua…, siendo tocado por la vibración.

Olvidamos que el sonido es vibración, olvidamos que nosotros lo somos. El arte viene a recordarlo, con una melodía, con la fuerza de una danza, con la energía que guarda el cuadro donde podemos ver la energía transparente de quien lo pintó, que es otra manera de decir, de transmitir desde adentro hacia afuera.

El verdadero arte es un desnudarse hacia afuera y hacia adentro.

El verdadero arte sorprende tanto al público como al artista.

Ver nuestro propio arte es una buena forma de conocernos, porque nuestro arte es el espejo de lo que llevamos dentro y aún no somos capaces de ver conscientemente, a veces porque duele mucho o a veces simplemente porque es demasiado bello. El arte es el lenguaje de nuestras emociones, de nuestro inconsciente porque es puro, no tiene filtros, se manifiesta, parece tener un poder oculto ya que dirige nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra voz. Es nuestro poder oculto representado artísticamente.

Reconocerlo es sanarse, sanarse para poder exteriorizarlo, y esto, a su vez, nos sana y sana el afuera

Etimología de encantar: El verbo encantar viene del latín incantare, verbo prefijado sobre cantare, que es el frecuentativo de canere (cantar). Incantare significa en origen recitar o cantar una fórmula mágica o hechizo contra uno y para uno (in), de ahí pasa a ser sinónimo de hechizar. De la misma raíz tenemos palabras como canoro, canto, cantar, acento, incentivo.[1]


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