Los cuerpos, las creaciones, las identidades. Proponerse una construcción no hegemónica del propio existir, del amar, del vincularse. Susy Shock, artista sudaca, trans, poeta y cantante, desanda los caminos de lo establecido para preguntarse y preguntarte: si no anhelaras tanto la perfecta normalidad, si te dejaras ser…, ¿qué serías?

 

Fluir, jugar, ablandar, gozar. Las palabras son a modo de propuesta y quien las emite es ella: Susy Shock, artista trans sudaca –según su propia definición–, caminadora hacia algún lugar, género colibrí, dice, y sonríe, porque eso de jugar no es una manera de decir, eso de gozar no es imposición de la nueva militancia cool, eso de fluir y ablandarse es más que una consigna suave a los oídos. “Ni varón, ni mujer, ni XXY ni H2O”, reza uno de sus poemas más populares, y sigue:

“Yo, poeta de la barbarie/ con el humus de mi cantar/ con el arco iris de mi cantar/ con mi aleteo: Reivindico mi derecho a ser un monstruo / y que otros sean lo normal”.

Susy es viento del que quieras: es brisa cuando tiene que acariciar, y es huracán cuando tiene que remover, desacomodar, sembrar pensamientos o dudas y cuestionar a quienes todavía se sienten cómodos en sus convicciones, en sus confortables convicciones. “Estamos en un momento interesante como para abrir todos esos sacos llenos de cosas que tenemos y vaciarlos, ser menos prolijos, no tener miedo de enchastrarnos con el otro y con la información que el otro nos da. Hay algo muy burgués en nuestro modo de militar, de pensarnos, de transitarnos”, reflexiona. La Shock, como le dicen sus amigos, es poeta, cantante y activista. Seguramente cansada de que le pregunten por qué Susy, por qué Shock, qué es o hacia dónde va, en su blog declara:

“¿Qué soy? ¿Importa? Siempre hay alguien que lo pregunta. ‘Soy arte’, digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo de cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser”.

Andén: ¿Qué significa ser arte?

Susy Shock: Si partimos de la premisa de Marlene Wayar de que somos el primer objeto por crear, ahí tenemos la punta de un hilo muy tenso de donde agarrarnos y construirnos. Si bien yo soy artista, creo además en los modos creativos de vivir, al margen de las profesiones, de los oficios y de los trabajos que tengamos. Me parece que el gran desafío es instalar eso que supuestamente tenemos desde que nacemos, y a lo que una sociedad de consumo, dogmática y con patrones tan rígidos como la nuestra empieza a atacar, disminuyendo nuestra capacidad creativa, esa que, desde niños y niñas, nos hace imaginarnos miles de posibilidades de uno mismo. Eso que después se vuelve tan gris y burocrático.

Andén: La creatividad aparece entonces directamente ligada al replanteo constante de dónde se está, del lugar que se ocupa, de salirse de cierta comodidad o quietud.

S.S: Sí, me parece que, lejos de lo que a veces se plantea como el temor a lo que puede llegar a suceder y que no sabemos bien qué es, la sensación de salirse de esos patrones produce mucho gozo. Yo soy de la idea de que, desde el camino de lo creativo, no saber hacia dónde va una, pero saber que una va buscando produce una sensación de gozo muy intensa. Estamos muy estigmatizados quienes rompemos estas hegemonías, muy ligados al dolor, a la tragedia, al castigo, y a veces no podemos dar cuenta del placer absoluto que significa vivir creativamente, cuando una se anda buscando y recreando todo el tiempo. Me parece que ese es el desafío: sacarle la matriz de lo trágico y de lo imposible y empezar a plantear el disfrute que significa eso.

 

El shock, para Susy, es teoría y es práctica. No es doctrina, esta vez, como supo decir Naomi Klein, cuando habló de las armas psicológicas que el capitalismo moderno usa para introducir las reformas más antipopulares en el mundo. Este shock no adormece, no entorpece, no anestesia; cachetea buscando la elevación constante de los techos de discusión, arremete, dispara. Vos agarrate, si podés o si querés.

Andén: ¿Y el arte por el arte? ¿Existe, es posible, tiene sentido?

S.S: También es político, en el sentido de que está suscribiendo a sentidos y valores que entiende que tienen que ver con la distracción y nada más, pero nada es inocente. El arte por el arte siempre va a terminar respondiendo a lo establecido, al sentido común, y eso también es político. Todos somos absolutamente políticos todo el tiempo, nuestras decisiones son políticas, en lo que sea. Cuando decidimos cómo amamos, cómo caminamos, cómo nos vinculamos.

Andén: Una de tus actividades artísticas es el canto de bagualas, una disciplina folclórica muy ligada a la tierra, a la idea de la pachamama. En una ocasión, dijiste que hay algo trans en el concepto de tierra y, en consecuencia, que la baguala permite jugar con eso en el plano de las voces.

S.S: Sí, también estuve incurriendo en el flamenco, y me doy cuenta de que es como si estas músicas tuvieran intrínseca la posibilidad del todo. Esto, si creemos que existe una voz femenina y una masculina, nos traslada a otras zonas, no sé si más ambiguas, pero más llenas de todas las informaciones. Cantar implica el reconocimiento de tu propia voz, de tu sonido propio, y trabajar ese oficio es ir encontrándote. Yo lo encontré cuando empecé a desandar también otras imposiciones que tenía. Como una feminidad trans, tenía muchas cuestiones impostadas técnicamente. A medida que fui encontrando esa voz, al cantar, se fue naturalizando, ablandando y relajando; también al hablar, donde mi voz, mi sonido, el de Susy, es una voz que tiene información tanto femenina como masculina. Y ahí está mi sonido. La baguala, el blues también (y no casualmente son músicas de los márgenes) te lleva a encontrar, siempre desde el gozo, estos sentidos, esta información.

 Hacernos y deshacernos…, juntos

La idea de construirse identitariamente de manera no hegemónica provoca algo parecido al pánico del lienzo en blanco o al miedo del vacío mental en medio de una exposición oral. Por dónde empezar, con qué romper, contra qué rebelarse son las primeras preguntas que aparecen. Con quién, hacia dónde y de qué manera, las que le siguen. ¿Cómo se deconstruye y se construye a la vez? La teorización acerca de los modelos binarios que encierran al ser humano en las acotadas posibilidades de hombre–mujer, heterosexual–homosexual, masculino–femenino no alcanza a veces para dar el paso. El cascarón es todavía grueso y en ocasiones parecería que terminan por romperlo sólo quienes no encuentran más alternativa, quienes –y con palabras de Gilles Deleuze– frente a la dificultad del pensar se lanzan al hacer. Pero Susy sopla la clave: “Lo que pasa es que no tiene que ser un camino solitario, tiene que ser colectivo. Yo no siento que sea un camino individual, y si lo es me perece acotado, porque queda ahí como una propuesta puntual y única, de alguien, sin que pase más”. Lo colectivo, entonces, aparece en primer lugar como una posibilidad de continuación, de camino que no termina y, además, como la necesidad inquebrantable de pensarse junto a otros para la construcción personal.

Andén: ¿Cómo se hace para encarar esos rompimientos cuando se vive dentro de estructuras tan acotadas, con modelos tan estáticos en cuanto a las relaciones, a las posibilidades de familias, a la idea de pareja?

S.S: Hay un discurso que nos traspasa que tiene que ver con lo higiénico, lo prolijo, lo limpio. Una necesidad de ser aceptados y de poder entrar a los lugares, y pedir permiso para entrar a los lugares. Yo tengo otra idea, yo pongo en duda todo eso establecido (bueno, no sé si todo, el espacio que a mí me toca y desde donde yo siento) y es que tal vez le tenemos miedo a quedar de vuelta afuera. Yo creo que la humanidad lo pide a gritos, sabe que no funcionó de esa manera. Entonces aparecemos queriendo reproducir algo que ya no va, algo a lo que no le ha ido bien. El modo de creer que los hijos son de una y nada más también es creer de un modo heteronormativo. Te hablaba de lo comunitario, y yo creo que el hijo en serio es el Otro.

Andén: Hay colectivos que ya no hacen tanto hincapié en el concepto de “mujeres“ y pasan a referirse a “feminidades”. ¿Te identificás con esa idea?

S.S: Es una propuesta interesante. Hay muchos sectores de mujeres organizadas que empiezan a abrazar esta idea de lo femenino dando la posibilidad de que si vos te sentís mujer, lo seas. Si una amiga o compañera trans se considera mujer, yo también voy a abrazar su elección, su deseo y su definición. Jamás voy a hacerme gendarme de las definiciones, porque lo he padecido y porque no quiero reproducir eso. Lo que sí sé es que yo no le tengo miedo a que no quede claro los horizontes de donde me paro. Yo he podido construir mis afectos, mis oficios, mis vínculos amorosos, desde todo esto que soy, desde ciertas monstruosidades que reivindico que tienen que ver precisamente con no estar en estos casilleros. Pero sólo voy a poner en duda las reproducciones de violencia que podemos hacer, aun dentro de la misma comunidad. Después, que cada uno haga lo que quiera.

Las palabras y la historia

En argentina la palabra “identidad” no es como cualquier otra. Tampoco lo es “desaparecido”, “recuperación”, “abuela” o “madre”. Y la discusión se complejiza al convivir en la arena política diversas conceptualizaciones de dichas palabras. Mientras que desde el activismo de género se busca erradicar la idea de lo sanguíneo, como marca irrenunciable de destino, las Abuelas de Plaza de Mayo encuentran a sus nietos gracias a bancos de datos genéticos y recuperan así sus historias, soslayadas por las mentiras de los crímenes de Estado y por las violaciones a los derechos humanos. Esta convivencia de debates e ideas, todas intensas por igual, da cuenta del peso que carga sobre los hombros nuestra sociedad con relación a este tema. Quizá se encuentre allí la respuesta a por qué la Ley de Matrimonio Igualitario salió con una peleada votación y la de Identidad de Género se aprobó, en el senado, por unanimidad.

Susy shock, que viaja por diversos países, dice notar que el tratamiento de la palabra no es el mismo: “Acá estamos traspasados por identidades robadas, violentadas, aún por recuperar. Sí tenemos algo en común como continente, que son nuestras identidades conquistadas, colonizadas e invisibilizadas. Hay cosas que nos igualan y otras que nos diferencian, precisamente porque tenemos otra construcción política, desde donde nos paramos y desde donde hemos buscado todo lo que hemos buscado”.

La búsqueda se presenta, entonces, como eso que hace convivir todas estas conceptualizaciones de la identidad en el mundo y en el interior de la Argentina misma. Probablemente la comunidad LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, intersexuales) militante –como tantas otras– no podría haber hecho demasiado sin el camino que abrieron los organismos de derechos humanos. “Tenemos un empoderamiento de militancia callejera que viene directamente de ahí”, dice Susy al respecto.

Andén: Las Madres de Plaza de Mayo dicen que primero parieron a sus hijos y que después sus hijos parieron a las luchadoras en las que ellas se convirtieron. ¿Hay algo de eso cuando decís: “Primer hijo de la madre que después fui”?

S.S: Son mis propios caminos en zigzag y desde donde una supuestamente tiene que mirar, accionar y vincularse. He sido toda la vida una madre, aun en cuerpo masculino. Tengo una hija biológica, y de repente la lógica del modo en que nos hemos vinculado para que ella sea la mujer que es hoy da cuenta de otra forma que recreamos, donde yo tuve que crear con ella. No me compré los tomos del feminismo para eso, había una sabiduría en esa infancia, esa crianza; lo que yo tenía que hacer era aprender a entender, a leer. Si no, es prepizza. Y debería ser más rico, menos esperable. Lo otro me parece muy aburrido, muy burocrático: nos burocratizamos el juego, el deseo, las búsquedas.

Andén: Y, sin embargo, cuando hablás de lo LGBTI, también hablás desde etiquetas.

S.S: Es que, cuando se dan algunas discusiones políticas, vos tenés que ponerte una camiseta. Es necesaria para dar esa pelea frente a, por ejemplo, un estado ausente y violento. Es una búsqueda también para que se ablande la mirada del otro y se recree la mirada del otro. Si querés encontrar en mí los moldes, te va a hacer mucho ruido. Pero está bueno también que te relajes y puedas pensar que estás frente a alguien que es género colibrí, como me gusta decir a mí, jugando. A veces le falta sentido del humor y sentido de juego a la militancia. Estamos muy rígidos, seguimos siendo solemnes. Pero estamos en tiempos de paz, diría Marlene Wayar, tiempos en donde reciclar y ver qué es lo propio y cómo somos capaces de construirnos sin tener que estar todo el tiempo escapándonos del golpe y de la denigración y de la falta de contención. ¿Cómo sería si pudiéramos crear estos lazos, estás pequeñas comunidades afectivas desde donde fluir? ¿Cómo sería fluir?

Andén: ¿Se puede fluir sin arrancar ciertos preceptos de raíz?

S.S: Bueno, imaginémoslo. Una persona que desde el vamos, desde esa infancia primera, se permite todos esos hallazgos…, ¿cómo sería? No sé, una utopía, ¿no? Pero me parece que hay que apostar a ese camino, a ese fluir. Porque, si no somos siempre resonancia de defensas. Yo estoy llena de construcciones de ese tipo, porque es mi generación, defendiéndome del otro, a pesar del otro. Y a mí me gustaría que la pendejada venga y pueda fluir. Mi generación viene resistiendo ser y no está pudiendo fluir. La pregunta sería, entonces: ¿Cómo fluir en ese ser sin necesidad de que sea siempre una reacción contra algo? Tendremos que ir por esa respuesta■

 


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