Neruda decía que a veces uno se cansa de ser hombre. Del mismo modo, uno se cansa de ser lenguaje, de estar atravesado inapelablemente por palabras viejas, por signos tatuados en los huesos que marcan la cancha de lo que se puede y de lo que no, de lo que existe para nuestros ojos y de lo que solo existe gracias al mero artificio.

El lenguaje es una mentira, una farsa fruto de la convención entre unos monos que sometieron a otros y les impusieron una voz —un gruñido— que en nada tiene que ver con la cosa que se intenta designar. Un puente se construye con lenguaje, un corazón se trasplanta con lenguaje, un acelerador de hadrones es puesto en marcha con lenguaje. Pero eso que se puede hacer con el lenguaje solo es posible dentro del lenguaje mismo. Más allá de la palabra no hay nada, únicamente una indeterminación amorfa, cuya experiencia en sí es única e incomunicable, que nada tiene que ver con la vida social. Los primeros jugueteos del infante son una muestra cabal de aquello. ¿Qué designa la queja del recién nacido, hacia dónde se dirige ese malestar cuando, saciados su hambre y su sed, su frío y su calor, se empeña en vociferar su incomodidad en el mundo? O los amantes que, más temprano que tarde, comprenden que todo les sobra, les falta, que todo les estorba para experimentar al otro en su plenitud. Por eso 5 discos 5 donde el lenguaje se mira a sí mismo para darse cuenta de que está de más, de que es inútil y de que el equívoco de Babel no ha sido más que otro riso en el rulo de nuestra limitada y pútrida humanidad

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78_d2_catupecuLaberintos entre aristas y dialectos – 2007 – Catupecu Machu. Pasados los primeros minutos de la pérdida, el dolor amaina, pero no se va. Y lo que queda, puesto en el papel, no puede ser más que una voz llena de ruido y furia que resignifica al sinsentido. Disco de duelo, por el grave accidente de uno de los integrantes de la banda; disco premonitorio, doble, con algunas reversiones, acústico y eléctrico, fuera del paso del tiempo. El cénit poético de Fernando Ruíz Díaz en la línea de Luis Alberto Spinetta —incluye un cover de uno de sus temas— y del Gustavo Cerati más lúgubre. Poesía y austeridad instrumental, emoción en palabras y en gritos contenidos para una ceremonia, donde lo que se dice y cómo se lo dice ayudan a que mane la sangre para que la herida no se infecte, para que la vida no se pudra.

 

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78_d4_Flema-ElExcesoEl exceso y/o abuso de drogas y alcohol es perjudicial para tu salud… ¡Cuidate, nadie lo hará por vos! – 1994 – Flema. Hay algo en la naturaleza adolescente que hace querer gritar y gritar y gritar contra todo y contra todos, y derribar el poder y sacarle la máscara a las cosas y ver la verdad cara a cara. Por eso el punk es tan útil a tales fines. Por eso Ricky Espinosa fue su máximo exponente en la Argentina, su poeta más lúcido, su mártir más célebre. Siempre a contramano, inconforme hasta el cinismo, borracho con lo peor, Ricky, sólo Ricky escupía sus letras dejando en el aire la candidez de sus postulados y su primitiva ejecución del instrumento. Y sin embargo, si buscaba la verdad, Ricky la encontraba. Desde su existencialismo barato, desde sus canciones con tres acordes, Ricky le tiraba tarascones a las tetas de la vida. Este disco es su mordida más plena.

 

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78_d1_brownAlfagamabetizado – 1996 – Carlinhos Brown. Por parir gente como esta es probable que Brasil sea el país mais grande do mundo. Cuando ya había tocado todo con todos los grandes, cuando sus canciones ya habían ingresado en el cancionero popular bahiano, cuando ya había fundado Timbalada, cuando la prensa mundial se ya rendía a sus pies; el fundamental, el indispensable, el gran Carlinhos Brown publica su primer disco solista y sorprende con una multitud de climas y ambientaciones. Muy lejos del sonido for export de la música de bahía, este es un disco de sonidos autóctonos con pulso actual, que no se vuelve viejo, que relaja. Sin las estridencias del axé pero sin dejar de ser –por momentos– bailable, alfagamabetizado es una muestra de ese lenguaje en varias dimensiones que, de tan cerca que está, nunca llegamos a comprender del todo.

 

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78_d3_coralieSalle des pas perdus – 2002 – Coralie Clement. Sueño húmedo de miles de adolescentes japoneses; Corali Clement es una de las más bellas exponentes de la nueva chanson francesa, esos jóvenes modernos y esnobs que, a principios de la década del 2000, decidieron retomar el cancionero de los sesenta parisinos y reformularlo (no mucho) sobre bases electrónicas, mezcladas con la bossa nova y el calipso y mucho, mucho decir a media voz. Casi susurradas las canciones, escritas por su hermano, el gran Benjamin Biolay, remiten casi a lamentos con lágrimas de cocodrilo; pequeñas quejas de amor y desamor en un francés que, de tan sensual y cool, hace querer hablar el idioma de la tentación. Porque, bueno, hay que reconocerlo, ciertas formas del amor nos hacen querer vociferar a más no poder.

 

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78_d5_morenteMisa flamenca – 1991 – Enrique Morente. ¿Qué mayor griterío que la fe? ¿Qué otra cosa en la experiencia humana más revulsiva que ese creer sin sustento alguno? ¿Qué lenguaje más intraducible y oscuro que aquél que le rinde culto al misterio? Y sin embargo pocas cosas son tan bellas como cuando esa veneración sale de la pluma de grandes poetas españoles como Lope de Vega o San Juan de la Cruz, de músicos forjados al calor del flamenco y de una voz que renovó en los sesenta uno de los géneros más interesantes de la música popular. Peregrinación a los meandros de la voz del cantaor, es una guía, un indicador de que estamos ante una presencia, ajena a lo mundano, que es trascendente. Muy probablemente los dioses jamás digan palabra alguna, acaso no existan, pero ante un tributo así, deberían.

 

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