Ya nos lo enseñó Edward Said es su célebre Orientalismo: Oriente es una construcción discursiva. Y bueno, todo parece indicar que nos quedamos con esa construcción y al diablo con el conocimiento. Para contrarrestar, este artículo nos ofrece una mirada hacia una faceta de la tradición árabe que suele ser ignorada: la tradición erótica en la poesía.

Cuando la escritora siria Salwa al-Neimi publicó su libro The Proof of the Honey, Europa Editions, 2009 recibió muchas críticas tanto dentro de su país como también por fuera de él por parte de la comunidad árabe. ¿Qué provocó este enojo? La autora se hizo esta pregunta y expuso su opinión al respecto en una entrevista que circuló por varios medios: el problema no era su libro, sino la creciente desconexión entre algunos sectores árabes y su tradición literaria.

Al-Neimi explicó la trayectoria del erotismo de la literatura árabe. Las fuentes a las que se refirió no son para nada cercanas a nuestro tiempo ni marginales con respecto al canon. En efecto, desde los inicios de la poesía clásica árabe, situado alrededor del siglo VI d.c., los tópicos de la sensualidad y el sexo fueron claves.

El desconocimiento del público árabe en la actualidad nos sirve como conector para hablar de nuestra condición de lectores en esta región, ya que es probable que uno también se encuentre con dificultades, si es interrogado acerca de la literatura árabe. ¿Qué sabemos de ella? Probablemente nuestra respuesta sea un sincero “no sé”, o la referencia a algún poema suelto de un poeta palestino; la mención, por qué no, a Las Mil y una noches; quizá también ronde por nuestra mente el premio nobel Naguib Mahfuz, que suele encontrarse en la sección de saldos en muchas librerías. En cuanto a la poesía, ¿qué decir? Tal vez surjan nombres como Omar Khayyam o Saadi, poetas populares, pero que son más bien persas que árabes.

Si hablamos de la poesía clásica árabe, se considera a Imru´l-Qays como el padre y maestro del género. Ha sido un guía y sinónimo de tradición para generaciones enteras de poetas. Francesco Gabrieli, estudioso italiano de la literatura árabe, nos dice sobre los versos iniciales de uno de los poemas de Imru´l-Qays: “Este verso lacrimoso, con que comienza la más célebre poesía del más célebre poeta anteislámico, todavía hoy aflige en las aulas a la juventud árabe, como el horaciano ´Maecenas atavis´a la italiana” Y, al leer los versos que componen su قصيدة     (Casida, un tipo de poesía clásica) podemos encontrar temas que son esperables de una tradición medieval que corresponde al desierto ─camellos, combates, exaltación del honor y el heroísmo─; pero, de repente, surge:”Visité a mujeres como tú, incluso encintas,/ que dejaron a su niño cubierto de amuletos… / Si el niño lloraba, se volvían hacia él…, y mi miembro/ las hendía tranquilamente, sin cambiar de posición”. No se trata de un caso anómalo, sino una libertad que se ejerce de forma constante a través de siglos de poesía. No se desconoce el trato erótico, la insinuación y el placer velado mediante metáforas, como tampoco las descripciones explícitas y sin ornamentos ─a esto nos referimos aquí, bajo el rótulo de “pornografía”─. Aun más: el límite entre erotismo y pornografía es difuso, y a esto se le agrega el hecho de que no hubo ningún tipo de restricción sexual de género.

Abu Nuwas, por nombrar a un poeta clásico, fue conocido por sus poemas acerca del vino y el amor, pero también por incluir sin pudor relaciones entre personas de un mismo sexo. Al respecto, Fatema Mernissi en El harén en Occidente S.L.U. Espasa Libros, 2006

agrega que:

…mientras el idioma árabe ya era rico en vocablos aplicados a jóvenes sexualmente activos […] en Occidente el término homosexualidad no se usó habitualmente hasta la década de 1880, cuando empezó a utilizarse en la jerga de los médicos y psiquiatras para referirse a ella como una enfermedad…

En una antología popular y muy accesible, podemos encontrar un ejemplo paradigmático de esto: “Me decían, insistiendo en censurarme porque le/ amo: “Si no te hubieses enamorado de un muchacho/ vil, de baja condición…”/ Yo les contesté: “Si yo pudiese mandar en mi amor,/ tampoco le querría; pero ese poder no lo tengo”. El título del poema de donde provienen estos versos es “El mancebo tejedor”, y encontramos también “El mancebo carpintero”; no es simple fijación particular del poeta, sino una convención como cualquier otra.

Sorpresivamente, no siempre las trabas a este tipo de tópicos de fuerza innegable provienen de cierta parte de la sociedad árabe. Veamos una nota al pie que un traductor y académico español no pudo evitar incluir apenas terminan unos versos que, si bien no son enteramente pornográficos, juegan libremente con el erotismo. Estos versos describen a la amada, el objeto de deseo: “Toqué con ambas manos/ Toda la perfección de tu hermosura,/ Anchas caderas y cintura breve,/ Y dos alcores cándidos, lozanos,/ Que separa de un valle la angostura/ Y que están hechos de carmín y nieve”. La nota al pie no tiene desperdicio y explica lo siguiente:

…En la primera edición de esta obra no me atreví a traducir los últimos versos de esta composición, donde el poeta no se puede negar que entra en pormenores nada platónicos; pero, no sin vacilar, me he decidido a traducirlo todo en esta segunda edición, porque así queda mi trabajo completo y, al fin, los lectores castos y timoratos pronto pasarán el disgusto, y me lo perdonarían, considerando que soy traductor fiel, y que es un mahometano quien se desliza.

Solo en las décadas recientes se ha dejado de tener pudor sobre los contenidos eróticos y pornográficos. Como vimos, la problemática de abordar estos temas no está solo en la mirada de la crítica contemporánea de algunos países árabes, sino también en el trabajo académico de muchos de los traductores europeos.

Afortunadamente la situación está cambiando. Podemos referirnos a Salma Jayussi, por ejemplo, quien no habla de poesía clásica, sino moderna, pero que de todas formas instala y hace hincapié en la pornografía como otro tópico dentro de la literatura, escribe sobre un poeta: “En ocasiones, produjo [poesía] pornográfica, pero la más extrema no fue publicada […] su espíritu juguetón en sus poemas pornográficos y su ardor político y crítico en sus poemas nacionalistas actuaron como catarsis para el pueblo que sufría de prohibición política y sexual”. También el profesor y traductor Daniel Newman se está ocupando de ello en las introducciones que dedica a sus traducciones, como es el caso de The sultan´s sex potions: Arab aphrodisiacs in the Middle Ages.

Terminamos este breve panorama con la esperanza de que hayamos ampliado la perspectiva sobre una literatura de larga tradición erótica y pornográfica. Creemos que es un punto interesante que nos brinda la historia de la literatura y que ofrece más material para comparar y reflexionar acerca de estas temáticas en la ficción. Lo erótico y lo porno siempre estuvieron presentes en el mundo árabe, distintos movimientos políticos y tensiones sociales alternativamente los han desplazado (un caso, entre muchos, que podemos anotar: el Ministerio de Cultura de Egipto quemó libros de Abu Nuwas en el 2001) en diferentes momentos de la historia. Pero aquello que no cambia es su permanencia gracias a la poesía, sea esta censurada, olvidada o recordada según el clima específico del momento. Como ha sucedido en distintos países europeos y también latinoamericanos, tarde o temprano las voces silenciadas son recuperadas y se hacen oír

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Puede descargar "Es un mahometano el que se desliza": erotismo y pornografía en la poesía clásica árabe - Andén 80 en formato .pdf