Los cambios en la forma de consumo de productos multimedia; las transformaciones de la experiencia cinematográfica vinculadas con la lógica de la inmediatez y la descarga de contenidos; la desaparición gradual de determinados rituales de proyección de films son algunos de los factores que imponen una serie de preguntas: ¿qué pasa con los cuerpos frente a los nuevos modos de relato? ¿Puede el taggeo del porno constituir una forma de categorización de la intimidad?

 

Asistimos a la era de la pornografízación multimedia, y con esto no decimos la sexualización explícita de los contenidos, sino el carácter explícito de estos y la ruptura que provoca con la fantasía y la privacidad. A la hora de analizar el contenido multimedia como porno, el riesgo es caer en la moralina de la alta cultura, es decir, que todo contenido explícito es puramente burdo o carente de enfoque. El análisis por el contrario tiene lugar en lo que ha cambiado, que es la forma de consumirlos y con ello una necesidad bulímica de atracón frente a la sobreoferta de productos multimedia al alcance de la mano.

La relación de consumo que se ha gestado en los últimos años con “la experiencia cinematográfica” no excede esta lógica. La inmediatez del stream on line, la descarga vía torrent y los host on line con miles de archivos en DVDRip y 1080dpi transformaron radicalmente la experiencia cinematográfica ─y vuelvo a hacer hincapié en la “experiencia cinematográfica” ─, ya que durante una década la forma del consumo del cine ha tenido su templo en las salas de proyección, ritual que requería de un equipamiento y manipulación del material específico, así como también un ambiente propicio para generar una sensación de espacio onírico. Todo esto parece empezar gradualmente no a desaparecer, pero sí a diversificarse; las salas de cine comenzaron a convertirse en lugares para la experimentación física, las propuestas con las que nos topamos en las grandes salas parecen poner al espectador en una nueva relación sensorial de su cuerpo con el relato. El 3D desembarca como un nuevo grado cero del cine, como experiencia donde el espectador asiste a un bombardeo sensorial totalmente radical y reivindica las prehistóricas experiencias del cine de los lumiere, como un acto de feria.

El cuerpo se ve expuesto a una pornografización de la experiencia sensorial que brinda el cine. Parece inevitable, para interpelar al espectador, lograr la sensación física. Se abre paso una idea de puesta en abismo que se caracteriza por la ultraviolencia de la realización fantasiosa del espectador: agitarlo, moverlo depende de la concreción de imágenes que parecen solo tener lugar en las fantasías y en la intimidad.

Por otra parte, la experiencia del cine tradicional se ha trasladado a los hogares, la idea del home theatre, las pantallas han tomado la forma widescreen típica de los formatos cinematográficos, propiciando un ambiente más adecuado, sin embargo la experiencia del cine en casa tiene sus pormenores como: la falta de atención, la posibilidad del pausado de la experiencia, las interrupciones de ruidos y luces externas. Parece un poco conservador oponerse a este cambio, pero podemos evaluarlo como una degradación de la experiencia cinematográfica, donde el reinado del “alt + f4” suspende la proyección.

El contenido audiovisual hogareño se ha empatado en su consumo con los demás productos multimedia, todos parecen consumirse del mismo modo, siendo primordial hacerlo en grandes cantidades y diversidades. Ahí es donde la labelización / taggeo del porno comienza a afianzar sus estructuras de producción / consumo audiovisual: los contenidos están estructurados sobre la base de la categorización, casi como si no existieran actos privados que no se puedan clasificar, fenómeno que se traslada al cine y al surgimiento de múltiples categorías y subcategorías híbridas, en la búsqueda de etiquetar todo contenido posible.

Paradójicamente, el intento de darle un nombre a todo termina por limitar las posibilidades de la experiencia. Sin embargo, sin categoría no hay experiencia: sería apenas una reflexión que sobrevuela

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