Actualmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se producen seis mil toneladas por día de desechos. Llenamos una manzana de dos metros y medio de altura por día. La sociedad ya está separando un 25% de los materiales, nadie lo sabe. Los dirigentes insisten con soluciones multimillonarias llave en mano, sin embargo, todavía no sabemos cuántos kilos manejan las cooperativas. ¿Quién se hace cargo? ¿Qué le queda a las generaciones futuras?

 

Albert Einstein hace cien años descubrió una ecuación. E=MC2. “¡La energía es igual a la materia!”, gritan esas letras así agrupadas. Todavía lo estamos digiriendo. ¿Cómo estamos tratando la materia y la energía en nuestras sociedades modernas?

Los productos que hoy utilizamos están diseñados con empaques que terminan siendo enterrados, por ende, al enterrar materia, estamos enterrando energía. Esto quiere decir que gran parte de esta energía se pierde o, podríamos decir, queda estancada y, en la naturaleza, lo que se estanca se pierde.

El “Complejo Ambiental Norte III” recibe seis mil toneladas de desechos, provenientes de la ciudad, por día. Esto es seis millones de kilos por día. Si tomamos en cuenta una densidad de unos doscientos cincuenta kilogramos por metro cúbico, estamos llenando una manzana a unos 2,4 m de altura, por día. En cuatro meses habríamos ocupado todas las manzanas de Coghlan; al finalizar el primer año, tendríamos dentro también Colegiales. El año siguiente se le sumaría Nuñez. Dos años más tarde tendríamos Caballito cubierto por dos metros y medio de desechos. Poco a poco la ciudad quedaría bajo miles y miles de productos, de no ser por el Complejo Ambiental que hoy todo lo recibe, como una garganta infinita.

Las cantidades son abrumadoras, y cada vez aumentan más. La superficie de los rellenos aumenta cada día más y también cada vez tarda menos en llenarse. Conclusión: el consumo y, por ende, la generación de desechos está aumentando.

Si a las seis mil toneladas le restamos unas dos mil de áridos (escombros y restos de obra), quedamos con unas cuatro mil toneladas. De esas cuatro mil toneladas diarias, la mitad son desechos orgánicos, la otra mitad está compuesta por: telas, maderas, metales, plásticos, pañales, papeles, vidrios, medicamentos, a grandes rasgos.

¿Y cuánto valen los materiales que enterramos?

Si valorizamos esos materiales, al valor al que las cooperativas los comercializan, teniendo en cuenta las cuatro mil toneladas de las que hablamos, llegamos rápidamente a un número: $2.300.000. Ese es el valor de los materiales que estamos enterrando. Este dinero podría emplear casi a siete mil personas mes a mes, con un salario de $10.000 con cargas incluidas.

¿Y cuánto cuesta enterrar energía?

Además, enterrar energía es costoso. El nuevo contrato para el servicio público de Higiene Urbana es un contrato por diez años por $31.115.792.551. Si tenemos en cuenta que la Ciudad está habitada por tres millones de personas, esto nos da unos $10.000 por habitante. Si tenemos en cuenta seis millones ─debido a la entrada de tres millones de personas por día a la Ciudad─, esto nos da $5.000 por habitante. Esto quiere decir que cada habitante de la ciudad está abonando de $5.000 a $10.000 para enterrar energía por los próximos diez años.

¿Por dónde empezamos el cambio?

Los residuos son en realidad MATERIALES, la palabra BASURA tiene que ver con aquello que hay que “limpiar”. ¿Qué es lo que realmente hay que limpiar? Nos preguntamos.

Vilfredo Pareto, allá por el siglo diecinueve, descubrió un fenómeno al que llamó: “Los muchos que tienen poco y los pocos que tienen mucho”, o más bien la ley 80/20. Existe por lo general un 20% de los productos en un almacén que dejan el 80% de ganancia, y un 80% de los productos que dejan el 20% de ganancia. Claramente, el almacenero, concentra sus energías en mantener siempre impecable su stock del 20% de los productos que le reportan el 80% de ganancias.

¿Cómo se aplica esto a los residuos?

Si aplicamos la ley de Pareto a los desechos, podemos notar que hay tres materiales que nos permiten lograr un 80% de separación en origen. Estos son: los plásticos, el papel y los residuos orgánicos.

Esto quiere decir que si concentramos nuestros esfuerzos en separar tan solo tres materiales, podemos recuperar: ¡Tres mil toneladas por día!

“Pero…, y los que tiran de carros, y la gente con uniformes revolviendo los desechos. ¿Dónde los deja a ellos todo esto?”.

A toda esta ecuación, tenemos que agregarle algo más; la gestión de los MATERIALES por parte de las cooperativas. Existen en la ciudad unas doce cooperativas, ocho Centros Verdes activos y dos por construirse. Actualmente hay 4.500 Recolectores Urbanos “formalizados”, es decir bajo contrato. Un contrato de unos $8.500 para aquellos que están en planta, y unos $5.200 más un plus por venta de materiales, para aquellos que no tienen un contrato de forma continua. Después de estos, quedan los carreros, quienes recolectan por su cuenta y venden por su barrio los materiales. Esta cifra, en estos últimos años, se duplicó. Existen actualmente entre diez mil y doce mil personas juntando materiales en la ciudad, aunque siguen siendo solo cinco mil los que están formalizados. Los otros siete mil se las arreglan entre algo que les da la cooperativa y con unos diez a veinte kilos de material que se llevan y venden en sus barrios o ferias informales.

Los Centros Verdes son galpones, con tecnología sencilla, en donde los recolectores separan los materiales y clasifican, para su posterior venta. Los materiales llegan desde las campanas de la ciudad, algunas veces limpios, otras, sucios. Los operarios no discriminan, es su forma de vida y gracias a ellos pueden poner un plato de comida en sus mesas.

El problema es complejo, es un monstruo de muchas cabezas, y se necesitan muchos cuadros técnicos, tecnología y creatividad puestas al servicio de la comunidad para resolverlo. Como ingenieros vemos las soluciones, están frente a nosotros, sin embargo las instituciones todavía fallan. Las fallas son humanas, y la principal de ellas es la escasez de autocrítica.

Vemos en la dirigencia actual el mismo problema: un apego a la ideas personales que dificulta el trabajo en equipo y la mejora a la velocidad que la situación lo demanda.

La cantidad de materiales que se inyecta día a día en la sociedad está fiscalizada. Aquellas industrias que venden empaques y bebidas tienen contabilizado desde el origen la cantidad de materiales que se vuelcan en la sociedad, si pudiésemos medir las salidas actuales, podríamos obtener la eficiencia que Ciudad Buenos Aires tiene hoy en día en su separación, y mejorarla. Porque como dijo Peter Drucker: “Si se puede medir, se puede mejorar”. Todavía faltan mediciones.

Por otro lado se estima que la cantidad de materiales que hoy recuperan nuestros amigos recolectores es de unas mil toneladas por día por sobre el total de las cuatro mil. Esto quiere decir que ya estamos recuperando un 25% de los materiales de nuestra sociedad. ¡Eso es mucho! ¿Por qué nadie lo comunica?

También sabemos por experiencia que lo que motiva la separación en origen, es la competencia y recompensa a aquellos que hacen bien las cosas. Tampoco sucede aún.

A todo esto se le suma una licitación de dos plantas que tienen una eficiencia del 5% de separación de materiales. Es decir, a estas plantas van a entrar dos mil toneladas ─que se van a convertir en la mitad─ que sirven para cubrir la parte superior del relleno sanitario y cien toneladas de materiales. Esto le costará a la sociedad unos 6.300 millones de pesos.

Queda un largo camino por recorrer, acá estamos para ir esclareciéndolo y Dios quiera que, dentro de poco, podamos reconocer que en realidad las letras de la ecuación podrían significar algo así como Evolución = Más Conciencia al cuadrado.

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