Hoy es imposible escribir sin un nudo en la garganta. Hoy seguramente no sea el día más indicado para una reflexión crítica e histórica sobre todo lo que fue, es y será la Revolución Cubana y la figura de Fidel Castro en ella. Por eso, hoy, tal vez, sea conveniente buscar en otras emociones para decir algo, en otros recuerdos y experiencias.

 

Desde este lugar, un sencillo y valioso homenaje, uno que no comenzó hoy, y que será tarea de muchos años, es seguir pensando la revolución, el socialismo cubano, la vida que se traba y destraba en la cotidianidad de la Habana, de Cienfuegos, de Santa Clara o de Viñales. Lo que sigue son reflexiones hechas a pie de caminante, durante enero y febrero de este año en Cuba. No es un escrito teórico-académico sobre el socialismo, es un conjunto de ideas que se hicieron cuerpo y sensación en el transitar por una ciudad compleja, llena de futuro y esperanza, y con rastros de dolor y lucha en cada rincón. Tal vez en ellas se pueda encontrar un pequeñísimo puente, un hilo para acercarse a la historia del país que construyo y soñó Fidel.

Dos notas sobre educación
1) El estado tiene una serie de mecanismos para “obligarte” a terminar la escuela y combatir el analfabetismo, y son sabidas las altísimas tasas de rendimiento escolar que hay en las escuelas. No obstante, un detalle que me cuenta una profesora en una entrevista en un colegio de La Habana, totalmente desconocido, para mí, es el siguiente: Si uno desaprueba dos veces el colegio, es decir, si uno queda de grado dos veces, el Estado “te obliga” a ir a una escuela de Oficios. Lo fantásticamente impresionante de esto no es el hecho de que el estado brinda gratuita y públicamente una educación en oficios para el trabajo (lo cual ya es fantástico), sino que, según me explicaba esta profesora, la mayoría de los alumnos que tenían éxito en la escuela de oficios decidían voluntariamente volver a terminar el colegio. Es decir, vía el aprendizaje del trabajo, constataban la importancia y la necesidad de todos los otros conocimientos que se enseñan en el colegio.

2) Cortita y al pie: en un bar de Santa Clara, hablando con una ingeniera civil, profesora en la universidad, de unos 50 años, me dice: “Hay que estar todo el tiempo estudiando porque los estudiantes son muy muy exigentes y, además, hay que satisfacer las necesidades sociales de una educación de calidad”. Esto está literalmente transcripto. El día que yo escuche a un docente argentino decir que sus estudiantes son muy exigentes, ¡voy a llorar de la alegría!.

Sobre Comunidad y seguridad
1) El funcionamiento de los Consejos de Defensa de la Revolución. Los CDR existen cada 2 o 3 cuadras. Están integrados por tres personas: el presidente, el encargado ideológico, social y cultural, y un encargado “policial”. Los CDR tienen muchísimas funciones, desde implementar distintos tipos de políticas públicas ─sanitarias, educativas, ambientales, etc.─ hasta la organización de todos los festejos, carnavales, fechas patrias, entre otros. Una de las fiestas más espectaculares de Cuba es el “Día de los Consejos de Defensa de la Revolución”, el 28 de septiembre. Ese día, se puede ver una fiesta que ocupa todos y cada uno de los metros cuadrados de Cuba. Un cubano me explicaba que si uno tuviese que arriesgar una hipótesis de porqué Cuba es una de las ciudades más seguras del mundo (el robo en la calle, prácticamente, no existe), una de las razones principales sería la existencia de los CDR. Los consejos funcionan como un lugar de control, pero no a través de la vigilancia, sino de la construcción de comunidad. Recuerdo un ejemplo clarísimo sobre esto: caminaba junto a dos amigos por un barrio alejado de Santa Clara, llamado “América Latina”, uno de los últimos barrios entregados por el Estado bajo el sistema de “construcción y adquisición” (los trabajadores que construyen los barrios se quedan con las casas).Caminando por ahí, vemos que dos personas se empiezan a insultar en la calle (una situación que solo vi una vez en un mes y medio), se arrimanotras personas;los que se insultan, que parecen borrachos, se van acercando hasta tirarse una o dos piñas. En ese momento, todos los vecinos empiezan a gritar que los separen, que se los lleve cada uno a su casa, que ya viene el presidente del CDR. Inmediatamente unas 30 personas se meten de lleno en la pelea, separan a los dos que peleany, en menos de un segundo, todo vuelve a la calma. Cuando llega el presidente del CDR, escucho a algunos vecinos diciendo que no pasa nada, que se quede tranquilo, que está todo bien.

Algo sobre ese misterioso fenómeno llamado Socialismo
Vivir Cuba es una comprensión complejísima del socialismo. Lejos de poder definirse a partir de políticas de estado, políticas económicas o ideologías de estado, el socialismo cubano tiene todos sus matices y contradicciones en la vida cotidiana, esto no es una gran intelección, es el punto de partida más obvio para intentar decir algo.

1) Uno de los mayores esfuerzos fue tratar de comprender y poder diferenciar entre una pobreza material real y la autopercepción cultural de la pobreza. Esto significa ─en mi experiencia de haber compartido la vida cotidiana, viviendo en casas ilegales con familias en situaciones de mucha “pobreza”─ que su pobreza es, lisa y llanamente, la incapacidad de acceder a un mercado tecnológico, a un mercado de bienes de consumo de lo más superfluo: teléfonos celulares, televisores, motos, viajes, etc., etc.,etc. En esas situaciones de pobreza, no hay hambre y hay educación. No obstante, el cubano vive esa situación a partir de una comparación extremadamente ficticia con un polo magnético opuesto, fantasioso e irreal llamado “la Cuba Miami”. El cubano “pobre” no sabe de la pobreza en África y Asia, de la pobreza en Latinoamérica, no sabe del hambre en el mundo, solo sabe de “su pobreza” y de que todo lo que hay afuera de la isla es Miami. Es muy interesante, a este respecto, haberme cruzado con la historia de muchos cubanos que se han ido y han vuelto a Cuba completamente asombrados del desastre que es el mundo “fuera de la isla”. No obstante, esas historias no circulan en el imaginario social, allí solo se encuentran las del sueño cubano del progreso. Es muy difícil comprender esa autopercepción y la forma en que la viven los cubanos, y realmente no interesa hacer una reflexión moral sobre ella. Pero si uno lo piensa en términos sociológicos, yo me animaría a decir con total tranquilidad que la división de clases no genera tantas contradicciones sociales como las autopercepciones de pobreza, identificadas en una alienación material. En pocas palabras, la identificación social como “pobre” genera mucha más reacción y lucha que el sentimiento de explotación (capitalista-patronal-colonial-etc.). Incluso, es muy poca la gente que puede hacer la conexión entre las causas de su pobreza y el capitalismo. De aquí, me he llevado una pregunta fundamental, a mi juicio: ¿Cómo pensar la explotación (colonial-capitalista-clasista) en micro-regímenes de identificación en identidades marginales? ¿Cómo entender la relación entre pobreza y explotación en términos de autopercepción? ¿Sigue siendo la explotación laboral un aglutinante de conjuntos sociales?
2) Hay muchas razones por las cuales no se entiende el socialismo en Cuba, pero la mayor, la más trascendental y visceral, a la vez, tiene que ver con los límites humanos de nuestra actual comprensión de las relaciones sociales, me refiero a la incapacidad (existencial, corporal, ética, sexual, humana) de pensar como comunidad y comprender un sentido radical del cuidado del otro. La calidad de vida de un país no debería medirse por el bienestar de la mayoría, sino por la falta de malestar en los más necesitados, este sería un índice bastante interesante para pensar el socialismo. Digamos algo así como: comparar que tan mal están los pobres y marginados de Cuba con los de otros países. Sobre esta idea y de una encuesta hecha a fines de 2015, me contaba en La Habana una periodista del Granma. La encuesta, hecha a nivel nacional y que estaba en relación a la “apertura de Cuba”, comenzaba con una serie de preguntas sobre la actual situación de Cuba y sobre ciertas críticas y mejoras en la revolución. El porcentaje de personas que querían un cambio estaba por arriba del 70%, pero, a la pregunta por un cambio de Régimen, la mayor parte de la gente respondía negativamente. Ahora bien, la periodista del Granma hacía una reflexión de una sencillez y una lucidez descomunal sobre esto.Me decía que, a pesar de las muchas críticas a la revolución, todavía no se había perdido una idea central en la sociedad: “Cuando nos preguntan si queremos estar mejor, siempre decimos que sí, pero lo que nunca te dicen los de afuera es que frente al socialismo cubano, no habría un capitalismo suizo, un capitalismo europeo, un capitalismo justo, habría un capitalismo cubano, y eso significaría el fin de Cuba, la caída estrepitosa en una desigualdad sin precedentes, un desastre económico y social, por eso la opción nunca es entre socialismo o capitalismo, es entre socialismo cubano del ʻprimermundoʼ o capitalismo cubano del ʻtercermundoʼ”.

Sin conclusiones
Para nosotros, es imposible hacernos la pregunta por la elección entre una Argentina socialista o una Argentina capitalista. Solo conocemos la segunda, y hoy estamos más lejos que nunca de la primera. Si pudiésemos transitar algo, una experiencia mínima, de las muchas que se viven en la Cuba cotidiana, la que construyeron accidentalmente el Che y Fidel, tal vez, nosotros también pudiésemos decir con seguridad que sí, que queremos estar mejor, pero a conciencia de que el “capitalismo argentino del tercer mundo” nunca es una opción.


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