Grandes proyectos se hacen con la técnica de los mosaicos: mínimas piezas son colocadas pacientemente para que enormes objetos se formen y para que con esfuerzo y constancia, los límites de lo posible se corran.

 

Como un piloto que hace “horas de vuelo” pero en una silla fija y sin una ruta establecida, así, cientos de jóvenes hicieron sus horas de vuelo con pequeños mosaicos: carrera de grado, maestría, doctorado, post-doctorado, ponencias, investigaciones, tesis, grupos de estudio, capítulos en libros, docencia, etc. Pero el mosaico que arma este enorme recorrido puede ser incluso más pequeño: esos mosaiquitos son horas y horas y horas de leer, escribir, viajar, discutir, pensar, conseguir libros, aprender idiomas y otro etc. Solo así se puede entender que los becario/as e investigadores/as siempre lleven bananas o tuppers en sus mochilas. Pasan el día en diferentes lugares, institutos e Universidades haciendo, con muy pocos recursos lo que cualquier trabajador: trabajar.
Ayer, 23 de diciembre, los becarios aspirantes a la carrera de investigador del Conicet junto a los investigadores, los demás becarios, estudiantes universitarios –en agrupaciones y en solitario- participaron de una Asamblea, sin dudas, histórica pero cuyos resultados deben ser puestos en perspectiva de largo plazo.
En el Acta firmada por Alejandro Ceccatto y Lino Barañao -en representación del Conicet y del Ministerio de Ciencia y Tecnología- y por ATE y agrupaciones de investigaciones y becarios -Jóvenes Científicos Precarizados, Científicos y Universitarios Autoconvocados, CONADU, CONADU Histórica y Becarios Empoderados- se pactó la prórroga de beca a 343 postulantes a la carrera de investigador recomendados y no seleccionados –que ya tenían alguna beca- y se puso a disposición becas extraordinarias para 107 postulantes recomendados y no seleccionados que actualmente no tuvieran una beca Conicet.
Sin dudas que es un logro que las 508 personas que estuvieron trabajando por años y que se iban a quedar sin nada, tengan por lo menos una beca, sea prorrogada o no. Y, más aún, fue un logro de los que se desgastaron en la toma del Conicet, negociando, denunciando, etc. Pero no nos engañemos y llevemos las discusiones hasta el fondo: celebrar esto sería aceptar las múltiples inventivas del Estado para ser el principal empleador irregular, a través de figuras como las becas, las pasantías, los eternos contratos en relación de dependencia renovables (o no), las locaciones de servicios, etc. y para ser el principal evasor de sus propias normativas.
El Estatuto de la carrera de Investigador Científico y Tecnológico que establece la Ley 20.464 de 1973 dice claramente que el primero de sus derechos es la estabilidad, además del derecho a desarrollar sus investigaciones en el clima de libertad académica creativa y la plena autonomía en el ejercicio de su disciplina, sometida tan sólo a las exigencias propias de los niveles de experiencia que hubieran alcanzado (artículos 1 y 27).
Y cualquiera que trate de escribir, estudiar, dar clases o investigar sabiendo que a la vez debe pelear por su fuente de trabajo, por la desvalorización de su salario, por el contenido de sus investigaciones, etc. sabe que se vuelve extremadamente difícil, por no decir imposible.
Entonces, la distancia entre 508 investigadores y los 508 ahora becarios que no tienen un salario sino que tienen una “beca estímulo” –ironía de las etiquetas porque pocas cosas estimulan menos que esos montos-, que no tiene vacaciones, ni sueldo anual complementario, que no tiene cargas sociales ni estabilidad es abismal.
Además, esos 508 ahora becarios se postularán razonablemente para la convocatoria del 2017 para ingresar a la carrera de investigador, con lo que un candidato que asiste a la convocatoria por primera vez deberá competir con el doble de la cantidad de postulantes usuales. Y, si las autoridades de conicet y gubernamentales en general continúan con la política de recorte que viene azotando a los estatales, lo mismo se produciría sucesivamente, año tras año, precarizando aún más la situación de nuestros investigadores.
Otro punto del Acta es la intención de que los 508 ahora becarios se incorporen a instituciones –organismos nacionales de ciencia y técnica, Universidades Nacionales, empresas públicas o empresas con participación estatal- con una remuneración equivalente a la de investigador para la que fue recomendado, “propendiéndose a generar condiciones similares a la carrera de investigador”.
Sin duda que los 508 ahora becarios que no iban a tener nada de nada valorarán la perspectiva de realizar sus investigaciones aunque no sea en el lugar en el que corresponde y para el que trabajaron.
Pero no nos engañemos nuevamente: si las razones que se alegan para achicar el conicet son presupuestarias, entonces ¿qué gana la patronal con esta reubicación de trabajadores en otras dependencias que también se solventan con el presupuesto del Estado? ¿Qué significa esa promesa de “propensión”?
En pocas palabras, esto es una medida de desarticulación de un conflicto sindical. Porque, quizás sea mejor decirlo directamente, este es un conflicto sindical y hasta epistemológico. Nada tiene que ver la filiación política de los investigadores sino que se trata de discutir si queremos generar nuestro propio conocimiento o si vamos a aprovechar los viajes al exterior para comprar, de paso, ideas ajenas.
La discusión es sobre qué lugar ocupan el conocimiento y el trabajo entre las prioridades estatales y si la sociedad está dispuesta a defenderlos cuando son atacados.
La “propensión” es una deferencia y esta lucha es sobre los derechos. Por eso no hay Navidad para los conicetos ni para nadie. Porque si no hay derechos para unos, deberíamos aceptar que ninguno los tuvo nunca.

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