Las personas, en cualquier época histórica, han intentado llegar a lugares que la conciencia oculta de diversas maneras. Dentro de las tantas búsquedas en las que se encauza el ser humano, las lecturas de aura son una herramienta, una puerta de acceso, hacia lo que aún no tenemos claro sobre nosotros y nuestro presente.

Escuchar y escucharse entre chakras y mensajes

La precursora de esta herramienta es Angelina Ataide, vive dentro de una eco-comunidad en Piracangaga, Brasil. Actualmente, hay centros de lecturas de aura en Córdoba, llamado Buda Traslasierra, en Uruguay, y también se realizan encuentros en distintos puntos de Argentina y del mundo.

Luego de un largo recorrido por diversos ámbitos para trabajar temas personales y de tratar de conectar y encontrar algún tipo de respuesta, muchas personas llegan a las lecturas de aura por cierta curiosidad o expectativa sobre estas.

Algunas de las preguntas que las personas suelen hacerme cuando escuchan que realizo lecturas son: “¿Es eso de los colores?”, o “¿Podés verme el aura ahora? En ese momento, comienza mi relato como lectora, que resumo a continuación.

El Aura es el nombre que recibe el campo energético que rodea el cuerpo físico, esta energía afecta toda nuestra vida: nuestra forma de pensar, de vivir y de lidiar con muchas situaciones diferentes. En el aura, se registra todo lo que nos sucede en esta vida y en otras pasadas. Las lecturas de aura permiten llevar al plano consciente lo que el espíritu del individuo manifesta en el presente, es decir, las lecturas no predicen hechos futuros ni dan “recetas” para solucionar problemas o cambiar algo en tu vida, solo describen y brindan claridad.

Esa descripción se realiza pasando por los distintos chakras centrales que evocan diversas imágenes, sensaciones, emociones, que el lector transmite a la persona con mucho afecto. La persona que es leída, relaciona las palabras del lector con hechos de su vida: sensaciones, recuerdos, vínculos. Por ejemplo, esta fue la lectura de un primer chakra: “Veo un símbolo que tiene tres rombos alineados de forma vertical en un eje cartesiano. Están trazados de manera simétrica. El eje se encuentra dentro de un círculo, como si fuera un mandala. Ese símbolo está representando tus fortalezas interiores. Una la heredaste de tu mamá, otra de tu papá y la tercera no sabés de quién. Para vos, funciona como un amuleto”. La persona leída puede relacionarlo con situaciones de su vida en las que forjó ciertas virtudes de sus padres, y que tal vez no valoraba o  no las veía.

Las lecturas no se tratan de una charla, sino de un momento de escuchar y sentir. Cuando la persona intenta generar un diálogo, se activa la parte racional del ser humano (ego) y así se entorpece la lectura, cargándola de racionalismo y complejidad. Es necesario ser consciente de que se trata de la lectura de la energía propia y que solo basta con escuchar sin intentar comprender lo que está aconteciendo. Cuando la escucha sucede de este modo, todo se brinda de manera muy simple, natural y clara.

Hay varios tipos de Lectura de Aura: generales del momento presente, temáticas (algún asunto específico), de relaciones (pareja, amigos, familiares), de bebés (se lee el aura desde la gestación).

Muchos son los que, luego del relato, se entusiasman y quieren una lectura, pero pocos los que se vuelven a comunicar e intentan agendar un encuentro. Eso se puede entender como una barrera para hacerse un tiempo y encontrarse con uno mismo en otro ámbito, o simplemente no era el momento para escucharse de esa persona. Al concebirnos como seres espirituales, todo es comprendido dentro del plano energético, nada es casual, sino causal.

 

Relato de mi recorrido hacia adentro  

Estamos en una época en la que nada de lo que tenemos a nuestro alrededor alcanza para entender qué nos sucede como individuos ni como sociedad. Considero que hay diversos caminos de búsqueda, de reflexión, de intento de comprensión, y diversas herramientas, tanto teóricas como prácticas, para que los individuos vayan entrando en contacto con otra forma de ver y de estar en este mundo.

Algunos apuestan a la terapia psicológica en sus diversas formas, otros buscan espacios holísticos, otros charlan con amigos. Pero todos tenemos esa curiosidad por saber qué nos pasa en realidad, por qué actuamos de determinada manera, por qué nos pasan ciertas cosas, por qué repetimos ciertas situaciones o patrones, aunque parezca muy sencillo saberlo. Parece que estamos disociados: actuamos, pero no sabemos por qué; sentimos, pero no sabemos qué.

La cuestión de la energía siempre me llamó la atención, pero no sabía qué buscar, qué leer, qué hacer. Comencé por yoga, indagué en el budismo, en la meditación; practiqué  Tai-Chi, fui probando distintas cosas. La sensación de mover energía, a veces, parecía real y otras, creía que la imaginaba, era un acto de fe.

Llegué al reiki hace tres años, durante la iniciación, fortalecí ese acto de fe: hay algo más.

Durante una charla profunda con mi actual compañero, empecé a percibir sensaciones e imágenes de su infancia que él no me había relatado, descripciones de estados de ánimo, que él nunca había puesto en palabras anteriormente. Entre desconcierto y sorpresa de ambos, afirmamos que eso no pertenecía al plano racional claramente. Sentía que solo me pasaba con él. La puesta en duda de lo que no encaja en la mente no me permitía saber que se trataba de una lectura de energía, cuya existencia desconocía.

Una mañana, un amigo, buscador inquieto como yo, me comentó que había un grupo de chicos por Villa Urquiza que hacían lecturas de aura a colaboración. No dudé, les escribí por FB para que me pasen la dirección, y el siguiente domingo fui.

Si bien las lecturas son individuales, los chicos estaban en su período de prácticas ya que habían finalizado el primer nivel, y hacían lecturas para afianzar la técnica y armaron grupos. Las lecturas grupales se hacen de uno o dos chakras y, en general, la energía corresponde a todos. Con lo cual, si a una persona del grupo le están leyendo, el mensaje, seguramente, resuene en todas las personas del grupo.

Cuando llegó mi turno, todo lo relato era tal cual mi vida y mi presente. Tuve una mezcla de emociones: miedo porque sí había algo inmaterial; sorpresa; ganas de llorar, porque no podía creer que alguien que no sabía nada de mí me describiera con tanta certeza. Cada palabra, cada imagen tenían tanta dulzura que la movilización venía desde la sorpresa y no desde el miedo a algo “oscuro”, como suele circular dentro de los ámbitos espirituales. A partir de ese momento, ya no había lugar para las dudas: la energía, o como cada uno quiera llamarla, existía.

Participé de varias lecturas, realicé un curso sobre la Meditación de las Rosas (requisito previo para hacer el primer nivel de lecturas), y luego hice el curso para comenzar mi camino como lectora.  Me costó decidirme, pensaba en el costo del curso, en la desconfianza de estar 8 días desconectada del mundo. La mente actuaba perfectamente, activaba los miedos, las excusas, los “peros”. Sin embargo, pasé ese momento, fue intenso: mucho aprendizaje personal y mucha comprensión tanto mía como de las personas en general. Salí del retiro con ganas de que todos recibieran una lectura de aura. 

Las personas que leí se sintieron con mucha paz luego de la lectura, se emocionaron y lograron verse con más claridad.


Puede descargar Relatos sobre uno mismo: lecturas de aura - Andén 86 en formato .pdf