La ingesta de bebidas alcohólicas y sus efectos no suelen resultar un misterio para la mayoría de la población adulta. En torno a este hábito, existen un grupo de pequeñas reglas o consejos que circulan de boca en boca desde tiempos inmemorables. Es posible que llamarlos mitos pueda resultar algo exagerado, sin embargo, las razones científicas detrás de estas conductas no suelen ser conocidas por aquellos que no dedican su vida al estudio de las ciencias de la salud.

Para poder comprender estos argumentos es necesario primero conocer algunos conceptos básicos respecto a la fisiología humana con relación al alcohol. La intensidad de los efectos del alcohol depende de la concentración que alcanza en sangre (alcoholemia). Frente a una misma ingesta, hay numerosos factores que pueden aumentar o disminuir la alcoholemia y esa es la base de la mayoría de los mitos. Normalmente el pico más alto de concentración se da entre los 30 y 90 minutos posteriores a la ingesta, y luego tarda entre 8 y 10 horas en eliminarse completamente. Cualquier alteración o anormalidad en los sistemas de absorción o excreción tendrá consecuencias sobre la alcoholemia. Si bien el alcohol puede ser absorbido de muchas formas, incluido el solo contacto con la piel y las mucosas, el mayor ingreso se da en forma oral. Dentro de lo que ingresa por esta vía, aproximadamente el 80% se absorbe a nivel del duodeno (intestino delgado) y el 20 % restante en el estómago. Esto significa que, el intestino es el mayor regulador de la dosis que ingresa a la circulación. Por otro lado, también se tienen que considerar los mecanismos a cargo de la depuración del alcohol. El hígado y los riñones son los principales órganos responsables de su eliminación a través de la metabolización y la excreción. Adicionalmente, en menor medida, este compuesto también se elimina en el aire espirado, la saliva, el sudor, la bilis y la leche materna. Es por esto que a veces no se requiere más que del olfato para poder estimar la borrachera ajena.

No se debe tomar con el estómago vacío. Nadie duda de que esto es cierto. Consumir alcohol sin comer suele tener resultados catastróficos o por lo menos vergonzosos. La razón de esto es que, por su estructura química, parte del alcohol se adhiere a las grasas, de modo que al acompañar el trago con el alimento se retrasa la absorción de este compuesto alcanzándose un menor pico máximo de alcoholemia. Es válido recalcar entonces, que el consejo solo es correcto cuando se refiere a alimentos ricos en grasas o aceites.
Las burbujas se te suben a la cabeza. Una frase muy escuchada que se refiere a las bebidas alcohólicas gasificadas o combinadas con gaseosas. Cuando se consumen estas bebidas el efecto es mayor que al consumir el mismo volumen de una bebida alcohólica de igual graduación, pero sin gas. La razón detrás de esto es que el gas induce la distención del píloro, la válvula que regula el pasaje del contenido gástrico del estómago al intestino. Consecuentemente el alcohol llega más rápido al intestino, donde se da la mayor absorción y de ese modo se alcanza un pico en sangre más alto, y por ende efectos más intensos.
Las mujeres son más baratas o flojitas a la hora de tomar. Si bien esto también depende de un conjunto de factores, dentro de los que se destaca la frecuencia con la que se toma, el sexo biológico también influye. En el estomago hay una enzima que comienza a metabolizar el alcohol, esto implica que aquello que es metabolizado en el estómago no alcanza la sangre. Esta enzima generalmente tiene mayor actividad en individuos de sexo masculino otorgándoles mayor resistencia. En forma similar, es común que personas de origen asiático sean más susceptibles a los efectos desagradables del alcohol (rubor, palpitaciones, náuseas, dolor de cabeza, taquicardia, etc.) por tener una deficiencia en la enzima aldehído deshidrogenasa, la cual es fundamental para metabolizar el ácido acético que se genera como metabolito del alcohol.
El alcohol no es una droga de abuso. Es muy común que se piense que al ser legal su consumo por parte de la población adulta (en la mayoría de los países), el alcohol no sería una droga de abuso. Esta creencia es falsa. La definición de droga de abuso implica la generación de una adicción. Esto implica la toma compulsiva, el desarrollo de tolerancia (es decir que con el tiempo se necesita beber más para obtener el mismo efecto) y la dependencia, con el consecuente síndrome de abstinencia frente a la retirada abrupta del consumo. El alcoholismo como todas las adicciones es considerado por la OMS una enfermedad y debe ser tratado de ese modo.
El alcohol es una sustancia estimulante. Si bien las primeras sensaciones que produce pueden hacernos creer que se trata de un estimulante, en realidad el alcohol es un compuesto depresor del sistema nervioso central y es por eso que en exceso genera efectos, como perdida de la coordinación, la conciencia e incluso el paro cardiorrespiratorio. Cuando se combina el alcohol con compuestos estimulantes, en una primera instancia los efectos de ambas sustancias se contrarrestan y muchas veces la persona por no sentir esos efectos continúa consumiendo. Luego de un tiempo, los estimulantes pasan a tener efectos depresores y al sumar esos efectos con los del alcohol es cuando se pueden dar situaciones peligrosas.
Mezclar sandía con vino puede ser mortal. No hay ningún tipo de justificación científica que soporte este mito. Facundo Di Génova publicó en Ciencia que ladra el probable origen de esta creencia. El consumo de vino con sandía puede tener un efecto vasodilatador al formarse nitroglicerina a partir de la glicerina del vino y el aminoácido L-arginina de la sandía. Generalmente una ligera vasodilatación no se asocia a riesgo de muerte, pero sí puede ser relacionada a un efecto afrodisiaco. Se cree que tras una serie de violaciones ocurridas en un monasterio en el siglo XIX la iglesia concluyó que la causal de estos actos era la inclusión en la dieta de la mezcla de sandía con vino. Más allá de la veracidad de esta historia, está más que claro que ni un vasodilatador hace violadores ni la sandía con vino puede generar más que una indigestión.

 

Por eso, ya saben: a tomar con reflexión. No sea cosa que les caiga mal cuando celebren en nombre del dios del vino.


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