Roberto Arlt, reconocido escritor argentino nacido el 2 de abril de 1900 y fallecido el 26 de julio de 1942, tuvo sus comienzos como periodista del diario El Mundo con sus artículos famosos denominados ‘Aguafuertes’ de 1928 a 1933, alternando con la creación de sus novelas, entre las que se encuentran las más conocidas El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931). Para la escritura de sus novelas se valía de tres elementos: la parodia, caricatura e ironía que buscaban estimular al lector y le propone un estudio de sí mismo en cuanto a su propia realidad y su actitud política.

En 1930 y a partir del contacto con Leónidas Barletta y su grupo el Teatro del Pueblo (fundador del Teatro Independiente aquí en la Argentina), Roberto Arlt modifica su escritura para amalgamarla con el proyecto de dicho grupo. El grupo de Barletta tomaba como modelo a los europeos Pirandello y Strindberg y el norteamericano O’Neill y su propuesta tenía cuatro características nuevas respecto del teatro anterior: la idea de movimiento, como lucha por la cultura y conformación de un teatro de arte; activismo por parte de sus miembros organizados en grupo; antagonismo a la tradición anterior; y nihilismo que negaba el teatro anterior.
Para Arlt el teatro argentino era algo que estaba en creación y con el grupo de Barletta encontró un correlato escénico para sus obras: un grupo teatral, un director que orientaba y un costado militante del teatro.

Así comenzó a escribir obras teatrales que mezclaron el expresionismo subjetivo, más cercano a su escritura novelesca, y el realismo, pregonado por el Teatro Independiente. Sus textos eran casi confesionales, donde un protagonista, un personaje central contradictorio, buscaba romper con su pasado y con un grupo social pero que siempre acaba por fracasar. Dentro de sus obras más conocidas podemos destacar a Trescientos millones (1932), El fabricante de fantasmas, y a partir de 1936, con Saverio el cruel y más adelante en 1940 con La fiesta del hierro se agudiza su intención política.

La fiesta del hierro.

La obra La fiesta del hierro, la cual es un claro ejemplo del teatro que Roberto Arlt buscaba: “hacer teatro es mi modo de plantearle problemas a la humanidad”. Sin embargo no sólo buscaba generarle problemas al público, sino que pretendía respuestas. Soluciones que provinieran de ellos mismos.

A partir del comienzo de la obra se nos revela que Don Carlitos, empleado en una fábrica de cañones, mantiene relaciones con Mariana, la esposa del Sr Grurt dueño de la empresa. En un descuido son descubiertos y fotografiados por el pequeño hijo del jefe llamado Julio, quien convence a Ambrosio, empleado de la casa, para chantajear a Mariana. El fotógrafo encargado del revelado de las fotos de Mariana y Don Carlitos va a reunirse con el presbítero del lugar porque teme dañar al matrimonio con éstas pruebas. El presbítero en un rapto de egoísmo y búsqueda de éxito personal, se aprovecha de esta situación para pedir dinero y poder construir la torre tan deseada para su iglesia.

El día del festejo del aniversario de la fundación de la fábrica, aparece el ídolo del dios Baal Moloch, mandado a construir por Don Carlitos e ideado por el Fauno una proyección de los sentimientos internos más crueles que los personajes no se animan a denominar por sí mismos: la codicia, la avaricia, el egoísmo o los celos. Julio, que refina su plan con Ambrosio, decide esconderse dentro de la estatua para poder sacar más fotografías. Mientras, llegan los obreros a sellar el ídolo, quedando Julio dentro de él y siendo Ambrosio el único que sabe el escondite del niño. Habiéndose enterado del intento de chantaje de Ambrosio por el cura, Mariana decide hablar con él acerca de las fotografías que ha mandado a revelar. El empleado temiendo ser despedido calla bajo la amenaza de la mujer el hecho de que Julio está dentro del ídolo.
Llega entonces la inminente fiesta del hierro en forma de ritual al dios Baal Moloch: coro de hombres y mujeres, ofrendas rendidas por los invitados, carne y sangre de ovejas sacrificadas por Grurt Armstrong y Mariana, dinero arrojado al fuego, todo  para que se anuncie la guerra pronto. Ambrosio no resiste más la culpa y decide confesar que el niño Julio está dentro de Moloch; a la par de este anuncio, estalla la guerra, significando una contradictoria prosperidad tanto para la familia como para el resto de los empleados. Baal Moloch ha cumplido su promesa.

Los personajes, y en especial Carlitos, son conscientes y sinceros, y se dan cuenta de su condición y cuando sucede esto, buscan cambiar su estado de inferioridad. Para esto, durante toda la obra, se van dando diferentes pactos entre ellos que complejizan las relaciones y también agilizan la historia de la obra en sí.  Sin embargo, sabemos que siempre los personajes fracasan. Esto tendría que hacerle reaccionar al público, de manera que no repita los mismos errores que Carlitos o cualquier otro personaje de Arlt.

Con ésta obra Roberto Arlt, de alguna manera, intenta dar cuenta de las individualidades que regían al mundo de la época y también, por supuesto, a la Argentina. Al plantear este problema, pretende que los lectores revean sus acciones en el mundo real.

Por esto mismo, la pieza (ésta y también el resto de sus obras) podría ser considerada actual, pues los problemas que pretendía plantear Arlt buscaban como solución que la sociedad reflexionara sobre su propia existencia y así buscara revertir la creciente individualidad y egoísmo que acontecía. Esto es tan vigente que pareciera que Arlt estuviera rescribiendo sus piezas el día de hoy