¿Es la obediencia un valor absoluto? ¿Hay que tener valor para obedecer, o para desobedecer? Pensar estas últimas dos preguntas ayudará a responder la primera. Hay obediencia debida, indebida, ¿adebida?, ¿defaulteada? Me gustaría que lean este artículo. No es una orden…

Obedecerás al orden establecido
Cuenta la historia bíblica que Abraham obedecía ciegamente a “Don Barbosa” hasta el punto de que casi mata a su propio hijo. Muestra máxima de obediencia y de fe. No hace falta mucha imaginación para pensar cómo este hecho puesto de ejemplo para seguir pudo influir en millones de actos de “obediencia debida” para justificar atrocidades. Porque, en este caso, no solo se trata de un “obedecer al jefe” sino “a Dios”, quien además, según la misma triste historieta, decidía el poder político a través de las autoridades.

Tremendas transitividades que no hacen más que frenar la evolución y mantienen el “orden” establecido. Es decir, inventan un dios que, sin dudas, estaría evitando la evolución de su propia creación, a quien además se debe querer y adorar, sino estás perdido. Debemos adorar, alabar, amar a quien nos creó para castigarnos, si no le obedecemos ciegamente.

También, entre los modos de garantizar ese orden, los mandamientos mencionan que los hijos deben honrar a su padre y a su madre, pero, nada dice de los padres respecto de los hijos, salvo que sus padres, si hieren los celos de dios, harán que paguen sus descendientes hasta la cuarta generación. Mucho más podríamos decir de la descripción que se hace en  Éxodo 20; 1-17.

Varios sabrán de los relatos sobre el desafío permanente por parte de Jesús al sentido de la ley para cambiar el foco de la cuestión. El tema de hacer pisar el palito a los que critican para poner en tela de juicio las prioridades, las formalidades. Su principal discurso fue un llamado a las bienaventuranzas, no una lista de amenazas de castigos. De todos modos, la principal institución religiosa que predicó y predica sus enseñanzas estuvo siempre formando parte de la defensa del orden establecido y de crímenes aberrantes en nombre de Dios. Pese a que el mismo Jesús fue asesinado por el orden institucional.

En un mundo que avanza aceleradamente en sus conocimientos, pero que, claramente, no muestra, mayoritariamente, querer ponerse a resolver gravísimos problemas que provocan gran sufrimiento evitable y una destrucción ambiental que puede ser irreversible, y donde muchos líderes, referentes, intelectuales, muestran enorme mediocridad y cúmulos de contradicciones, la obediencia ciega, inevitablemente, empeora el cuadro.

Los desobedientes
¿Dónde estaríamos hoy si la obediencia hubiera sido acatada en su totalidad a lo largo de la historia?

Dijo Oscar Wilde: «La desobediencia, a los ojos de todo el que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre. Al fin y al cabo, el progreso humano se ha hecho posible a través de la desobediencia; gracias a la desobediencia y a la rebelión».[1]

Fromm, desde otra perspectiva, planteó esta advertencia: “Si la capacidad de desobediencia constituyó el comienzo de la historia humana, la obediencia podría muy bien provocar el fin de la historia humana”.[2]

Tanto se habla de las futuras generaciones y, qué poca importancia se da a garantizar la sustentabilidad de la vida. ¡Cuánto verso en esas frases ornamentales! Mucho lema y pocas nueces. El mismo Fromm expresó: “Hay que tener en cuenta siempre el peligro de la palabra hablada, que amenaza con sustituir a la experiencia vivida.”[3]

Siguiendo un poco con temáticas planteadas, por ejemplo, en otro artículo que escribí para Andén, “Mitocracia”[4], vuelvo a destacar que el pensamiento científico es fundamental a la hora de analizar la realidad. Las frases huecas o los sofismos solo llevan a beneficiar a sus promotores.

Podría hacer referencia a reconocidas personas que han planteado el tema obediencia. Y aprovecho la situación para insistir en que tampoco debe de haber obediencia a la “palabra autorizada”. Muchas veces se hacen referencias a ciertas frases referidas a la lectura, que vale la pena aclarar…, pues… la lectura por sí sola puede ser nociva si no va acompañada de una mirada crítica.

Muchos autores puedo tomar como referentes y eso no quiere decir que comparta su mirada total. Creo que sería un imposible. Así tuviera muchas coincidencias e incluso admiración por la persona, nunca debo leer un texto para llenar mi memoria con conocimiento garantizado. Como decía mucho en charlas, en particular en el aula: “Yo podría estar equivocado o mintiéndoles, es necesario que piensen por ustedes mismos y saquen sus propias conclusiones”. Y las conclusiones no tienen que ser necesariamente definitivas −método científico− porque al encontrarme con más datos de la realidad y profundizar en el análisis puede modificarse la teoría. A diferencia de los que dicen una cosa y después otra por conveniencia.

Por ejemplo, citaré una vez más a Paulo Freire, con quien tengo grandes coincidencias en lo pedagógico (generalmente hago referencia a Don Paulo en este sentido), pero también enormes diferencias políticas, como, por ejemplo, con el siguiente texto suyo: “He aquí un problema decisivo en la fase actual del proceso brasileño: lograr el desarrollo económico como base de la democracia, del cual resulte la supresión del poder inhumano detentado por las clases muy ricas que oprimen a las muy pobres, y hacer coincidir ese desarrollo con un proyecto autónomo de la nación brasileña”.[5]

 Aquí, entre otras cosas…¿De qué democracia real se puede hablar con solo suprimir el poder inhumano que detentan “los más ricos” sobre los “más pobres”?

Es este el planteo de conciliación de clases (que incluye proyecto del cirquense pacto social) y el objetivo ambiguo y contradictorio de “capitalismo pero no salvaje” que tienen, por ejemplo, la Iglesia Católica y los partidos políticos, como el peronismo y otros etiquetados como de centro izquierda o centro. Mientras que yo aspiro como objetivo a la eliminación de las clases sociales, para lo cual, lógicamente, hay que poner las energías en un proyecto autónomo de los explotados.

Henry David Thoreau escribió un famoso ensayo sobre la base de una conferencia realizada en enero de  1848: «Sobre la relación del individuo con el Estado». El texto se publicó al año siguiente, con el título “Resistencia al gobierno civil”. Bueno, famoso el escrito se hizo después de su muerte y con nombre cambiado: “Sobre el deber de la desobediencia civil”.  Thoreau, en julio de 1846, fue encarcelado por negarse a pagar impuestos a un Estado (tanto Massachusetts como La Unión) que sostenía la esclavitud y mantenía una guerra injusta con México (por la cual Estados Unidos se apropió, en plena etapa de su expansionismo, de la mitad del territorio mexicano). De dicho escrito comparto este párrafo:

¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida? Entonces, ¿para qué tiene cada hombre su conciencia? Yo creo que debiéramos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha dicho y con razón que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia.[6]

Por ahí debe ir necesariamente entonces la tarea.

Viene bien subrayar que es lógico que uno encuentre coincidencia, compatibilidad con la propia construcción del pensamiento, si varios están buscando por caminos similares, como ocurrió tantas veces en la historia de la ciencia. De ahí los “.ismos” pueden surgir naturalmente, por coincidencias. Tema para otro artículo, los “-ismos” no deben ser una barrera que anule la conciencia.

Los obedientes
La obediencia axiomática al Estado, a las órdenes, ya sabemos en que deriva y qué hechos históricos sostuvo. Incluso en sus páginas más tremendas, como aquellas jornadas de la Patagonia argentina en las que Varela cumplía órdenes. Pudo no hacerlo, o buscar algunos atenuantes a su conciencia, como los que Rodolfo Walsh planteó como una simple posibilidad, por las decisiones que tomó el fusilador Rodríguez Moreno, en el caso de los basurales de José León Suarez, en junio de 1956, cuando siete de sus doce apresados se escaparon. Varela mereció así las felicitaciones, acuñadas en aquellas palabras de Ibón Noya, Presidente de la Sociedad Rural de Río Gallegos, el 1 de enero de 1922: “El recuerdo de vuestra actuación en el territorio ha de perdurar en los habitantes como una enseñanza de lo que son capaces los hombres que se inspiran en el cumplimiento del deber y en la grandeza de la patria”7.

Mil quinientos de nosotros fueron masacrados, y ni un preso, ¿no es clarísimo? Y el presidente era Yrigoyen…

No fueron las instituciones  del sistema democrático burgués, obviamente, quienes juzgarían a Héctor Benigno (qué irónico nombre) Varela, sino el jugadísimo anarquista alemán, Kurt Gustav Wilckens. Tal como Simón Radowitzky hizo con Ramón Falcón, militar que además de estar en la Campaña del Desierto, estuvo, como jefe de policía, al mando de varias trágicas represiones a obreros, como la de la Semana Roja de 1909 (no confundir con la Semana Trágica de 1919, época de Yrigoyen). A Radowitzky, tras ir preso varios años (fuga incluida) le dio la amnistía −las vueltas de la vida− Yrigoyen. Por supuesto, Kurt Wilckens también fue juzgado, porque también transgredió las leyes del orden y fue a la cárcel donde fue asesinado. Dijo Kurt:

No fue venganza; yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él era todo en la Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intenté herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal. ¡Pero la venganza es indigna de un anarquista! El mañana, nuestro mañana, no afirma rencillas, ni crímenes, ni mentiras; afirma vida, amor, ciencias; trabajemos para apresurar ese día”.

Unos meses después dejaron ingresar a la cárcel donde estaba al oficial de policía y miembro de la “Liga Patriótica”, Jorge Pérez Millán Témperley, a quién brindaron uniforme de carcelero y un fusil Máuser y asesinó a Kurt. Pérez Millán no fue a la cárcel por este asesinato. Lograron que no fuera ni imputado. Para su propia seguridad, fue al Hospicio de Vieytes, a cumplir una reclusión de ocho años, sobre la base del siguiente informe médico (como frutilla del postre de las barbaridades del sistema): Pérez Millán padece de delirio sistematizado de persecución de los degenerados. La historia siguió y Pérez no estuvo a salvo, fue asesinado por el interno que le llevaba el desayuno, Esteban Lucich, quien le disparó diciéndole:“¡Esto te lo manda Wilckens!”, cuando el patriótico leía una carta de su jefecito y amigo, Manuel Carlés, 

Difícil parar de hacer referencia a los sucesos de la Patagonia, parte de esa historia que debemos ver siempre de modo integral. Comparto este texto, parte de un llamado de huelga del Comité Pro Huelga de los trabajadores patagónicos en el que hacen, con mucha claridad, referencia al sentido de las leyes y calabozos que sufren como amenaza o como realidad en efecto:

“COMPAÑEROS: Crucémonos de brazos, tiremos nuestras herramientas de trabajo y que nadie se acobarde, pues es mejor continuar sufriendo hambre en común para conseguir nuestras justas reclamaciones que ir uno a uno a llenar los calabozos hechos para poner en salvo las rapiñas legalizadas de nuestros explotadores.

El sistema premia, aplaude, incentiva a su obediente ciego y castiga al desobediente. Punto, ¿o no es verdad que muchísimas veces el obediente es un deplorable obsecuente que solo está enfocado en su ombligo y el desobediente es quien se juega su pellejo por lo que considera justo? Y cuanto más peligro considere que dicha desobediencia pueda provocar a la clase privilegiada, esta intenta aplicar todo el brazo de su ley o incluso incumplirla para que el castigo sea mayor, si lo considera necesario. También, más allá de lo extorsivas que resultan muchas situaciones, se llega en tantos casos a una obediencia como resultado de una ridícula autocensura que va en contra de uno mismo y mayormente de muchos más.

La obediencia debida
Como país, vivimos hechos colectivos muy fuertes, los que muchas veces pusieron en el tapete el tema de la obediencia. Luego de la peor de nuestras pesadillas, después de una muestra enorme de reafirmación popular al “ni se les ocurra volver” en aquella semana santa de 1987, el gobierno radical de Alfonsín impulsó la ley de obediencia debida, logró la aprobación del Congreso y la promulgó en junio del mismo año. Después de, en las horas previas a la nochebuena de 1986, sancionarse la Ley de Punto final (ponía un límite de tiempo, salvo en los casos de robos de bebés, para iniciar nuevas causas, que al final fue de 60 días). Ahora, esta nueva ley disponía la extinción de acciones penales para quienes “cumplieron órdenes” (beneficiaba a los que no hubieran revistado como comandante en jefe, jefe de zona, jefe de subzona o jefe de fuerza de seguridad, policial o penitenciaria). Si eran otros oficiales superiores, les garantizaban impunidad, si no había resolución judicial antes de los treinta días de la promulgación (con el antecedente de la Ley de Punto Final). Durante el mismo gobierno de Menem, del  Partido Justicialista, que reafirmó la impunidad con los indultos en dos etapas (octubre del 89 y diciembre del 90), quien fue su Jefe del Estado Mayor General del Ejército Argentino durante los últimos poco más que ocho años, Martín Balza, hizo público un escrito el 25 de abril de 1995 en el que afirmó: “Delinque quien vulnera la Constitución Nacional. Delinque quien imparte órdenes inmorales. Delinque quien cumple órdenes inmorales. Delinque quien, para cumplir un fin que cree justo, emplea medios injustos, inmorales”. Y, en febrero de 1998 dijo, entre otras cosas: “Una orden no es una pregunta, una sugerencia, una insinuación o una invitación. Una orden tiene características compulsivas” (pero) “La obediencia instantánea que esperamos de nuestros subordinados, en la paz o en la guerra, es compatible con la negativa a hacer algo inmoral, porque sólo se debe ordenar y cumplir aquello encuadrado en las leyes de la nación y reglamentos militares”. “La obediencia ciega es inaceptable y no conozco ningún país civilizado que la haya adoptado”.

En definitiva, más allá de que es bueno poner el tema en discusión, confunde Balza al hablar de delitos, ya que el delinquir o no está determinado por las leyes. Es que todo se mezcla en el sistema y las contradicciones brotan por doquier. El tema del terrorismo de Estado es, por supuesto, para seguir profundizándolo. Considero que es importante explicar la falsedad del encuadre de la teoría de los dos demonios. Como anécdota, Menem falleció hoy, mientras escribo estas líneas, siendo homenajeado por tanta gente. Así, semejante personaje termina no solo libre, sino como Senador de la Nación durante sus últimos quince años de vida. Muere como parte del bloque de senadores del Frente de Todos. Muere con los “reconocimientos por los servicios prestados”. Una vez más queda expuesta toda la farsa. Él y todos sus cómplices quedarán en la memoria de la clase trabajadora, cuando logre esta su autonomía como clase, cuando pueda reconstruir su propia historia y se haga dueña, protagonista de su destino, sin seguir más los dictados paternalistas que impone, como una permanente trampa, la burguesía. Paternalismo que no la deja ser y la mantiene como objeto de uso, para beneficio burgués. Es cuestión de mirar la historia de las luchas obreras y ver lo que pasó. El sistema tiene distintas formas que se combinan para evitar perder la batuta. Y eso debemos verlo con claridad. Digamos, los mártires de Chicago tienen mucho más que ver con cualquier trabajador que tantos agitadores de banderitas celestes y blancas… Las cosas se mezclan para desviar adrede. Las fronteras son límites mentales que se necesitan superar.

Romper la obediencia impuesta como límite para sostener lo injusto
Es necesario, entonces, que el ser humano no vea en las leyes una limitación insuperable. El mundo es el desastre que es, con el sistema legal que tiene. No estoy diciendo que hay que hacer todo lo contrario de lo que dicen las leyes, por lo tanto, pasaré todos los semáforos en rojo, tiraré papeles por la calle… Estoy hablando de evolución. Estoy hablando de las millones de Rosas Parks[8] de la historia, de los revolucionarios que lucharon y luchan contra la explotación, la opresión.

Coincido con estos pensamientos de Eduardo Galeano y Manfred Max Neef, respectivamente:

“No creo que valga la pena vivir para ganar. Vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dicta que tenés que hacer y no lo que te conviene” [9]

Mi conclusión a estas alturas, de 77 años de acumulada juventud, es que…, si viven toda la vida haciendo lo que les conviene, es una vida bastante miserable. Ustedes no tienen que hacer lo que les conviene, ustedes tienen que hacer lo que tienen que hacer. Eso es lo único que les dará la satisfacción cuando lleguen a viejos… haber sido consecuentes consigo mismos… La gente que sabe exactamente para dónde va, es la que nunca descubre nada, porque se da lo que llamo la obsesión del punto fijo: estoy aquí y tengo que llegar allá, y en consecuencia, todo lo que hay entremedio se percibe como obstáculos que deben ser superados… Y es en esos presuntos obstáculos que está toda la aventura de la vida. Entonces me la paso con anteojeras en una vida pobre. El consejo es derivar en estado de alerta, y derivar no es dejarse llevar por la corriente.[10]

Ambos hacen referencia a que no es “lo que te conviene” lo que debe servir para decidir sobre nuestros actos, sino nuestra conciencia. Max Neef cuando dice a secas: “lo que tienen que hacer”, se refiere, a la praxis personal, relacionada con la conciencia. En realidad, más que expresarlo como  “lo que te conviene” yo diría “lo que crees o sentís que te conviene”, porque ni siquiera conviene. Acá va el tema de la estupidez autodestructiva humana…

La única forma de romper con el orden establecido que sabemos injusto es enfrentándolo. Con inteligencia, por supuesto. Hay que ir ganándole espacio. No debemos guardarnos, vivir en vano. Hay que compartir.

Era la actitud de Rodolfo Walsh, con su:

Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información.[11]

El texto con el que cerraba sus informes en Cadena informativa en plena dictadura del “Proceso”.

Educación crítica
Así como ocurre con los libros, también pasa con la educación. Por sí solos no resuelven problemas, también pueden empeorar el cuadro general.

“Tanto se dice que no quieren que la gente tenga educación para poder dominarla, sabemos que también la educación sirve para reproducir la cultura dominante, para hacer dependientes”[12].

Es importante, como también expresaba en ese artículo, centrar la actividad en los por qué. Si obedezco algo que sea desde un por qué digno; no por, aparentemente evitar problemas o rédito propio. En el planteo del clima necesario en el aula, debe estar clara la importancia que tiene para poder trabajar la temática propuesta la que, a la vez, también debe tener fundamentada la necesidad de que sea objeto de estudio.

Las cosas no son porque sí, tienen causas. Si en la escuela se hace costumbre el aceptar lo que el docente dice como verdad, porque su planteo es de transmisión de afirmaciones en vez de ser de construcción de conocimiento, los alumnos naturalizan que las cosas son como dicen los especialistas. Se traza una línea de separación entre el especialista que sabe y quien lo escucha para poder solamente repetir después. ¿De qué me sirve saber que la superficie de un rectángulo cuyos lados miden 10 metros y 6 metros es de 60 metros cuadrados (porque me dijeron que debo multiplicar las longitudes de los lados, por repetición, obedeciendo una orden externa, si obedezco tengo premio), si no tiene para mí ningún significado, si no sé qué es un metro cuadrado (unidad que tomo como comparación, en este caso, medida de la superficie de un cuadrado cuyos lados miden cada uno un metro, porque medir es comparar con una unidad convencional conocida), si no llego a ver cómo, en ese rectángulo entran esos 60 cuadrados (trabajo necesario de la construcción de la fórmula, a la que se llega al final de este) donde cada uno de ellos mide un metro cuadrado? ¿De qué sirve llenar la cabeza de definiciones, fórmulas o propiedades sin significado, cuando se puede trabajar para llegar a ellas realizando una construcción entendible (justamente, que tenga significado) que las reconozca como consecuencia?  ¿O saber de memoria que los ríos de montaña no son navegables y su régimen es irregular, cuando es algo que tiene un por qué? Nada de esto es porque sí. Además, fácil de ver las razones. O, con los nombres, ¿por qué  aprender de memoria que, en una fracción “el numerito que va abajo se llama denominador y el de arriba numerador“ cuando esos nombres tiene sentido?: el denominador denomina, da nombre al tipo de parte, por ejemplo un denominador 3, tercio, es el tipo de parte, la tercera parte de un entero. Mientras, el numerador es el que numera, da la cantidad de partes. Así, 2/3 son dos (numera la cantidad) tercios (nombre que tiene la parte), ahí están los significados… busquen algún libro que lo aclare, será difícil encontrarlo… Podemos pensar nosotros mismos muchos nombres de este tipo y es un buen ejercicio. Fundamentar. Que la memoria se use correctamente, sin invadir otras áreas de la inteligencia, atrofiándolas, haciéndonos presa fácil.

Aclaro, no estoy diciendo que no tengan que existir especializaciones, sería ridículo.

Toda esta obediencia debida destruye autonomías, predispone y acostumbra a la no participación voluntaria, a la espera, a la dependencia. Es anti evolución (anti revolución). Nos hace engranajes de una maquinaria. Evita problemas al sistema, al (des)orden establecido. La tendencia hacia la evolución solo se logrará por una mejora en el nivel de conciencia, de la mano del nivel de libertad (condición necesaria, pero no suficiente). Y la educación ocupa un lugar muy importante en todo esto.

Los revolucionarios, los que lograron cambios fundamentales, lo hicieron preguntándose los por qué. Miles de ejemplos simples, ¿por qué los británicos me van a prohibir extraer sal del mar y a aplicar severas penas? Gandhi se tuvo que preguntar algo tan elemental. No se quedó en el cómo es en modo de barrera definitiva, incuestionable, sino que fue al por qué, fue más allá; no aceptó, ni se resignó. Y desde ahí tomó la posta de la indignación activa.

Los hechos tienen sus causas, son sus consecuencias. Qué mejor que estudiar de esa manera la historia. Y, eso sí, reconocer que plantear una teoría en historia es mucho más compleja que la caída de un objeto en el vacío, en cuanto a que hay una enorme cantidad de hechos que influyen en lo social. Además, hay intereses creados, no podemos confiar ciegamente en el relato que nos hacen. El planteo y análisis de toda teoría debe seguir el método científico.

Conclusión
Cada tema tratado da para profundizar, hay muchísimo más para decir.  Mis escritos apuntan a activar. Un artículo no debe extenderse demasiado, corre más riesgo de no ser leído.

El gran Beethoven, que tenía enorme admiración por los ideales de la revolución francesa, componía su tercera sinfonía en homenaje a Napoleón. Pero, al ver que este se autocoronó emperador, borró su nombre de su obra, con mucha fuerza, tanto que rompió la hoja. Se dice que expresó, mi muy querido Don Ludwig, sobre Bonaparte: “¡Ahora sólo…, va a obedecer a su ambición, elevarse más alto que los demás, convertirse en un tirano!”[13]  

Beethoven obedeció a sus ideales, no a un endiosamiento de Napoleón o a una posibilidad de acomodarse. En definitiva, ¿a quién obedece cada uno?, ¿a quién o qué obedece la suma de voluntades para que un pueblo tome o construya (no es lo mismo) determinado camino? Debe haber conciencia. Y todos, de distintas maneras, aportamos a esa construcción, a favor o en contra (en contra, incluye a los indiferentes).

Me siento obligado y con urgencia a decir lo que pienso y difundirlo. No por cuestiones de ego, sino por sentirme, casi con desesperación, conscientemente, parte responsable de la historia.

Como dijo Eduardo Galeano. “Uno escribe para tratar de responder a las preguntas que le zumban en la cabeza, moscas tenaces que perturban el sueño, y lo que uno escribe puede cobrar sentido colectivo cuando de alguna manera coincide con la necesidad social de respuesta”.[14]

Y a esa obligación que siento de expresar, obedezco. Si cobrara sentido colectivo, mejor todavía.


[1] Wilde, O. “El alma del hombre bajo el socialismo”. Ensayo disponible en varios links, por ejemplo: https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Wilde%20-%20El%20alma %20del%20hombre%20bajo%20el%20socialismo.pdf o en modo directo en https://elsudamericano.wordpress.com/2012/01/14/oscar-wilde-el-espiritu-del-hombre-en-el-socialismo/
[2] Fromm, E. “Sobre la desobediencia” Editorial Paidós, España,  edic. 2011.
[3] Fromm, E. “Marx y su concepto del hombre”, Fondo de cultura económica, México, edic. 2011.
[4] https://andendigital.com.ar/2019/11/mitocracia-anden-92/
[5] Freire, P. En “La educación como práctica de la libertad”, Siglo 21 editores, Argentina,  edic 2008, capítulo 3, “Educación versus masificación”, Siglo Veintiuno.
[6] Thoreau, H. “Desobediencia civil y otros textos, Ed. Terramar, Argentina, 2009.
[7]¨La Patagonia Rebelde¨, Osvaldo Bayer,  Capítulo VI ¨Los vencedores (For he is a jolly good fellow)¨, ¨Arte y Libertad” Patagonia Argentina, 2009.
[8] Rosa Parks, activista afroamericana que tomó reconocimiento público a partir de su no ceder el asiento reservado a blancos, aquel 1 de diciembre de 1955, en un autobús en Alabama.
[9] Eduardo Galeano en entrevista realizada por  Jaume Barberà en el programa ¨Singulars¨ en mayo de 2011.
[10] Manfred Max Neef, economista chileno ganador del Right Livelihood Award, el Premio Nobel Alternativo de Economía en 1983, en la conferencia dada en la Universidad Internacional de Andalucía, “El mundo en rumbo de colisión”, año 2009.
[11] El violento oficio de escribir Obra periodística de Rodolfo Walsh1953-1977. Ediciones de la flor. Edición agosto 2012.
[12] https://andendigital.com.ar/2019/11/mitocracia-anden-92/
[13] https://theeuterpemusesite.wordpress.com/2017/01/24/eroica/ entre muchas fuentes que toman esta frase de Beethoven.
[14] Galeano, E. Las venas abiertas de América Latina, Ed. Catálogos, Buenos Aires,  edic 2003, en el punto 3 del capítulo agregado en 1978 (¨siete años después¨)