Con este consejo, recibido por unas mamás de un barrio de Bella Vista, inició Tatiana Merlo Flores(*), una investigación sobre “Video juegos y chicos en situación de calle”.
Dice la investigadora que hasta ese momento desconocía la temática del funcionamiento de un videojuego y su relación con los adolescentes y niños, y que hasta llegó a pensar que era buena la política de alejar los cybers de las escuelas.
Comienza entonces una indagación sobre el comportamiento de los chicos en situación de calle y los videos juegos. Sorprendentemente los resultados arrojados fueron: jugaban en grupo, junto a oficinistas o gerentes de empresas cercanas a los videojuegos; eran todos iguales, el juego en común los unía y tenían una cita a la que no faltaban.
Todos jugaban, y observaban al experto o líder que, luego de finalizado el juego, explicaban a la audiencia sus destrezas y logros. El clima era de respeto y silencio.
Pero lo que a la investigadora más le conmovió, estando en situación de juego y competencia, fue lo dicho por un niño: “vos andá adelante que yo te protejo”.
“Me gustaría trabajar en un cyber, estar cerca de una computadora y poder enseñarle a otros”, le contó un entrevistado. Los valores que manejan es salvar al mundo, superación y logro de metas.
Algunos chicos de la calle han roto o atravesado la brecha digital sin elementos, sólo restando centavos a sus magros ingresos (limosnas, bah…).
Pero el elemento contenedor es que a través del juego se generan procesos de identificación y afirmación de la personalidad de los niños. ¿Estamos dispuestos siquiera a considerar que las nuevas tecnologías son herramientas aptas para la introducción de comportamientos que mucho tienen que ver con el respeto y logro de metas?
¿Se podrían relacionar con prácticas deportivas, y no sólo de investigación y estudio, o simplemente de intervención y exposición en las redes sociales?
Me animo a imaginar un mundial virtual con FIFA 2010, conociendo países y ciudadanías, idiomas y costumbres, en las salas escolares. Y el día de lluvia bailando un ritmo especial, sobre una plataforma conectada a una computadora. Todo se trata de mirar un poquito más allá y empezar a buscar alrededor, ahí… en la “compu del nene” o en el “cyber del barrio”. Vale la pena■
(*)Profesora de la Maestría de sociología de la Universidad Católica Argentina (UCA) y El impacto social de la Imagen (UBA)-
Anales de la Educación Común, Adolescencia y Juventud (pág. 228-231)