En medio de los brindis de una navidad en familia y un año nuevo entre amigos, el tren se detuvo, como hace un año, en la división del partido de Chascomús. El 28 de diciembre de 2008, este espacio periodístico y reflexivo –por nombrarlo de algún modo–, se acercó al vecino pueblo de Lezama para escuchar las razones y argumentos de la CPAL (Comisión Permanente Pro-Autonomía de Lezama), por los cuales pretendían la división. Por otra parte, se realizó lo propio con la COFIP (Comisión por el Fortalecimiento e Integración del Partido). La intención de aquella ocasión era abrir un espacio de discusión ameno entre pretensiones de unos y otros, donde fueran los argumentos los que primaran y decidieran entre los dos sectores en cuestión.. 

Hoy día, tras transitar meses y meses de movilizaciones, cortes parciales y totales de ruta, idas y venidas a la ciudad de las diagonales, caravanas de autos, represiones policiales, negociaciones políticas, tensiones y distensiones; hoy, finalmente, se dividió el partido de Chascomús y se creó el de Lezama.

Mirar hacia atrás sólo adquiere sentido en cuanto a lo pendiente: enumeración y análisis de algunas hipótesis relevantes sobre por qué la concatenación de hechos arrojó los resultados fácticos que toca afrontar; y hacia adelante, asumir el dolor de una batalla perdida, dolor que no es resignación, pero que tampoco debe esquivarse. Explorar estos dos caminos es la propuesta de este espacio, desentrañar la complejidad de la situación requiere una mirada profunda y, en cierto modo, distante a la mera acumulación de hechos e información.

Para abordar el primer espacio de pensamiento, es necesario rescatar –entre otras posibles–, las siguientes hipótesis: La división se produjo por la movilización de Lezama, o aconteció por culpa de los políticos, o por causas políticas –que suena parecido pero no es igual–, o por todo ello.

En lo que hace a la movilización de Lezama, debe reconocerse que es un movimiento notable. Se configura como algo que trasciende el espacio meramente político partidario y se instala como una cuestión política en amplio espectro –esto es, atravesada por lo económico, lo social, lo histórico, lo educativo, lo ecológico…–. Una movilización de este tipo no puede ser menospreciada. Sin embargo, elevar la mirada al acontecimiento muestra que no es el único movimiento por la autonomía que se ha movilizado; por el contrario, sí es el único donde –no sin un acuerdo de las partes–, se superó el argumento de la Ley Marco para la división de los partidos. (Sería simpático disentir con este argumento con algo como “y tenían la ruta 2 para cortar, cosa que el resto de los movimientos autonomistas no poseen”. Pero esta proposición dudosamente pueda trascender de lo simpático a lo racional). Presentado el argumento y contrargumento, se propone continuar el ejercicio del pensar con la segunda hipótesis.

En cuanto a la posibilidad de que la división tenga origen en los políticos, se presenta necesario involucrarse con la cuestión partidaria –por lo menos con algunos aspectos–. En primer lugar, y por ser Gobierno, urge ocuparse del Radicalismo. El partido centenario transita una gestión con un nivel de aceptación notablemente más bajo que el de años atrás. Lejos de un acto de reivindicación, la división del partido lo afecta profundamente, y no se habla aquí de términos económicos (de hecho, el verdadero impacto económico de la división del partido se sentirá dentro de dos años, cuando se materialice la división legislada). Suponer que a este sector le convenía la división sucumbe ante dos óbices insuperables: el primero es el rechazo social de la comunidad; el segundo, que Lezama ha sido históricamente un espacio donde siempre ha pisado fuerte y, en muchas ocasiones, decidido elecciones generales a su favor (salvo la última elección donde su voto manifestó ausencia y rechazo a la política local).

En lo que hace a “Unidad x Chascomús”, vistas sus aspiraciones y concretas posibilidades en el próximo período ejecutivo comunal, dudosamente orientarían su voluntad a perjudicar económicamente al distrito (máxime cuando las consecuencias, como se ha marcado, son mediatas). Asimismo, y en conjunción con el resto de las fuerzas políticas, vale preguntarse ¿cómo sectores partidarios que buscan el bien de la comunidad chascomunense apostarían a la mezquindad de debilitar una gestión con el solo fin de posicionarse mejor electoralmente?

Cabe explorar, por último, la causa política como tercera y última hipótesis (si, como efectivamente se afirma, la política es la verdadera determinante, puede suponerse que en este rubro encontraremos el fondo de la cuestión).  En este ámbito, se desdoblan dos situaciones íntimamente relacionadas con la histórica puja entre peronistas y radicales.

En primer lugar, en un distrito donde la presencia del Gobierno nacional y provincial financió grandes obras públicas pendientes (tales como la construcción de viviendas, la finalización del asfalto en la rivera lacustre, la ampliación de la planta de desechos cloacales, entre otras), pudo haber causado cierta rispidez la presencia de la intendente radical en los cortes de ruta originados a partir del conflicto del Gobierno con el campo. Una administración de recursos centralizada en el ejecutivo nacional, genera una cadena de favores con aquellos beneficiados. De allí puede especularse que no fue visto con buenos ojos que en un municipio al que tanto dio este modelo de país posea la “autonomía” política de manifestarse públicamente en contra.

El segundo aspecto está íntimamente relacionado con el origen radical del distrito –cuna de un presidente, se lo reconoce como el “último bastión radical”–. Para ello hay un argumento muy fuerte: la última votación fue apoyada por dos sectores que, aunque en las elecciones se presentaron irreconciliables, en la práctica votaron al unísono la división partidaria. Y estos sectores –Frente para la Victoria y Unión-Pro–, casualmente tienen origen peronista. En ese orden, ante una defensa derrotada, la creación del distrito de Lezama da jaque mate al radicalismo y orienta su potencial a hacerse fuerte, por lo menos, en el nuevo distrito.

Este doble argumento, así como los anteriores, es rebatible: ¿quién osa imaginar que primaría el interés partidario sobre la conveniencia política de una comunidad? El ámbito legislativo representa la voluntad de la provincia de Buenos Aires. Debe entenderse, por tanto, que allí donde estudios –como el realizado por diversas universidades– mostraban la inviabilidad de la división del distrito; primaba la sabiduría, mesura y popularidad de los legisladores.

Como puede notarse en el desarrollo de las hipótesis que anteceden, no se intenta desde este espacio imponer una voluntad, sino crear una herramienta para analizar y comprender la realidad. Cada uno, por sus propios medios, puede evaluar y combinar cada argumento y contrargumento entre sí, pero sin perder de vista la complejidad del acontecimiento.

Para concluir, en el movimiento presentado como segundo espacio de pensamiento, queda mirar hacia adelante, asumiendo que lo anterior es ya mismo anecdótico y que su recuento no es más que un ejercicio para nutriste de experiencia. Por ello, este mirar hacia adelante debe reconocer la historia, pero no presentarse como histórico, sino como actual, y asumir así, el aquí y el ahora que asedia a esta comunidad. Entonces podría enfrentarse ahora el dolor y el temor de lo que viene. En una nube de incertidumbre, distinguir aquellas cosas que efectivamente puedan ayudar a resolver la situación es el desafío que tiene por delante esta ciudad y que no se diferencia del mero subsistir. Orientarse hacia lo humano y superar lo meramente ciudadano, es un buen comienzo…■