La máxima autoridad de Justicia de la provincia del Chubut, autorizó a una joven a realizarse un aborto, producto de una violación. Aquí, una opinión sobre el veredicto.

Cuando me nombran a Comodoro Rivadavia, inevitablemente me acuerdo del viento. Este elemento está en la génesis de la Patagonia, y más que nada, en la génesis de esta ciudad. Dicen que el viento con sus manos moldea el suelo y las montañas. También dicen que el viento sana el alma, purifica los sentidos y limpia las malas energías.

En esta ciudad donde habita el viento, también vive una chica de 15 años que quedó embarazada, presuntamente por haber sido abusada por su padrastro, y que no quiere tener ese hijo, que a cada día que pasa, crece más y más. Su madre, Aurora Fuentes, con la cual vive la joven madre en la ciudad del petróleo – así es como se conoce también a Comodoro Rivadavia – recurre a la justicia provincial. Aurora y su hija no poseen los medios económicos para ir a la salud privada y realizar un aborto, en la máxima clandestinidad. Su hija está decidida a no tener ese hijo, fruto de una violación de una persona que trabaja para la Policía provincial, y quien era la pareja de su mamá. Es más, la joven madre amenaza con quitarse la vida si la Justicia no la autoriza a interrumpir su embarazo.

La escena se presenta como desesperante: una madre que recurre a una justicia que no se caracteriza por ser expeditiva, y que justamente, debe darle un fallo lo antes posible. En este caso, la variable tiempo es una variable letal.

Aurora tuvo trabas en un asunto que por ley podría haber realizado sin tener que haber recurrido a la justicia. Pero vamos por partes.

En primera instancia, esta madre obtiene una respuesta negativa por parte de una jueza de familia de su ciudad. Inmediatamente, se dirige a la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia, para escuchar la misma respuesta. Finalmente, el alivio vino con la autorización a interrumpir la gestación del Superior Tribunal de Justicia provincial. Hay que destacar que dicho organismo exhortó al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia a que le realicen la intervención a la joven, pero como el Comité de Bioética del Hospital se opuso a la decisión tomada por el tribunal, Aurora solicitó que se realizara en otro establecimiento, llevándose a cabo, finalmente en el mes de marzo, el aborto de su hija en el sanatorio materno-infantil de la ciudad de Trelew.

¿Por qué decimos que esto era posible sin tener que haber recurrido a la justicia? Un punto nodal de nuestra legislación penaliza el aborto, pero dentro de esta clasificación encontramos un tipo específico: el aborto no punible. Este se materializa en el Art. 86 del Código Penal y cuenta con dos incisos, los cuales textualmente detallan que el aborto no será punible, siempre y cuando: “1) si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios; 2) si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el consentimiento de su representante legal deberá ser requerido para el aborto”.

De hecho, todos los medios de comunicación provinciales recalcaban que no era necesario que Aurora recurriera a la justicia para que le den un derecho que le pertenece, y que inclusive, le fue denegado dos veces. ¿Este hecho, habla de incompetencia judicial? No lo creo. ¿De ideología y postura más allá de la letra escrita? Tal vez. ¿O simplemente de una lectura entre líneas de dicho artículo? No creo que sea una cuestión de hermenéutica o de interpretación, habrá que escarbar un poco más la cuestión.

Con este hecho, me surgen más preguntas que respuestas. Lo certero es que luego de que este caso tomara estado público, tanto a nivel provincial como nacional, otra joven también pidió la realización de un aborto – coincidencias de la vida – luego de haber sido abusada por su padre.

El aborto, es estos casos, sigue siendo un tema delicado. Más allá de las posturas que se toman, también se tiene que vincular con una cuestión que muchas veces no se quiere hablar, con una variable que – creo yo –constituye un ingrediente que no debe ser discriminado a la hora de hablar del aborto: la violencia familiar. Es como un círculo que vuelve sobre sí mismo: una niña abusada, obligada a responder a los deseos de su padrastro, un embarazo que no pidió y un sistemas que siempre fue ciego a sus calvarios y que hoy, no la ayuda a superar el que está viviendo. A tal punto que la joven tuvo que presionar al sistema amenazando con quitarse la vida, si no la ayudaban a realizar la intervención. No lo quería, como tampoco quiso ser abusada por su padrastro. Ella decidió no ser madre. Ella no decidió ser sometida.

Me vuelvo a preguntar, ¿cuántas jóvenes como ella habrá en Chubut?; ¿y en todo el país?

También, en mi humilde opinión, creo que hay mucha hipocresía a la hora de abordar el tema del aborto. Mas allá de la cuestión filosófica de “quitarle” la vida a un ser que se está formando, creo que se dejan de lado variables claves como la situación económica, y  la situación familiar y social en la cual esos niños crecerán. Ni hablar de la cuestión psicológica de la madre, que, intuyo, se verá afectada al vivir una situación semejante.

Mi discurso no intenta ser moralista, ni psicológico, ni ético, ni determinante: al contrario, era simplemente presentar un hecho fáctico, cercano y actual, para que tomemos conciencia de la legislación existente sobre este tema. Por el campo académico en el cual me desarrollo, puedo decir que hay que exigir políticas por parte del Estado que tomen de una vez por todas las cartas en el asunto de un tema que, como todos sabemos, no es fácil de abordar.

Toda política divide aguas, grupos, bandos. Toda política pública crea aliados y opositores. Toda política pública implementada responde a una ideología política, a un proyecto de país, y creo que ningún gobierno Nacional ha omitido postura respecto al tema, o mejor dicho, si lo ha hecho a través de la omisión, de la inacción.

Esperemos que este caso patagónico sea el puntapié para re-debatir este tema, que sea un efecto dominó en las demás provincias.

Vuelvo a insistir, el aborto es y seguirá siendo, por algún tiempo más, un tema delicado en extremo ya que tiene como eje la cuestión fundamental de toda sociedad: la vida. Pero es hora de empezar a mover las aguas, de debatir, de enfrentarnos con las demandas sociales que cada vez se hacen más presentes. Es hora de comenzar a escuchar, y más que nada, a actuar. Es hora que los vientos de cambio se empiecen a sentir■