La conferencia mundial de los pueblos sobre cambio climático y los derechos de la madre tierra se cerró en Cochabamba, el corazón de Bolivia, el pasado jueves 22 de abril, con un enorme éxito popular. No menos de 35000 personas se acreditaron para participar de la conferencia, provenientes de 142 países del mundo, de los cuales 42 mandaron una delegación oficial.

De este total, y a pesar de los problemas en los aeropuertos europeos – lo que algunos interpretaron como una manifestación del enojo de la Madre Tierra – unas 10000 personas extranjeras participaron de este evento, probablemente el más significativo que se organizó hasta la fecha sobre la temática del cambio climático y del respeto a la Madre Tierra, la Pachamama como se dice aquí en los Andes.

Uno de los temas centrales de la conferencia fue la injusticia climática. O sea, el hecho de que el 20% de los seres humanos, los habitantes de los países ricos y los ricos de los países pobres, consumen el 80% de los recursos naturales y generaron también el 80% de la contaminación ambiental, y de las emisiones históricas de los gases que producen el efecto invernadero, “colonizando” así el espacio atmosférico.

A manera de ejemplificación dramática, algunos habitantes del pueblo de Khapi, en los Andes bolivianos cercanos a La Paz, vinieron a denunciar la desaparición de sus nevados y las consiguientes consecuencias dramáticas para sus comunidades. “No es justo que nosotros, que no contribuimos en nada al cambio climático, seamos los primeros a sufrir sus consecuencias, y que los países del norte no nos ayuden. Éstos quieren seguir  contaminando y enriquecerse a nuestras espaladas”, dijo Alivio Aruquipa, líder de una de estas comunidades indígenas Aymara que han conocido estos últimos años un importante aumento de las temperaturas, la falta de agua, la aparición de nuevas enfermedades y la consecuente emigración de los jóvenes a la ciudad.

Durante los 4 días de la conferencia, se llegó un acuerdo general —tanto entre políticos (principalmente bolivianos, ecuatorianos y venezolanos, pero también de otras regiones del globo), militantes ecológicos, representes de los movimientos sociales e indígenas, tanto como simples participantes— de designar al capitalismo como el gran responsable de la crisis ecológica actual. Y aunque no todos los mandatarios latinoamericanos parecieron haberlo entendido, también se denunció al socialismo por poner encima de todo, ya no la ganancia como en el capitalismo, sino al ser humano, con consecuencias igualmente funestas para la naturaleza. Como dijo el Canciller boliviano David Choquehuanca: “estamos más de acuerdo con el socialismo, pero hay que dejar esta posición androcéntrica para poner en el centro la vida misma, la Pachamama, los ríos, las montanas, las mariposas, etc”.

El vicepresidente de Bolivia y sociólogo García Linera aseguró que “el capitalismo vive de la sangre de los pueblos y de la naturaleza; necesita siempre crecer, es su esencia, y no se lo puede cambiar. En consecuencia, es preciso cambiar el sistema, dar derechos a la Pachamama, pero también dar deberes hacia ella a los seres humanos”. Como decían muchos durante este encuentro: “O muere el capitalismo o morirá la humanidad.”

Se acordó también que no es suficiente hacer desaparecer al capitalismo, pero que el cambio tiene que ser profundo y radical en todos los niveles. Así, se rechazó también al desarrollo sostenible y todos sus avatares verdes por no atacar las raíces del problema, y permitir a los más grandes contaminadores seguir haciendo beneficios, pintando la máquina de verde.

De la misma manera, se rechazó la tendencia dominante de recurrir a la ciencia y a la técnica por ser en el sistema actual sometidas al mercado y estar al servicio de los poderosos. La necesidad es salir de los sistemas productivistas —sean capitalistas o socialistas— para crear nuevos sistemas, nuevas valores, nuevos imaginarios que puedan restablecer la armonía con la madre Tierra y entre los seres humanos. Como alternativa se planteó el ejemplo de las cosmovisiones indígenas, y en particular el El “Vivir Bien” andino, el cual se antepone al vivir mejor típico de las sociedades occidentales. También se habló de decrecimiento, un concepto más común en occidente, que se podría articular con las cosmovisiones indígenas, para lograr nuevas sociedades verdaderamente sostenibles.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que la imagen difundida por el gobierno boliviano de un país ejemplar en materia de respeto a la naturaleza como a los derechos indígenas fue puesta en tela de juicio durante esta conferencia por la famosa mesa “prohibida”, la número 18, que estaba integrada por varias organizaciones ecologistas e indígenas que querían abrir el debate sobre algunos proyectos del gobierno —o ejecutados con el visto bueno del gobierno— que afectan a los derechos de algunos pueblos indígenas y ecosistemas frágiles de Bolivia. Sin embargo, fue rechazada por los organizadores gubernamentales de la conferencia y tuvo que desarrollarse fuera del sitio oficial. Según un indígenas aymara de las orillas del lago Titicaca, “el gobierno del presidente Morales solamente hace el 50% de lo que tendría que hacer. Pero los anteriores no hacían nada”. Otros participantes fueron más radicales, y denunciaron la doble moral del gobierno, teniendo por un lado un lindo discurso ecologista e indigenista pero siguiendo con las mismas políticas extractivas de siempre y de esta forma afectando a varias comunidades indígenas y ecosistemas. Como respuesta, el Canciller boliviano señaló que “hace solamente 4 años que los movimientos sociales estamos al poder. No se puede exigir todo de un día para otro”.

Dentro de las conclusiones de las 17 mesas de trabajos oficiales —las mismas que “vienen desde abajo y piden ser escuchadas arriba”, como señalaron varios participantes— se tiene que subrayar las siguientes:

– la necesidad de la creación de derechos para la Madre Tierra;

– el pedido de la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática, que tenga el poder de perseguir y castigar a los Estados, las empresas y las personas que dañen a la naturaleza;

– una drástica reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente por parte de los países del norte, los cuales tienen que descolonizar la atmósfera para devolverla al conjunto de la humanidad;

– la limitación a un máximo de 1 grado centígrado al calentamiento global, y no a dos grados como lo plantea el acuerdo antidemocrático de Copenhague;

– el pago de la deuda climática por parte de los países industrializados a los países empobrecidos, sin condiciones y a una altura del 6% de sus PBI;

– la organización de un referéndum mundial sobre el clima y los derechos de la madre tierra a realizarse en todos los países del mundo el próximo 22 de abril, día de la madre Tierra.

El presidente Evo Morales se comprometió a viajar próximamente a Nueva York y a entregar en persona las conclusiones y demandas de esta conferencia de los pueblos al secretario general de las Naciones Ban Ki-Moon, en vista a la próxima conferencia de las NN.UU sobre cambio climático, a realizarse en Cancún, México, en diciembre de este año