Dudas, preguntas, cuestionamientos, pase de facturas, intrigas, exhibición de dientes y discursos fundamentalistas. Esas y otras reacciones configuraron buena parte del rosario de astillas que terminó desinflando las últimas burbujas que habían quedado tras el triunfo de Dilma ese mismo domingo.

 

Regordete y variopinto lució el coro de novicios de nigromante que desfiló por los Medios de difusión durante el tránsito de octubre a noviembre. Tantas horas de radio y televisión, innumerables golpes de teclado y cuantiosos litros de tinta y kilómetros de papel terminaron complotando contra nuestras mejores intenciones de poder decir aquí algo nuevo o, cuando menos, no tan común.

A riesgo de estar andando por campos ya trillados, me propongo avanzar hacia una especie de “limpio parcial”, basado en todos estos borradores que se me fueron acumulando en estos primeros días del mes once.  Un desandar el rosario, aunque en este caso pareciera que todos son misterios dolorosos.

Primer misterio. ¿Quién ganó las elecciones? El que sumó más votos. Y quién fue que lo hizo, ¿Dilma Rousseff o Lula Da Silva? Prescindiendo del 83% de popularidad cosechado por el barbudo tras sus ochos años en el gobierno, ¿hubiera alcanzado para que ganara los comicios quien hasta ayer nomás era una extraña para las movedizas arenas político electorales? Que para yapa, el día en que se repartió carisma, ella había pedido licencia…  Sin tener sus sentaderas puestas en la falda de Lula, ¿hubiera podido Dilma, solita, capear el terremoto Erenice y los embates de la prensa?

 Segundo misterio. ¿Qué va a comenzar el 1 de enero de 2011, el primer mandato de Dilma o el tercero de Lula? Quienes dicen conocerla bien, aseguran que ella nunca aceptaría el rol de Chirolita. A contrapelo de esas afirmaciones las dudas las genera él, que parece tener problemas a la hora de manejar su irrefrenable debilidad por ser Mister Chasman. Injusto sería olvidar a esos definitorios entornos presidenciales que tanto disfrutan de las gracias de dúos como el que podría estar naciendo en Brasil.

Tercer misterio. Es cierto, el partido de Lula, el de los Trabajadores, jamás hubiera ganado esta elección solo. Por eso debió tejer alianzas con nueve fuerzas: se sabe bien que frentes muy grandes, suelen acarrear problemas muy grandes. En cuanto al pliego matrimonial del PT con el PMDB (Partido Movimiento Democrático de Brasil), ¿habrán sido bien aquilatados los antecedentes de esta fuerza que sin ir lejos, en la elección de 2006, jugó todas sus fichas a favor de Serra, contra la reelección de Lula? Resonará como nunca lo que dijera hace unos meses Michel Temer, hoy vicepresidente electo: “el PMDB va a compartir el poder con el próximo gobierno”. Así como el Brasil ha abierto el escenario para una mujer presidenta,  ¿podía descartarse de entrada que también haya en ese mismo espacio un lugar ideado para algún émulo del argentino Cobos?

Cuarto misterio. Si aplicamos formulas matemáticas, es cierto, la alianza que llevará a Dilma al Palacio de Planalto controla con holgura las cámaras de senadores y de diputados, teniendo cautivos algo más de dos quintos de los votos, cifra que alguna vez podría requerir el gobierno para avanzar en sus planes y acciones. Sin embargo, retomando la reflexión del anterior renglón, nos preguntamos: ¿la tajada que dispondrán Dilma y el PT para el PMDB, será la que a ellos les va a gustar? ¿Las cuotas de poder que recibirán Temer y sus amigos equivaldrán  al valor que ellos le dan a sus votos en el Congreso? ¿Se desatará una guerra de autoestimas? ¿Quién valdrá más en la bolsa de valores política, el PT de Lula? ¿El de Dilma? ¿El PT de ambos? ¿O el PMDB sin compañía?

Quinto misterio. A Lula lo definen como conciliador o moderador, por no decirle timorato u otros términos más ácidos. El principal referente a la izquierda de la izquierda, Plinio de Arruda (0,87% de los votos en el primer turno), dijo que “fue un horror que Brasil haya elegido a Dilma”, porque su gobierno no avanzará hacia el socialismo y será cooptador como lo fue el de Lula. “Hubiera preferido a Serra porque hubiéramos tenido represión, y al tener represión el pueblo se hubiera unido y tomado las calles. Para la izquierda es mejor un régimen represivo que uno cooptador”, dijo Plinio.  A partir de esos elementos, ¿qué podemos esperar que haga Dilma ante las tres élites que controlan el poder en este país? Banqueros, terratenientes y dueños de la prensa, ¿podrán seguir respirando tranquilos con Dilma como lo hicieron con Lula? ¿Acatará Dilma el mandato de sus bases petistas que desde 2009 piden reforma agraria e investigación de los crímenes de la dictadura, medidas tan antipáticas para los conservadores de la elite? Despegada de Lula, ¿osará soltar amarras y capitalizar su buen viento?

Sexto misterio. Porque es un tema nuestro y constituye la palestra en la que hoy se juega casi todo, tomo prestada del anterior parágrafo la cuestión de la prensa. Minutos después de resultar electa Dilma dijo: “Prefiero una prensa que haga ruido, antes que el silencio de la dictadura”. Cómo interpretar esos dichos, ¿como el inicio del camino hacia una nueva capitulación tal vez? ¿Insistirá Dilma en mantener en la congeladora los lineamientos del PT, que en su Programa Nacional de Derechos Humanos (PNDH-3), definen como prioridad el control social de los medios de difusión?

Séptimo misterio. A la hora de respirar por la herida, algunos popes del opositor Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), cuyo candidato Serra tuvo un crecimiento mayor que el de Dilma en el segundo turno (11 de él contra 9 de ella) dijeron cosas como estas: «Para los que nos imaginan derrotados, quiero decirles que apenas estamos comenzando una lucha. El PT y los partidos que ganaron trabajan para construir una hegemonía, y eso no es democracia. El PSDB trabajará para impedir la hegemonía del Partido de los Trabajadores de la mandataria electa».  Tambores de guerra batidos por un herido Sergio Guerra, presidente del conservador PSDB. Del frente, voces socialistas dejaron escuchar: “En el segundo turno se eligió el proyecto menos perjudicial para la sociedad y vamos  hacer oposición a quien venció”. Y otra: “Es necesario que la izquierda que se denomina anticapitalista no participe en el gobierno de Dilma porque no hay ninguna perspectiva de que sea un gobierno con alguna postura anticapitalista; será sí, un gobierno que hará gestión del capitalismo”. Tantas astillas del mismo palo, ¿alterarán el pulso de Dilma? ¿Será que la otrora terrorista a la que tanto temen y tanto combaten los rancios aristócratas de la élite y sus sucedáneos finalmente despertará? El “manual del buen componedor” que le regaló Lula y que espera paciente en su mesita de luz, ¿será uno de sus libros de cabecera o apenas el apoya vaso nocturno? ¿Cumplirá lo que prometió tras su victoria de gobernar para todos? Ese clarín que hicieron resonar los derrotados del 31, ¿debería tomarse en serio? ¿Es que en verdad vendrán por Dilma?

Octavo misterio. Hace instantes hablé de un buen viento que estaría favoreciendo a Dilma. Pero veamos estos datos para luego acordar si es en verdad un buen viento el que la acompaña o si estamos apenas ante una leve brisa. Dilma ha resultado electa con poco más del 41% de los votos totales (sumando abstenciones, votos blancos y votos nulos). Si a eso agregamos los votos de Serra, tenemos que Dilma terminó siendo electa por una minoría de la población, digamos dos de cada cinco electores, contra cuatro de esos mismo cinco que dicen adorar a Lula. Entonces, si imaginamos cuántos de sus votos fueron en realidad un tributo a Lula, tenemos en Dilma una figura mucho más débil de la que ella pretende vendernos desde su singular estética. ¿Le alcanzará con eso?

Noveno misterio. Partimos de la evidencia de que Dilma es mujer, es decir que integra ese grupo humano en que a pesar de haber sido siempre mayoría frente al de los hombres brasileños, recién pudo votar en 1934, es decir 112 años después de que lo hicieran los varones. A semejanza de lo que sucede con la presidenta Cristina en Argentina, aquí muchos y muchas se preguntan  si su condición de mujer no le jugará en contra o no hará que otros, muchos, le jueguen en contra. Y por si acaso, los mecanismos de control ya han sido activados, tanto así que en este instante hay quienes le están pasando facturas anticipadas, y pareciera que por el sólo hecho de ser mujer. Más allá de algunas coincidencias o fatalidades, mucho del camino que haga Dilma será el que ya habrá comenzado a hacer Cristina en su gobierno. Nada raro entonces que los misterios que envuelven a estas dos mujeres sean casi los mismos.

Décimo y último misterio. ¿Qué pasará en 2014? ¿Dilma lo habrá hecho tan bien que reclamará para sí una segunda oportunidad, sin considerar lo que pudiera decir su viejo padrino de bautizo? Y si Dilma lo hizo muy mal, ¿Lula y el PT, o Lula solo, apostarán a un retorno mesiánico de ese ciudadano que una vez supo tener 83% de popularidad? ¿O será que para entonces la historia tendrá preparada para el Brasil alguna de esas jugarretas con las que suele cambiar nuestro ánimo?

Para el final me guardé esa suerte de letanía del gran Chico Buarque: “¡Oh, qué será!”■