Hay temáticas que cuando se abordan en algún punto tocan una fibra de la propia intimidad, en las que, a pesar de la objetividad pretendida, siempre acaban diciendo o diciéndole algo a quien las enuncia. Religión y Fe en la Argentina es una de ellas. ¿Cómo evaluar fríamente el impacto de una religión en la vida de un país? Más si se la ha practicado o combatido. Más si uno ha sido formado en ella o ha visto a la mayoría de la sociedad formarse en ella. No debe olvidarse que las estructuras religiosas al día de hoy siguen siendo simbióticas con las estructuras estatales.


Históricamente se han conformado unas a otras en ambas direcciones. Tema de largos debates sociológicos, antropológicos, y de cuanta ciencia social se nos ocurra, el origen de la religión como preexistente a cualquier estado, como su sostén, como garantía de estabilidad en su ausencia, como inspirador de nuevos órdenes ha ocupado ríos de tinta de la que no nos es posible ocuparnos en su totalidad. No sólo por su bastedad (su desarrollo es distinto en el occidente judeocristiano que en el lejano oriente o en las culturas folk) sino en su profundidad.

Por materialista que sea el análisis no debe omitirse la reflexión que dé cuenta de la arista espiritual del tema. Los hombres y las mujeres tienen fe. Una que los lleva a realizar conductas determinadas, prácticas, rituales que acaban constituyendo un universo en el que se vincula la individualidad con lo comunitario. Se busca en la fe y en la religión (su método) un arkhé, un fondo último de lo real, un sentido ordenador del caos del mundo. El hombre, arrojado al mundo ve que lo que ama muere, que lo que tiene puede no tenerlo, que hay violencia, hambre, enfermedad. Sin un sentido que le dé una justificación a la vorágine del cambio continuo y tremendo no hay vida posible, la vida no tendría sentido alguno. Si se lo encuentra, ¿cómo no estructurar la vida a su alrededor? Es la primera reacción posible. A partir de allí se construyen caminos paralelos y conexos. Uno que complejiza la relación de la o las divinidades con el individuo y uno que instrumenta en el dispositivo social esa relación. En pocas palabras, si Dios prohíbe al sujeto matar, eso no será sólo una norma de vida para quien recibe la revelación sino que se expresará en una ley. Las marchas y contramarchas del lento proceso de secularización de occidente y del mundo todo plasma lo antes dicho.

Por eso mismo este número pretende dar un pantallazo sobre esta cuestión. Nuestro país, de fuerte tradición no sólo cristiana sino católica (matiz fundamental), es un claro ejemplo de aquellas marchas y contramarchas a las que hacíamos referencia. La generación del 80 con sus pretensiones de modernidad, implementó una serie de medidas que restringieron la influencia de la religión en la vida social. La impronta positivista, que suplantó de algún modo la fe en dios por la fe en la ciencia en el marco de los avatares sociales, permitió entre otras cosas que se llevara un registro de nacimientos, casamientos y defunciones por fuera del aparato eclesial, que la religión en ámbitos educativos quedase relegada a la educación privada.

No obstante, ha seguido influyendo de manera superlativa en las prácticas estatales al punto que gobiernos, tales como el peronismo histórico y el radicalismo más progresista, la han tomado como partido opositor. O curiosamente, como los gobiernos de facto y de derecha la trataron  como un aliado invaluable en la justificación de sus políticas. No debemos olvidar que no sólo catolicismo hay en la Argentina, existe una tradición de judaísmo instalado a tal punto que por tristes motivos se ha convertido en actor de la política interna y externa de los últimos veinte años. Y un profundo evangelismo en rápido avance, un islamismo activo y un umbandismo presente.

Haciendo referencia a esto y mucho más, tenemos el honor de presentar un reportaje al Dr. Rubén Dri, especialista en sociología de las religiones y teólogo tercermundista, acompañada de una ampliación conceptual de María Belén Morejón. La nota de Florencia Teruzzi desarrolla los vínculos entre religiones desde la tolerancia y la aceptación de la diferencia. Matias Pirilli tomando como disparador al director Q. Tarantino dispara una lúcida e inusual reflexión sobre la religión mientras que Cesar Maffei sienta posición sobre la teología del tercer mundo, una de las variantes del catolicismo conceptualmente más fructíferas. El párroco Maximiliano Turri reflexiona el aspecto global de la religión cristiana. Ruth Gabe aborda la religiosidad en la historia de la música y, como de costumbre, el Cronista de discos desbarranca hacia los hondos bajos fondos de la fe.

Hoy, que sangra la herida abierta por los alemanes, puede resultar sano orientar nuestra fe a otros ámbitos…■