menos de dos semanas de la elección, le acerco esta primicia: la Academia Brasileña de Letras está por incluir en su diccionario este nuevo sinónimo: Dilma es Lula.

 

Estaba cantado: candidato –o candidata– que desarrollase más temprano tupida barba y aguardentosa voz, picaría en punta y condenaría a los otros ocho a tragar polvo hasta el final. Dicen que guerra anunciada no mata moros. Excepto en Brasil.

Cuando en enero pasado las encuestadoras brasileras le ponían el termómetro a los electores, la ventaja que ostentaba el candidato opositor José Serra (jura que come cebolla pero se la pasa eructando caviar) oscilaba entre 8 y 14 puntos porcentuales sobre Dilma. Desde el 7 de septiembre, día en el que Lula quedó franqueado para hacer propaganda explícita en favor de Dilma Rousseff, ¡brincadeira!, Serra desapareció raudamente del retrovisor oficialista. Hoy, la propia encuestadora Datafolha (apodada “Datafalla” por sus diestras inclinaciones), admite que Dilma le propina a su Serra una gloriosa paliza: 51 a 27.

Erenice, así se llama la fea de la película que, luciendo un curioso sentido de la oportunidad, probó que ni Lula ni Dilma están rodeados de carmelitas descalzos. Ante la pregunta ¿podrá este imprevisto trocar la actual goleada por un desempate a penales? (léase segunda vuelta), la respuesta es no. El calendario no alcanza. Serra tampoco.

Luego de la “entradita” que disfrutará este domingo 3 de octubre, Dilma volverá a la mesa el 1 de enero de 2011, esta vez para encarar el plato fuerte. Con un senado más generoso que el que tuvo Lula y con espacios de poder más amplios, la primera presidenta del Brasil no estará cómoda cuando llegue la hora de repartir la torta entre los once aliados de esta coalición electoral que encabeza el PT (cada lechón reclamará su teta y su forma de mamar, acertaría don Martín Fierro).

Tampoco será sencillo para Dilma cuando llegue la hora de pagar algunas facturas: la de Erenice y sus amigos, por mencionar una. También deberá acarrear con el eco de las muy progresistas ofertas que vienen haciendo algunos candidatos, cuya semejanza con Lula no les alcanzó para sumar (presupuestar 10% del PIB para Educación, ¿no es acaso sospechosa de lulista?). Y claro, volverán los fantasmas de aquel congreso petista del que emergió un plan de gobierno en el que se incluía, por ejemplo, el control social a los medios de comunicación (al final fue excluido para no irritar a esos de los que hoy la propia Dilma se queja).

En fin, un platillo que se presume algo más intratable que el “salame” de la entrada.

¿Postre dijo? Lula 2014. Você gostou?■

(*) Dilma en portugués. Para ir ejercitando.