El infierno son los otros, no hay nada que hacerle. Mucho respeto, mucha integración pero los que nos joden siempre son los otros. El único “nosotros” más o menos viable es el que encontramos en el solipsismo más cerril. Porque el otro siempre es puro límite, es ahí hasta donde se puede llegar, es quien nos recuerda que no se puede todo, que la propia voluntad no tiene el control remoto del universo.

El otro es la pura negación de la omnipotencia del yo. Es ese/a  canalla diferente a uno que no se somete, que se niega a amarnos, que no frena el colectivo cuando lo paramos. Ese que no tiene el mismo color de piel, que no gana lo mismo, que escucha otra música, que le gustan otras películas y que no ha tenido el buen tino de nacer del mismo lado de la frontera que nosotros. El otro es ese que no tiene la misma orientación sexual ni hace en la cama las mismas y tan divertidas y originales posiciones sexuales de uno; que no tiene pito, o tetas o pito y tetas a la vez. El otro es ese desubicado que no se murió joven y tiene el tupé de haber envejecido.  O ese que tiene más títulos, más amigos y es el más lindo y más mejor. El otro y el otro y el otro. Siempre ahí, para señalarme y decir “sí, ese, sos vos”.

Por eso 5 discos 5 para el otro, porque puestos a hilar fino, en su reverso, está nuestra propia identidad■


Hijas DE EVA –2001– Pedro Guerra. Cantautor de enorme y fructífera trayectoria, Guerra es uno de esos artistas siempre al pie del cañón por las buenas causas. En el año de edición de este disco una organización le pide una obra que denunciara la situación mundial de abuso hacia las mujeres. Este es el resultado: una obra que repasa los sufrimientos, las opresiones y el desprecio que millones de niñas, madres, ancianas, prostitutas. Cuando el poeta denuncia muchas veces la rima se fuerza pero es natural que ocurra cuando se debe narrar el horror o ponerle palabras al padecimiento de quienes aun hoy siguen siendo vistas como un bien que se penetra. Las participaciones de Silvio Rodriguez y Fito Paez le dan color a un disco de denuncia, no del todo afortunado, pero necesario.

Music from the Coffee Lands -1997 – Putumayo. El otro también es una construcción que se monta a fines comerciales. Separamos las aguas para que vengan hacia nuestro molino. Alguna vez hablaremos del sello Putumayo con detenimiento para especificar mejor cómo la llamada música étnica da a conocer nuevos músicos y músicas para la mentalidad europeizante de izquierda bien leida. Este compilado, como tantos otros, intenta eso. Pero si olvidamos la ambigüedad moral de la propuesta nos encontraremos con un compilado exquisito de géneros populares de zonas donde la gente se parte el lomo cosechando café. Y por alguna razón no sólo no es triste sino que derrama erotismo sobre los cuerpos. Geniales interpretaciones  de la mega banda Café Tacuba, de la peruana Susana Bacca, y de Thomas Mapfumo, el Barry White de Zimbawe.

Malagata –1990– Grupo Malagata. Es muy simple y lo hemos sostenido en esta columna largamente. La cumbia es una expresión popular sojuzgada. Es más gente la que la escucha cotidianamente que la que no, sin embargo es ninguneada, relegada a radios del género o a los momentos de una fiesta donde ya no importa nada. Sin Embargo refleja un sentir, una disposición de quien la escucha, apelando, como el pop más comercial, a lugares comunes de la pasión y el desamor. Lograrlo no es para cualquiera. El maestro Antonio Ríos, luego de haber integrado el primera versión del Grupo Sombras, funda Grupo Malagata y le cede a la posteridad este disco con uno de los sonidos más personales y reconocibles del género. Véase el clásico “Noche de Luna” para fundamentar lo dicho.

Emotional songs – 2005- Sagi Rei. El cover es una forma de otredad, una consecuencia de ella. Nos devuelve la interpretación que el otro hace de algo que considerábamos con una identidad univoca. Por eso llaman la atención para bien y para mal. Lo que este hombre hace con una guitarra acústica es reformular grandes temas del dance house más punchi – punchi despojándolos de la fiesta y la parafernalia electrónica. Los humaniza, los recrea hasta el punto de apropiárselos como si fueran suyos. Quienes hayan transitado discotecas en los 90 se sorprenderán al oir «All around the world» de Lisa Stansfield o «What is love» de Haddaway en versión chill out apto para coctel en la playa. Una idea brillante que a la mismidad no se le ocurrió. Por eso son necesarios los otros, para enriquecer lo que somos.

Radiolarians -2008- Medeski Martin & Wood. Hay una forma de ser otro que no tiene que ver con ningún tipo de mirada inquisidora. Es decir, otro que es otro porque no necesita ni de la aprobación ni del reproche para constituirse a sí mismo. Lo que estos tres paladines de la música hacen es irse lejos por propia voluntad, allí donde antes no había nada, donde nadie les pidió irse y crear, jugar y experimentar con sonidos sin ánimos de ejemplificar ni edificar para otros más que para sí. Un jazz con pie en el free y el funk con un pulso rocker que abreva en la psicodelia y el bebop a un mismo tiempo. Música deforme, monstruosa nunca complaciente que exige del oyente atención, rumia, maceración auditiva para encontrar la belleza de lo otro desconocido.