Todavía nos cuesta salir de la sorpresa. La muerte siempre es inexplicable, por más que podamos suponerla y más aún cuando nos referimos a alguien que está en el centro de la escena. Eso golpea, nos guste o no, en los primeros análisis y en la sensación de tristeza que vivimos en nosotros y en nuestros barrios. Partimos de ahí, la muerte de alguien cercano deja un vacío que nos genera tristeza y congoja. Luego, es necesario traspasar eso para poder ver lo que viene pasando por fuera de la conmoción. ¿Difícil? Claro que lo es. Hacer política no nos convierte, pese a la insistencia del discurso  dominante, en seres que pueden pensar sin sentir. Siempre lo hacemos desde ahí.

No nos interesa en este momento hacer números y repasar valores. Aquellos que militamos en el tan diverso y complejo campo nacional y popular, sabemos de sobra lo que se viene haciendo del 2003 a esta parte en materia de economía, inclusión social, educación, vivienda, salud, obra pública y trabajo.

Más adelante vendrá la tarea de mostrar con evidencia para aquellos que todavía dudan de esta realidad, pero en este momento las preocupaciones están relacionadas con lo que ocurre con nosotros como militantes del campo nacional y popular y por sobre todas las cosas con la amplitud de sectores sociales que están redescubriendo la política como herramienta de transformación de la sociedad.

Movilización popular

La impresionante movilización popular que se generó en torno a la muerte de Néstor Kirchner es uno de los hechos políticos más importante de los últimos años y puso sobre la mesa un fenómeno iniciado en el año 2003 y que lentamente venía cobrando fuerza. Quienes transitamos la apatía y desmovilización de los 90 observamos con lentitud pero en forma persistente el acercamiento a la política de diversos sectores de la población.

Habrá tiempo de hacer consideraciones sobre el carácter de la movilización, pero no debemos perder de vista la masividad y heterogeneidad de sectores que la integraron y que, aunque los medios no lo digan, frenó la posibilidad de los sectores de la oposición de lanzarse al ataque con la virulencia a la que nos han acostumbrado en los últimos tiempos.

Los peronistas lo sabemos bien, la soberanía del poder siempre reside en el pueblo, puede someterse, contenerse, desviarse momentáneamente, pero cuando el pueblo está convencido de lo que quiere encuentra las formas para romper los límites que le impone el sistema.

La historia del peronismo reconoce en el 17 de octubre de 1945 y en los dieciocho años de resistencia dos claros ejemplos de cómo la movilización y organización popular puede enfrentar y vencer a enemigos muy poderosos como el imperialismo y sus socios locales.

Cuando el pueblo se moviliza el sistema dominante, intenta minimizar sus efectos o desviar nuestra atención hacia aspectos colaterales. Ante la evidencia y contundencia material de los hechos urge taparlo con un puñado de efectos ilusorios que distorsionen nuestra capacidad de mirar con nuestros ojos lo que está ocurriendo.

Ni más ni menos esto es lo que hicieron los medios en estos días posteriores; frente a la imposibilidad de enfrentar abiertamente al gobierno, se intenta desviar nuestro pensar hacia situaciones completamente secundarias y falaces.

La estúpida comparación con la muerte de Perón y la relación entre Cristina Kirchner e Isabel no resiste el análisis de un chico de cinco años, pero la arriesgan sesudos analistas políticos.

Otros, minimizan la movilización comparando las trescientas mil personas con el resto de los cuarenta y tres millones de habitantes, en una comparación que movería a risas si no fuese por la seriedad de sus efectos.

Alguno puso el acento en el factor sentimental como si lo único que hubiese movido a la enorme cantidad de gente a concurrir fuese el dolor personal, individual por la muerte de alguien a quien no conocemos, desconociendo el carácter fuertemente político de la movilización expresada en las banderas, los cánticos y los motivos expresados por todos.

Diversidad y colectivo

De la gran cantidad de argumentos para tapar el significado de la movilización popular debemos prestar atención a un viejo mecanismo de los últimos veinticinco años, nos referimos al discurso de lo “espontáneo” de la movilización como un valor positivo, que encierra por traslación inmediata un juicio negativo sobre la posibilidad de organizarnos.

Frente a la barbarie política de los 90 y la compra-venta de voluntades, solo posible de implantar luego de la derrota a sangre y fuego de la dictadura genocida del ‘76, el eje principal del ataque del sistema es a los intentos de organización popular.

El liberalismo de los 90 perfeccionó sus instrumentos y construyó un mecanismo muy sutil que nos permite aceptar la diversidad de pensamiento siempre y cuando renunciemos a la construcción colectiva para transformar la realidad.

En nombre del respeto a una supuesta diversidad de pensamiento se rompen las líneas que articulan y vinculan los intereses particulares y colectivos.

Las raíces son profundas y comenzaron en los 80 cuando se vació de contenido la lucha de los compañeros combatientes-detenidos-desaparecidos en la dictadura, y se los mostraba como “gente que pensaba distinto”, escondiendo que los compañeros no solo pensaban distinto, sino que se organizaban superando y sintetizando continuamente sus diferencias personales para llevar adelante la transformación del sistema.

No se trata aquí de negar que la mayoría de la gente que concurrió a la plaza el miércoles, el jueves y el viernes lo hizo en forma espontanea, sino de poner el acento en como desde los medios se refuerza ese carácter como si fuese la única forma de participación política genuina.

Organización popular

Repasemos algunos puntos. Decíamos que el hecho político principal es la enorme movilización popular que desborda lo que los medios del sistema pueden ocultar y por ello deben apelar a condicionar o marcar el camino de nuestro pensar.

Reconocemos que la puesta en primer plano del carácter espontaneo de la movilización es el principal instrumento para ocultar el sentido y sobre todo desviar la posible direcciónalidad posterior de la movilización.

Frente a esto no tenemos que marearnos y hoy más que nunca debemos redoblar los esfuerzos para construir y perfeccionar nuestras organizaciones políticas y seguir acercando la política al conjunto del pueblo argentino.

En el Peronismo 26 de Julio estamos convencidos que la construcción de poder popular a través de organizaciones políticas es la única forma de profundizar el modelo de país que todos queremos.

Un modelo de país con Justicia Social, Soberanía Política, Independencia Económica y Unidad Latinoamericana como el que venimos construyendo desde el año 2003, solo será posible si construimos una herramienta política que nos permita defenderlo en todos los momentos y coyunturas que sea necesario.  Apelar a la espontaneidad implica dejar las cosas libradas al azar y a las posibilidades del momento y los argentinos tenemos algunas experiencias negativas en ese sentido■

odavía nos cuesta salir de la sorpresa. La muerte siempre es inexplicable, por más que podamos suponerla y más aún cuando nos referimos a alguien que está en el centro de la escena.

 

Eso golpea, nos guste o no, en los primeros análisis y en la sensación de tristeza que vivimos en nosotros y en nuestros barrios. Partimos de ahí, la muerte de alguien cercano deja un vacío que nos genera tristeza y congoja.

 

Luego, es necesario traspasar eso para poder ver lo que viene pasando por fuera de la conmoción.

¿Difícil? Claro que lo es. Hacer política no nos convierte, pese a la insistencia del discurso  dominante, en seres que pueden pensar sin sentir. Siempre lo hacemos desde ahí.

 

No nos interesa en este momento hacer números y repasar valores. Aquellos que militamos en el tan diverso y complejo campo nacional y popular, sabemos de sobra lo que se viene haciendo del 2003 a esta parte en materia de economía, inclusión social, educación, vivienda, salud, obra pública y trabajo.

 

Más adelante vendrá la tarea de mostrar con evidencia para aquellos que todavía dudan de esta realidad, pero en este momento las preocupaciones están relacionadas con lo que ocurre con nosotros como militantes del campo nacional y popular y por sobre todas las cosas con la amplitud de sectores sociales que están redescubriendo la política como herramienta de transformación de la sociedad.

 

MOVILIZACIÓN POPULAR

 

La impresionante movilización popular que se generó en torno a la muerte de Néstor Kirchner es uno de los hechos políticos más importante de los últimos años y puso sobre la mesa un fenómeno iniciado en el año 2003 y que lentamente venía cobrando fuerza. Quienes transitamos la apatía y desmovilización de los 90 observamos con lentitud pero en forma persistente el acercamiento a la política de diversos sectores de la población.

 

Habrá tiempo de hacer consideraciones sobre el carácter de la movilización, pero no debemos perder de vista la masividad y heterogeneidad de sectores que la integraron y que, aunque los medios no lo digan, frenó la posibilidad de los sectores de la oposición de lanzarse al ataque con la virulencia a la que nos han acostumbrado en los últimos tiempos.

 

Los peronistas lo sabemos bien, la soberanía del poder siempre reside en el pueblo, puede someterse, contenerse, desviarse momentáneamente, pero cuando el pueblo está convencido de lo que quiere encuentra las formas para romper los límites que le impone el sistema.

 

La historia del peronismo reconoce en el 17 de octubre de 1945 y en los dieciocho años de resistencia dos claros ejemplos de cómo la movilización y organización popular puede enfrentar y vencer a enemigos muy poderosos como el imperialismo y sus socios locales.

 

Cuando el pueblo se moviliza el sistema dominante, intenta minimizar sus efectos o desviar nuestra atención hacia aspectos colaterales. Ante la evidencia y contundencia material de los hechos urge taparlo con un puñado de efectos ilusorios que distorsionen nuestra capacidad de mirar con nuestros ojos lo que está ocurriendo.

 

Ni más ni menos esto es lo que hicieron los medios en estos días posteriores; frente a la imposibilidad de enfrentar abiertamente al gobierno, se intenta desviar nuestro pensar hacia situaciones completamente secundarias y falaces.

 

La estúpida comparación con la muerte de Perón y la relación entre Cristina Kirchner e Isabel no resiste el análisis de un chico de cinco años, pero la arriesgan sesudos analistas políticos.

 

Otros, minimizan la movilización comparando las trescientas mil personas con el resto de los cuarenta y tres millones de habitantes, en una comparación que movería a risas si no fuese por la seriedad de sus efectos.

 

Alguno puso el acento en el factor sentimental como si lo único que hubiese movido a la enorme cantidad de gente a concurrir fuese el dolor personal, individual por la muerte de alguien a quien no conocemos, desconociendo el carácter fuertemente político de la movilización expresada en las banderas, los cánticos y los motivos expresados por todos.

 

DIVERSIDAD Y COLECTIVO

 

De la gran cantidad de argumentos para tapar el significado de la movilización popular debemos prestar atención a un viejo mecanismo de los últimos veinticinco años, nos referimos al discurso de lo “espontáneo” de la movilización como un valor positivo, que encierra por traslación inmediata un juicio negativo sobre la posibilidad de organizarnos.

 

Frente a la barbarie política de los 90 y la compra-venta de voluntades, solo posible de implantar luego de la derrota a sangre y fuego de la dictadura genocida del ‘76, el eje principal del ataque del sistema es a los intentos de organización popular.

 

El liberalismo de los 90 perfeccionó sus instrumentos y construyó un mecanismo muy sutil que nos permite aceptar la diversidad de pensamiento siempre y cuando renunciemos a la construcción colectiva para transformar la realidad.

 

En nombre del respeto a una supuesta diversidad de pensamiento se rompen las líneas que articulan y vinculan los intereses particulares y colectivos.

 

Las raíces son profundas y comenzaron en los 80 cuando se vació de contenido la lucha de los compañeros combatientes-detenidos-desaparecidos en la dictadura, y se los mostraba como “gente que pensaba distinto”, escondiendo que los compañeros no solo pensaban distinto, sino que se organizaban superando y sintetizando continuamente sus diferencias personales para llevar adelante la transformación del sistema.

 

No se trata aquí de negar que la mayoría de la gente que concurrió a la plaza el miércoles, el jueves y el viernes lo hizo en forma espontanea, sino de poner el acento en como desde los medios se refuerza ese carácter como si fuese la única forma de participación política genuina.

 

ORGANIZACIÓN POPULAR

 

Repasemos algunos puntos. Decíamos que el hecho político principal es la enorme movilización popular que desborda lo que los medios del sistema pueden ocultar y por ello deben apelar a condicionar o marcar el camino de nuestro pensar.

 

Reconocemos que la puesta en primer plano del carácter espontaneo de la movilización es el principal instrumento para ocultar el sentido y sobre todo desviar la posible direcciónalidad posterior de la movilización.

 

Frente a esto no tenemos que marearnos y hoy más que nunca debemos redoblar los esfuerzos para construir y perfeccionar nuestras organizaciones políticas y seguir acercando la política al conjunto del pueblo argentino.

 

 

En el Peronismo 26 de Julio estamos convencidos que la construcción de poder popular a través de organizaciones políticas es la única forma de profundizar el modelo de país que todos queremos.

 

Un modelo de país con Justicia Social, Soberanía Política, Independencia Económica y Unidad Latinoamericana como el que venimos construyendo desde el año 2003, solo será posible si construimos una herramienta política que nos permita defenderlo en todos los momentos y coyunturas que sea necesario.  Apelar a la espontaneidad implica dejar las cosas libradas al azar y a las posibilidades del momento y los argentinos tenemos algunas experiencias negativas en ese sentido.