Mafalda es de esas joyas que saben resistir el lastre del tiempo. Siempre actual, siempre vigente, siempre dispuesta a recibir nuestra reiterada visita (por lo menos en mi caso que hace varios años que gasto sus páginas) y generarnos la sonrisa sana unida a la reflexión. Mirada lúcida, penetrante y única la de Quino a través de estos personajes y sus brillantes diálogos. Hoy aboquémonos al fresco que nos ofrece al compartirnos  sus vacaciones.

Vacaciones, tiempo de descanso. ¿Tiempo de descanso? Supuestamente las vacaciones son ese momento del año en que uno se “recupera” (en el mejor de los casos) del agobio del resto del año y siente una merecida necesidad de descansar, si es posible lejos de casa.

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 Los preparativos

Lo primero con lo que nos encontramos al posar la mirada sobre los preparativos de las vacaciones de Mafalda y familia es el componente económico, delimitando la posibilidad de tomárselas. Se trata de una primera instancia de preocupación que denota el esfuerzo que significa para la clase media (con todo lo controversial del término en la actualidad) disfrutar de unos días de sol y esparcimiento. Mafalda le pregunta a Felipe: “¿Y vos?… ¿Cuántos días te vas de barbaridad?” Y sí, cuando se comienza a hacer cuentas, la frase más habitual es ¡qué barbaridad! En eso las vacaciones no se distinguen demasiado de todos los restantes días del año.

Otro caso relacionado al factor económico lo encarna la figura del padre de Manolito, quien al frente de su propio almacén no concibe ni siquiera la sola idea de cerrar unos días, y el final de la viñeta en que su hijo le propone irse unos días de vacaciones respondiendo que “¿la clientela? La clientela comprarán en otros almacenes” resulta clave: “¿Alguien dio un disgusto a este hombre? Preguntó el médico”

 El viaje

Generalmente el medio elegido es el tren (ese que varios gobiernos han sabido desvalorizar) y en una ocasión Mafalda observa que “mirar por la ventanilla del tren es como ver al país por televisión”. “¡Lástima que la Televisión tenga mejores programas que el país!” ¿Qué se ve desde la ventanilla? Por ejemplo pobre gente en un ranchito miserable, según los avezados ojos de niña de Mafalda, a lo que un señor que podríamos caracterizar como “de alcurnia” responde: “Pintoresco, querida, pintoresco”. Y sí, viajar nos permite conformar una imagen más amplia y acertada de la realidad nacional, no sólo teniendo en cuenta las ciudades sino también lo que entre ellas hay muchas veces olvidado; sí, pero no poco.

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Las vacaciones propiamente dichas

 En la playa Mafalda suma a su fiel grupo de amigos del barrio (¡qué nostálgico para los que crecimos en el barrio cuando sus calles todavía eran el mejor escenario de encuentro diario y seguro con nuestros amigos de la infancia!) a Miguelito y a Libertad.

En la playa también nace la conflictiva relación de Mafalda con el mar al que cataloga de indeciso, neurótico y hasta de “parecido a un cable urgente de último momento”. Y la arena… “esa maldita alegoría del aguinaldo”, según su padre.

La playa, presentada además como un espacio para reflexionar sobre el mirar y el exhibirse, de despojo y de aparente igualación de hombres y mujeres. Algunas frases significativas:

–         “Aquí el género humano no tiene nada ni de humano ni de género”.

–         “Es curioso, cuando uno ve a la gente de vacaciones parece que nadie tuviera la culpa de nada”.

–          “Mamá ¿esta playa también es nuestra patria?” “Y muy nuestra patria ¿por qué?” “Porque parece que algunos creen que lo único que hay que mantener limpio de nuestra patria es el pasado histórico y esas cosas”

 Sintetizando

En definitiva, algunos refrescantes recuerdos en esta época estival, que nos sirvan para distendernos y, por qué no, para pensar un ratito. Aquí, allí o más allá, donde nos encuentren estas vacaciones. En la playa, en el campo, en la montaña, en la pelopincho o con las patas en la palangana, relajémonos un ratito que tenemos todo el resto del año para estresarnos.

Ah, y a no olvidar que el verano no es sólo “peleas de cartel y cholulaje” y en todos lados siempre hay artistas talentosos deseosos de compartir con nosotros su arte y deleitarnos. Recordemos que también hay ocio productivo.

Queridos lectores: ¡Felices Vacaciones!■