Cuando se transita por el oeste del conurbano bonaerense, tarde o temprano uno se topa con el ferrocarril Sarmiento. Esa mole llena de trabajadores y punguistas, esos vagones donde se fuma porro y se escucha cumbia aun a riesgo de la propia integridad es el hábitat de gente como Gustavo Guevara, que conoce a todos los vendedores ambulantes y a todos les quedó debiendo. Este es su sentido homenaje a la fauna más exquisita y heterogénea de extramuros.


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Egresado de la Escuela de Arte y Porro Manuel Belgrano, en donde siempre le dijeron que la historieta es una mierda; él se dedicó: a la historieta. Ha trabajado en muchas publicaciones muy importantes que no viene al caso mencionar dado que ninguna es tan importante como este periódico. Ha sobrevivido a la aridez económica que genera el medio gracias a que laburó en escuelas dando clases y allí podía comer las facturas que le daban los pibes para la merienda. Ahora zafa gracias a que creó la gran revista Catinga. Se vende o permuta, escucha ofertas.

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