Fotos mentales de japoneses obedientes

a.m., Nakano. Salgo de un bar a una de esas calles de ladrillos tan elegantes que caracterizan al barrio y donde los catadores de tragos y sake pasan un rato interactuando hasta que deciden volver a sus casas. Yo también encaro la caminata de cinco minutos que va a llevarme a la mía en la parte más residencial del barrio. No hay un alma a la vista, pero sí un semáforo peatonal, el mismo por el que paso siempre y en donde una y otra vez me pregunto por qué carajo existe. Está en rojo. Estoy a punto de cruzar

Obediencia defaulteada

Es la obediencia un valor absoluto? ¿Hay que tener valor para obedecer, o para desobedecer? Pensar estas últimas dos preguntas ayudará a responder la primera. Hay obediencia debida, indebida, ¿adebida?, ¿defaulteada? Me gustaría que lean este artículo. No es una orden… Obedecerás al orden establecido Cuenta la historia bíblica que Abraham obedecía ciegamente a “Don Barbosa” hasta el punto de que casi mata a su propio hijo. Muestra máxima de obediencia y de fe. No hace falta mucha imaginación para pensar cómo este hecho puesto de ejemplo para seguir pudo influir en millones de actos de “obediencia debida” para justificar

El rock tiene razones que el corazón obedece

he Rolling Stones representa un inclaudicable modelo de tenacidad y fidelidad al rock. Desde sus jóvenes comienzos, influenciados por el sonido blues e inmersos en un Swinging London que se transformaba vertiginosamente, a un presente que, seis décadas después, celebra la permanencia como punto cardinal insoslayable del género por el puro placer y disfrute de seguir perteneciendo. Si se quiere, también, la mega banda enarbola la obediencia a cierto canon que establece un parámetro de perdurabilidad que no abunda en la profusa historia de uno de los fenómenos culturales más preponderantes del siglo XX.  Podríamos contar el derrotero del Rock and Roll

Elogio a la mediocridad

l miedo y la incertidumbre no se manifiestan de una manera tan lúcida como cuando se intenta cuestionar el porqué de nuestros actos; aunque esto sería irrelevante, sino fuera porque determinan nuestras ambiciones y deseos1. Preferimos proclamar una obediencia a ciegas y colocar en un pedestal el temor a equivocarnos, nos convertimos en una autentica profecía literaria que reivindica al Premio Nobel de Literatura José Saramago, cuando culmina su libro Ensayo sobre la ceguera —somos ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven—, este fragmento sería la extremaunción de quienes certifican en la obediencia su condena a la sumisión en

Obligación mística: la leyenda de la ley

aradójicamente esta nota fue una de las más desobligadas, desobedientes y, ¿libres?, de las últimas emisiones de Andén; al menos así me engaño. La nota misma ha funcionado −hacia dentro de ella y hacia mí− como un leve experimento sobre la obligatoriedad en general y, en particular, sobre la obligatoriedad de escribir o de “hacer” algo de determinado modo. Siguiendo con el sinceramiento, queridos lectores, la nota (y el Andén todo) estaba programado, debía salir en octubre pasado, noviembre a más tardar. Y aquí estamos, la redacción de esta nota aún no sabe si ella misma verá la luz. El

Borgen: la clase política de la obediencia y el internacionalismo enlatado

a serie cuenta los entremeses de la política danesa con condimentos necesarios para no pasar desapercibida ni quedar a destiempo, encontrar tipificaciones muy cercanas a las de nuestra sociedad resulta fácil, a pesar de las lejanías geográficas y socioculturales. No existen los smartphones ni la sobreinformación, pero sí presenta un desafío actual; encontrar una línea divisoria entre la política y los medios masivos de comunicación. La trama de Borgen transcurre  hace diez años y, entre sus grandes atractivos, se encuentran las mutaciones en las instituciones y sus vínculos. Sin feminismo lavado por el internacionalismo, esta serie desarrolla la vida de

Apología de la maldad: Analía Placenti y Mi maldito gen polaco

lacenti leyó un cuento, o un fragmento de uno de sus retratos malditos, en el ciclo “Estaciones”, que Gito Minore organizó en el centro cultural El Surco de Boedo en febrero de 2020, cuando la pandemia estaba lejana, cuando las amenazas cotidianas todavía seguían gestándose en cada esquina, en cada recodo del barrio, detrás de la mirilla de las puertas que nos cobijarían del fin (eso que llamamos ASPO). Esa fue la primera vez que me acerqué a su obra y a las aristas que propone su galería minimalista del mal. Clara Beter y su colección “Tinieblas” −y el nombre,

They live

hey live (1988), la película escrita y dirigida por Carpenter, tiene como centro de su argumento la construcción inconsciente de la obediencia por parte de unos alienígenas que se camuflan en la sociedad y forman parte, en su mayoría, de las clases dirigentes y de los grupos económicos más poderosos. Medios de comunicación, poder político y económico, todo está atravesado por un velo que disimula distintos imperativos (“obedece”, “consume”, “reprodúcete”, etc.) detrás de los elementos cotidianos como publicidades, billetes y revistas. En su película-documental Pervert’s guide to the ideology (2012), Slavoj Zizek explica cómo funciona la ideología. El personaje principal

Obedientes en el amor

De qué nos enamoramos las mujeres? ¿Qué amamos? ¿Cómo amamos? Un día hace no tanto, mientras limpiaba mi casa, me empecé a preguntar cuál era el sentido de todo, de la vida, de mi vida. ¿Para qué estaba en este mundo? Casi sin saber por qué, la primera respuesta que vino a mí, fue que el sentido era el amor y que, tal vez, mi papel en este mundo era cuidar de otros. Lo raro es que esto no solo no me dio tranquilidad, sino que me generó un insomnio y una angustia que duró todo septiembre. Entonces, eso que

La obediencia en la escuela

n par de escenas escolares en torno a la asamblea de aula, concebida como herramienta de aprendizaje y participación democrática, que vienen a ilustrar ciertas concepciones sobre la disciplina y la obediencia, pilares históricos del sistema educativo que una pedagogía crítica no debería soslayar. El planteo del problema Las escuelas están llenas de normas. Por lo general, la directora del establecimiento se llama Norma (cuando no es Mirta o Susana). Además, en las escuelas rige un Reglamento Escolar, un Diseño Curricular, un Estatuto Docente, varias Resoluciones y otras tantas legislaciones por cada jurisdicción. Por si esto fuera poco, en cada