Y este periódico llega por fin al ANDÉN número veintiocho, ¡Pero cómo!, ¿acá corren los números o los temas? Los temas, obviamente. Sin embargo, en esta ocasión, el tren asumió la circunstancia climática que lo rodeaba… ¿O acaso a Usted no le sucede que con treinta y pico de grados no le dan tantas ganas de ponerse a leer o a escribir cosas muy pesadas? El verano es una estación para descansar, retomar la literatura, olvidarse de los problemas y disfrutar un poco.

Por todas estas razones, la idea de este periódico se erigió mucho más libre y hasta más relajada: Dar lugar a la creatividad, tomarse licencia de los grandes y enroscados argumentos que se requieren para poder abarcar la complejidad de la realidad; esa fue, en principio, la propuesta.

Y fue la primera porque, al momento en que se planificó esta edición, enero se venía tranquilo. Decidir entre la locura por la costa, o bien sierras y teatro, o bien la tranquilidad y hermosura del sur, o, por fin, la calidez humana del norte, entre otras opciones tan acogedoras de este país; parecía que sería el tema de mayor conflicto de enero.. 

La propuesta no era pasar el verano, sino disfrutarlo. ¿Y entonces? Entonces, lo que siempre pasa en este rincón del mundo: como parecía que todo estaba muy relajado, la Presidenta, no del mejor modo,  mete dos DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) y chau vacaciones. Todos los corsarios vuelven a la carga: El gran diario –o el ex gran diario, como lo llama Giselle Méndez– argentino, junto con todos los medios de gran alcance nacional dejan de lado temas tan atinados para el momento como la temperatura en Mar del Plata, Patronelli encaminándose a ganar el Dakar, y demás, para prender fuego y caldear, nuevamente, la escena política. Como siempre sucede en enero, la temperatura no escasea.

Otro funcionario del Gobierno –si este “Chicago boy” de Redrado fue elegido por el gobierno nacional y popular– se planta en contra de los intereses que lo situaron en su lugar, y comienza una campaña a lo Cobos. Que la fórmula tiene éxito no deja lugar a dudas. Más allá de las virtudes que alguien pueda encontrar en el Vicepresidente de la Nación, es una gran ironía que su figura sea presentada como el resguardo Institucional del país. Y, si se continúa la hipótesis, la Institucionalidad viene en aumento…

Pero debe volverse al centro de la cuestión: como amerita el asunto, la discusión se desató y no escamoteó coletazos. ¡Es enero muchachos! ¡Paren un poco! ¡Vacaciones! Nada de eso siquiera fue pensado. Y no porque los pobres dejen de ser pobres (por lo cual sí vale detener las vacaciones y cualquier otro evento), sino porque fue necesario discutir la pertinencia de actuar como lo hizo el señor Redrado, de generar un DNU para liberar los fondos necesarios para pagar la deuda (y otro para que esto realmente se materialice), de hacerlo o no con los fondos destinados por el Congreso, de hacerlo con los Fondos del Bicentenario, de la interrupción del modelo de país, de la derecha, de la izquierda, de la traición, de los jueces, de atornillarse a la silla, y tantas cosas que… si bien le dieron un poco de humor de enero al asunto, no venían tan al caso. (En la sección “9 al hilo” pueden  encontrarse algunas de las creativas frases que los políticos utilizaron en un enero en el cual parecen querer robarse las tablas).

Toda esta discusión no fue ajena a este ANDÉN, no por voluntad o planificación, sino por mero asedio de las circunstancias. De este modo, dos columnistas abarcan en el pliego central la cuestión: desde la legitimidad de la deuda, su reconocimiento, y la ubicación del arco político en el entorno temático –por parte de Alejandro Miguez–; hasta un somero y profundo análisis del desenvolvimiento de los hechos, con base en una mirada crítica y ética –por parte de Gustavo A. Zanella–.

La propuesta se erige entonces ambivalente: Por una parte, cuentos, literatura, blogs y música para deleitarse al costado de la laguna o con las patas en la palangana –como prefiere un columnista–, por otra, el complejo entramado político para esas tardes de verano en las que parece que el cielo se nos cae encima■