Hijos de puta, lo que se dice hijos de puta, va a haber siempre; siempre los hubo y siempre los habrá. Lo importante es no dejarlos pulular por las calles, escondiditos bajo su disfraz de cordero o viejecito. Un nuevo aniversario de un golpe de estado brutal tiene que obligarnos a repensar no sólo nuestra historia sino el modo de relacionarnos con ella y con sus consecuencias.

¿De qué modo impactan cotidianamente en nosotros los muertos de aquella etapa? ¿Cuántos de los que mueren hoy por causas evitables, no son en el fondo, muertos que mueren por causas implantadas allá no tan lejos y hace tiempo? Por eso no es un ejercicio vano manifestar el repudio por los asesinatos, las apropiaciones, el robo liso y llano. Es la obligación como ciudadanos del mundo no dejar impune la infamia y también, no dejar que ese repudio se vuelva la bandera de ningún oportunista. Por eso 5 discos 5 en memoria de los que ya no están pero siempre harán acto de presencia en nuestras luchas y por sus hijos que por ahí andarán buscándose, buscando una respuesta, como nosotros pero con una cruz más pesada sobre el lomo, la de la historia, impiadosa, cruel, viva■


 

Solitary Man (American Reccording III) -2000 –  Johnny Cash. ¿Por qué poner a un folklorista norteamericano en esta lista? llámenme cínico, pero toda alma arriba al cielo con Cash sonando de fondo. Padre de los sonwritter ese hombre le cantó a todo, por todo el mundo, a todas las clases sociales haciendo uso de su voz, su guitarra y una poesía descarnada y melancólica como la de aquel que ve el tiempo pasar y reconoce las huellas de su paso. En sus últimos años, en plan minimalista, grabó covers imprimiéndoles su estilo, despojando, desbastando los sonidos hasta dejar en las canciones solamente el misterio. La versión del clásico inoxidable de U2One” convoca lo mejor de los fantasmas que suelen acecharlos para remantar con “That lucky old sun (just rolls around heaven all day)”.

 

La historia de un ídolo- Leonardo Favio. ¿Qué los cautivaba de esa voz? ¿Qué demonios los seducía de esa personalidad tan huraña¸ tan intelectual, tan comprometida? ¿Por qué caló en una generación con aires decididamente contestatarios un cantautor definitivamente pop? No lo sabremos nunca. Pero adivinaremos la necesidad por el amor trágico que describe, por aquellas orquestaciones tan de moda por aquellos años y por esa militancia tan pero tan romántica (no es un halago) que peleaba por Perón y la patria socialista sin tener muy en claro el para qué. Vuelto a poner en valor hace unos años por el mundillo snob se rescatan clásicos para chapar a cuatro manos en “Ella ya me olvidó”, “fuiste mía un verano”, “o quizás simplemente le regale una rosa”. Pura inocencia irresponsable.

 

 

El jardin de los presentes – 1976 – Invisible. Spinetta, como Charly, como Calamaro, es fundamental para leer una época. Si mirásemos con atención la lista de temas de este disco veríamos que todo, incluso su título, hace oculta referencia a cuestiones de aquellos años con una poesía que más de un naturalista francés envidiaría. “Niño condenado”, “Alarma entre los ángeles”, “Los libros de la buena memoria” nos garantizan  un pluralidad de sentidos para leer la historia desde aquí en clave historicista, o acaso, oracular; como si el poeta advirtiera la oscuridad en ciernes y dejara su exorcismo allí, a la vista, para que los presentes de aquel entonces y los deudos de hoy, tolerasen lo que siempre nos pone en peligro con una sonrisa, de esas que a veces acaban salvándonos la  vida, aunque muramos.

 

Exile on main st. – 1972 – Rolling Stones– Los mejores Rolling, cuando no eran una sarta de viejos que giraba para pagar la luz de sus mansiones, musicalizaban una época desde el punto de vista de la despreocupación con el rock & roll en pura efervescencia. Bellezas como “Casino boggie” y “Black Angel” nos dejan constancia de una edad del mundo en donde todo sonaba más puro, menos artificioso, acaso porque todavía estaba todo por hacer. Los que vivieron la época quizás musicalizaran sus reuniones politizadas con ellos, como para matizar la pesadez de temas y preocupaciones que algunos años después, por su compromiso con la cosa social o la mera casualidad habrían de llevarlos a la muerte. Un error de la izquierda fue ningunear el rock. Por suerte algo de ella y del rock sobrevivió para contar el cuento e inspirarnos.

 

 

Confesiones de invierno – 1973 – Sui Generis. No fueron los primeros en hacer rock nacional propiamente dicho, ni siquiera los más originales pero algo en ellos, Charly García presente, los hizo conectar con una generación que coreó sus canciones desde el mismo momento de su creación. La inocencia con la que veían al mundo, la esperanza de un mundo mejor, las dificultades que esperaban dejar atrás los convirtieron en portavoces de una cosmovisión que no quería ni imaginaba la violencia que se avecinaba. ¿Por qué gente con tan buenas intenciones acabó cantando sus canciones en los chupaderos del proceso? Eso habrán de responderlo otros, pero si los ayudó a sobrellevar por un segundo aquel dolor de la tortura bien merecen su lugar entre las estrellas.