Del Exxon Valdez al derrame de petróleo mexicano. De Botnia a las napas contaminadas con uranio y arsénico de Ezeiza y González Catán, de los bosques salteños a los lobos europeos. Si la especie humana es capaz de espoliar su medio ambiente, ¿qué duda cabe de su vocación de espoliarse a sí misma sin ningún atenuante?. Dejar que la gente muera (literalmente) de hambre va de la mano con extinguir a las ballenas y arrasar con los bosques y el agua.

Es parte de la misma conducta violadora. Penetrar el cuerpo del pobre con infamia, sodomizar incestuosamente la tierra que lo ha parido para depositar allí sus muertos y su mugre para nada biodegradable. No tiene que ver ni con los cerdos afrodisíacos de Cristina ni con los alimentos homoeróticos de Evo. Tampoco con el dedo acusador, tan católico él, de Greenpeace y Vida Silvestre. La verdad no sé bien con qué tiene que ver, pero quiero un árbol en mi futuro, un tomate con gusto a tomate y un churrasco que no venga de una vaca loca. Y no quiero una tierra que se saque a la humanidad de encima como quien se saca los piojos: con huracanes, terremotos y tsunamis. Por todo eso y para aplacar a los dioses de la naturaleza, tan jodidos ellos y tan jodidos nosotros, 5 discos 5 naturales, sin hormonas raras, respetuosos de la tierra, sus frutos y sus habitantes


 

Camoufleur- 1998 – Gastr Del Sol- Formulas acústicas para un sonido de base electrónica producto del siempre enorme Jim O’Rourke. Lo que alguna vez fue llamado post rock no es más que música de relax, contemplativa. A veces minimalistas, a veces concretas, las  largas canciones, algunas necesariamente instrumentales, despliegan climas que, por encima de los efectos, se sostienen más por las significaciones en al escucharlo que por la tensión entre las notas. Arreglos de voces que recuerdan a los Beatles más corales para una introspección mezcla de jazz con aires célticos y africanizantes. Un cóctel de lisérgica búsqueda atonal. Un claro ejemplo es A Puff of Dew, experimentación sólo para experimentados que contemplan la naturaleza desde otro lugar (vaya uno a saber cuál).

 

 

Humanos – 1976Pastoral. Aquellos que hacen culto del neoFolk (véase José González, Juana Molina, etc.) deberían prestar más atención a las fuentes antes de crear nuevas denominaciones para  la misma música de siempre, sobre todo cuando la fuente es superior. No necesariamente hippies, como sus contemporáneos de Arco Iris, Pastoral fue un dúo vocal que hizo un culto de las temáticas de aquel movimiento: crítico cuando lo ameritaba (Lustrabotas de avenida), introspectivo (Me desprendo de tu vientre), marcadamente ecológico (Prórroga de la tierra). Pocos grupos de aquel entonces hicieron una crítica a la condición humana tan explícita de forma tan naiff como cuando en la aún vigente Humanos (hit setentista si los hay) cantan  “humanos quieren llamarse ellos, que matan a un ave al volar”.

 

Me Deixa em Paz – 1972 – Elis Regina. Andrés Calamaro hace años escribió una canción llamada Especies que desparecen; eso fue Elis Regina en el mundo de la música, una especie en sí misma que le dio su voz al mundo inmolando su corazón. Clásicos posta, clásicos al nivel de Ella Fitzgerald,  Chabuca Granda y Cesaria Evora, eso contiene este disco. No se puede tener una mirada certera de la cultura popular del Brasil si no se reconoce la figura de esta mujer que marcó los años ´70 con obras como Águas de março, olhos aberto o casa no campo, una oda pastoral en la que canta: “Eu quero uma casa no campo / Do tamanho ideal, pau-a-pique e sapé / Onde eu possa plantar meus amigos / Meus discos e livros / E nada mais”.

Entre raíces y antenas – 2004- Macaco. Una crítica dijo que el objetivo de este disco era “conectar lo antiguo (la raíz) y lo moderno (la antena) en un alucinante viaje de ida y vuelta por el espacio y por el tiempo”. Disco doble de encuentros entre una concepción de quehacer grupal y otra individual. Un vínculo entre música urbana (hip-hop) y músicas de las fronteras del mundo (ragga-groove afro-latino) con fuerte impronta multicultural; en equilibrio entre lo antiguo y lo moderno haciendo mención a un mundo que ya no es, a otro que aún no es y a otro en constante devenir que rápidamente muere y lento nace. 2 discos largos, para prestarle atención mientras se lo baila, se lo compara, se lo sopesa y se lo contempla con paisaje de fondo (cualquiera, a gusto de quien escucha).

Rosal -2004- Rosal. Hay algo en el sonido de esta agrupación que se ha ido desdibujando con los años pero la sencillez, la honestidad y la naturalidad de éste, su segundo disco, no podrán ser borradas por el paso del tiempo. Un disco de acordes amables y dulces, donde el imaginario del amor se hecha a rodar como si fuera parte de la tierra misma pero con oscuridad y un dejo de amargura. La voz de María Ezquiaga, siempre al borde de la fragilidad y la furia  despliega su grandeza en la canción Amor, donde se enuncia, quizás,  la verdad más fundamental de la naturaleza “aún en el más elevado amor, siempre estamos solos”.