Estimados lectores y lectoras de ANDÉN… No es la primera vez que esta publicación encara el tema de los medios de comunicación. Aun más diría yo… Jamás, fuera cual fuera el tema central, hubo y hay secciones fijas que se encargan de reflejar, analizar y opinar sobre el funcionamiento de los medios en nuestro país.

Esto es algo llamativo. Se supone que los “medios” son ni más ni menos que eso: medios. Tienen la función de mediar entre dos puntos. Están en el medio de dos términos. Y su importancia, utilidad y pertinencia se verifica en cuanto cumplen con dicho rol: permitir y posibilitar el acercamiento y la conexión entre dos puntos.

Para decirlo claro: el punto A necesita acercarse, relacionarse, tomar contacto con el punto B. Para esto necesita un medio. Si el medio permite el encuentro es útil, tiene sentido… Si no… no.

Esto que intento explicar es el planteo clásico de la comunicación.

Pero desde hace un tiempo a esta parte (y no hablo del último gobierno…) algunos empezaron a cuestionar este esquema. Otros llegaron incluso a decir una extraña frase:

“el medio es el mensaje”

¿Qué querrá decir? ¿Cómo es posible que algo diseñado y concebido para ser puramente “medio” pueda de golpe ser pensado como “mensaje”?

A ver… permítanme jugar un poco con la frase. Si usted ama a una persona y esa persona le dice que la ama, ¿qué sentiría usted si es golpeado por ella en el mismo instante que le dice que lo ama? Una especie de “porque te quiero te aporreo”…

 No suena muy “coherente” ¿no? Pareciera haber un corto circuito en la comunicación. Justamente… porque el medio es mensaje. Y la piña no parece ser un buen medio para expresar el amor.

 ¿¿¿ Y???

Bueno… ¿no se ve la relación? Supongo que sí. Pero…. ¿No le parece raro que en estos tiempos los principales medios de comunicación de nuestro país ya no comunican?

¿No está un poco harto de que la realidad varíe asquerosamente según uno vea tal o cual canal, escuche tal o cual radio o lea tal o cual periódico?

Veamos… No nos metamos en temas conflictivos, como podría ser el del campo, o la identidad de los hijos adoptivos de Ernestina, o el uso de los fondos del Banco Central, la plata de los K, o la salud mental de Lilita…

Fijémonos simplemente en lo ocurrido en nuestro país la última semana de Mayo. Más concretamente la celebración del bicentenario.

Una semana antes… o incluso un día antes, se trataba de una fantochada K, iba a ser absolutamente ignorada por el pueblo. Incluso era patético ver cómo algún canal de noticias lanzaba la advertencia, como servicio al usuario, de no venir al centro…. ya que iba a ser imposible circular con tranquilidad.

Resultado: concurrimos a la mayor concentración popular de la historia del país. Sin que se haya dado prácticamente ningún hecho de violencia o inseguridad. Y esto se vio reflejado a lo largo y ancho del país…

Me encontré con muchísimas personas que decían haberse sentido ninguneadas… ya que habían sido parte de un hecho callejero y popular sin precedentes del que no pudieron ver casi ningún reflejo mediático, o peor aún lo veían  muy mal reflejado.

Orlando Barone suele transmitir su consternación, ya que como viejo periodista, dice que nunca en su larga trayectoria había visto a los medios mentir o negar la realidad de tal manera. 

El corte de la Corte

Habrá que ver… sobre el cierre de estas líneas apareció el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el que con contundencia numérica (7 a 0) y conceptual en lo jurídico, le volvieron a dar posibilidad de existencia a la nueva Ley de Medios (esa que el monopolio Clarín llamaba ley K).

Habrá que ver… escuchar… leer… y jamás dejar de participar