En la Argentina de Macri, parece ser que el derecho a protestar sólo les concierne a unos pocos. Ni siquiera se respeta a los menores ni se los cuida, y como si eso no bastara, también se los persigue y estigmatiza. Con sólo seguir el trazo de la línea comenzada por Menem, continuada por Palacios y Abel Posse, y extendida por Rodríguez Larreta y Bullrich; no resulta complicado anticipar el camino que tomará el Jefe de Gobierno en caso de llegar a la presidencia de la Nación.

Si bien en las propuestas de otredad no estaba contemplado, en estos últimos días se ha dado el fenómeno de la toma de escuelas en la ciudad de Buenos Aires, suficiente como para incluir el siguiente ítem: el otro como adolescente.

Son conocidos los hechos que llevaron a los chicos de escuelas secundarias a tomar los colegios, con la adhesión posterior de terciarios y universitarios. Es entonces necesario hacer un análisis, primero del accionar inesperado, basado en la unión y solidaridad, de chicos a los que se suele denigrar y menospreciar constantemente, ya sea por ignorantes o por apáticos. Y en segunda instancia hacer una seria revisión de cómo algunos medios han tratado el tema y maltratado a menores de edad, desconociendo o violando todo tipo de derecho estudiantil, e incluso derechos del niño y adolescente.

Criminalizar al joven es algo ya natural para los medios, y esta vez vieron servido un exquisito menú en bandeja: adolescentes y de escuelas públicas; es decir, jóvenes y pobres.

Los restauradores de la moral argentina, encolumnándose detrás de la necedad de Macri y de su grupo de amigos que juegan a gobernar, salieron sistemáticamente a destrozar a chicos de no más de 17 años, esperándolos cada mañana en las puertas de los colegios; un paréntesis para mencionar que esos medios jamás esperaron a ningún funcionario para cuestionarlo por la no ejecución del presupuesto educativo, y mucho menos se molestaron en registrar el estado de las escuelas de la Ciudad.  En un instante, estos chicos, que siempre fueron nada, se convirtieron en la obsesión de periodistas que jamás han visto de cerca una escuela pública. ¿Qué fue lo que motivó ese interés? La respuesta no es ni la noticia, ni el hecho de favorecer al gobierno. La respuesta es: miedo. No es posible que otra vez vuelvan a levantar la cabeza, a quejarse, a pensar, a sentirse con derechos, a querer una vida mejor. Hoy piden aulas en condiciones y mañana hacen paros por mejores salarios. Imagino al casi ministro de educación Abel Posse en las penumbras de su habitación pensando: “¿no les alcanzó con la noche de los lápices?” Algunos podrán decir que es sólo mi imaginación exacerbada y poco objetiva, pero ese mismo casi ministro fue el que escribió acerca de la tragedia de Cromagnon: La llamarada de los inmolados nos muestra el mundo chato y sin salida de probablemente tres millones de adolescentes y jóvenes a la deriva…[1] En ese mismo texto resume que toda expresión colectiva (intuyo que la palabra popular le causa náuseas), “Sea protesta gremial o piquetero […] todo asume una expresión simiesca”. El único motivo de reflotar un texto que tiene ya cinco años es el intento que hizo Macri por colocar a Posse como ministro de educación; esa tentativa deja en evidencia la opinión que el gobierno de la ciudad tiene de los jóvenes. No obstante, por si no alcanzase con tal demostración, fue el actual ministro Esteban Bullrich quien dijo muy solemnemente no querer piqueteros, sino ¿poetas?, ingenieros, arquitectos, etc…

Señor ministro, sepa que muchos de esos chicos que están tomando escuelas cuyo estado de abandono es harto conocido por usted -de lo contrario se animaría a mandar a alguno de sus tres hijos a escuelas públicas- son poetas. Si se molestara un poco en conocerlos, en otorgar becas y en hacer concursos transparentes, usted mismo podría descubrirlo. Los estudiantes de escuelas públicas lejos están de ser simios, por lo tanto sería mejor que dejara de asesorarse con Abel Posse.

Pero lo más preocupante es que no quiera piqueteros, que le molesten. Sin entrar en el detalle de que los piquetes que lo irritan a usted y a su jefe, son los de los pobres; y si son adolescentes y pobres, doble irritación. Muy cómodo y sonriente se lo vio a Macri en la rural junto a los piqueteros VIP.

Sepa también, que no se estudia para ser piquetero, ni es una cuestión volitiva. Es sólo un acto desesperado por sobrevivir, o en casos más leves, la única salida cuando ya se han agotado todas las instancias de diálogo y se han tolerado largos plazos y reiteradas mentiras. Amenazar, reprimir, no dialogar, listas negras, engañar y declaraciones fuera de lugar son al menos seis logros que nadie puede negarle al PRO.

Para coronar tales incongruencias, Macri declaró desde Europa que descontaría los días de paro a los docentes, que la ciudad tiene derecho a no pagarles si no van a trabajar. Dejando de lado el derecho constitucional a la huelga que todo trabajador tiene, resulta gracioso escuchar esto de boca del hombre que cada vez que surge un conflicto en la ciudad está de vacaciones.

Para resumir: si tomamos el concepto de Macri “La ciudad tiene derecho a no pagarles si no van a trabajar”, el actual Jefe de Gobierno nos estaría debiendo alrededor de tres años de sueldo, sin contar los de legislador.

Tal vez si los funcionarios públicos estuvieran obligados a utilizar los servicios públicos, dejarían de ver como un otro o una amenaza a los estudiantes de esas escuelas, a los usuarios de hospitales y transportes; estarían obligados a mejorar esos servicios para no ser ellos también víctimas, y su dios no lo quiera, transformarse en piqueteros. Para que eso suceda, ellos deberían dejar de ser ellos y nosotros los otros; y dudo que abandonen lo que les costó quinientos años de lucha conseguir y mantener. Porque nosotros (los otros) cada tanto levantamos la cabeza y gritamos crispando los oídos y los ánimos de ellos (los ellos) ______ (colocar nombres a elección).

Acerca de los medios, resta decir que muchos periodistas han quedado en ridículo, no pudiendo sostener un diálogo con chicos de 15 ó 16 años, que mostraron no tener miedo, y poseer argumentos sólidos, suficiente como para dejar en evidencia la incapacidad de los recalcitrantes Feimannes que abundan por cada uno de los canales de noticias. Con frases como “tendrías que estar estudiando” o preguntas del tipo “¿qué opina tu papá de que estés tomando la escuela?”, reducen el conflicto a un mero capricho adolescente, y ocultan el verdadero problema, la única noticia que deberían repetir: el peligro que representa para los chicos estudiar en una escuela cuya infraestructura puede derrumbarse en cualquier instante; aunque las noticias de derrumbes ya no sean novedad si suceden en la ciudad de Buenos Aires.

No queda más que esperar a que la gestión de Macri se termine sin más muertes evitables; aunque a juzgar por la actitud de la jefatura de gobierno, las vidas de los otros no parecen estar en la agenda; primero los viajes y el condonamiento de multas a los jugadores de boca. El resto quedará para el próximo gobierno, siempre y cuando el PRO no resulte reelecto


[1] Abel Posse, La Nación, lunes 2 de Enero de 2005