Desde bien entrado el S. XIX y con la consolidación del capitalismo en el S. XX, el hombre se ha transformado en el homo-faber. El Trabajo, no es sólo la actividad, sino la forma de vida entorno a la cual se ordena todo nuestro mundo. Y del S. XXI ¿qué decir? ¿Podemos pensar la condición humana sin remitirnos al trabajo? Y más aún, ¿podemos relacionar la definición de la condición humana en el S. XXI con el kirchnerismo? (!!!)

Va más de una semana ya de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner y, para quien debe publicar, hoy parece imposible no ser reiterativo o repetitivo. ¿Qué queda aún por decir, que no se haya dicho ya? Posiblemente poco. No obstante, siempre se puede hacer una “meta-reflexión”, y preguntarnos: ¿por qué se dijo más esto que aquello? o ¿a quién convenía más decir esto y no lo otro? O tal vez: ¿cuáles son las consecuencias de haber puesto de relieve determinado aspecto del legado kirchnerista?, etc.

El intento de estas preguntas es el de alejarnos un poco de la esfera partidaria, de tal forma que lo problematizado a continuación no sea ni una oda ni una crítica hacia el kirchnerismo, sino tan sólo el intento de pensar sobre algunos elementos de la realidad que parecen haber cobrado visibilidad sólo después de la muerte de Néstor Kirchner.

Me referiré en particular al fenómeno de “la vuelta de los jóvenes a la vida política”. A mi juicio, este ha sido uno de los fenómenos más reivindicados por kirchneristas, y también más reconocido por no kirchneristas. Para invitarlos a pensar ese fenómeno, pongamos entre la realidad y nuestro juicio una herramienta: el inmenso e insuperable estudio de la filósofa Hannah Arendt titulado La condición Humana. Este estudio contiene una de las mejores explicaciones histórico-filosóficas de la realidad de la segunda mitad del siglo XX, y que nosotros podemos hacer extensiva a esta primera década del siglo XXI. Allí nos encontramos con una descripción de diversas transformaciones que se han dado en la vida del hombre, como la transformación de la distinción público-privado interrumpida por la esfera de lo social, la transformación del animal laborans en homo faber, y las distintas transformaciones en la relación entre la vida contemplativa y la vida activa. Sobre esta última debemos detenernos puesto que, dependiendo del resultado entre la vida activa y la vida contemplativa, podremos comprender cuál es

La condición humana para este tiempo histórico

Resumo brevemente el inicio del planteo arendtiano: dentro de la vita activa hay tres actividades fundamentales: labor, trabajo y acción. Labor es la actividad que corresponde al proceso biológico del cuerpo humano, que está ligado a las necesidades vitales, por lo tanto, la condición humana de labor es la vida misma. El trabajo es la actividad que corresponde a lo no natural de la existencia del hombre, que no está inmerso en el constantemente repetido ciclo vital de la especie. El trabajo proporciona un “artificial” mundo de cosas, por lo tanto, la condición humana del trabajo es la mundanidad. Por último, la acción, única actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la tierra y habiten en el mundo. Mientras que todos los aspectos de la condición humana están de algún modo relacionados con la política, esta pluralidad es específicamente la condición de toda vida política.

Estos tres aspectos conforman las condiciones generales de la existencia: “La labor no sólo asegura la supervivencia individual sino también la vida de la especie. El trabajo y su producto artificial hecho por el hombre, concede una medida de permanencia y durabilidad a la futilidad de la vida mortal y al efímero carácter del tiempo humano, la acción, hasta donde se compromete en establecer y preservar los cuerpos políticos, crea la condición para el recuerdo, esto es, para la historia”.

La expresión vita activa se remonta a la tradición del pensamiento griego, en relación con el bios-polítikos aristotélico, cuyo significado original remitió siempre a la vida dedicada a los asuntos público-políticos. Aristóteles, explica Arendt, distinguió tres modos de vida que podían elegir con libertad los hombres, o sea, con plena independencia de las necesidades de la vida (labor y trabajo).

Con el devenir de la historia, la expresión vita activa perdió su específico significado político y denotó toda clase de activo compromiso con las cosas de este mundo; de esto no se siguió que labor y trabajo se elevaran en la jerarquía de las actividades humanas y alcanzaran la misma dignidad que una vida dedicada a la política. Fue, más bien, lo contrario: a la acción se la consideró también entre las necesidades de la vida terrena y la contemplación se dejó como el único modo de vida verdaderamente libre.

De la reflexión sobre la vida política, en tanto que pluralidad de hombres en acción y como única forma verdaderamente libre de vida, no debe seguirse la conclusión apresurada de que, si efectivamente el kirchnerismo desde el 2003 a hoy a restituido la vida política de los jóvenes (y toda la sociedad) se sigue que ese mismo kirchnerismo nos ha “devuelto” la forma de vida que más se acerca a la condición humana verdaderamente libre.

Pero lo que sí podríamos “leer” en esta reivindicación kirchnerista es un movimiento desde el Estado a la Sociedad. Porque en el momento en que se elige reivindicar desde el gobierno mismo este elemento (resaltado en el discurso presidencial del lunes pasado) se realiza un movimiento (tal vez inconsciente) donde se desplaza el sustento del gobierno a un elemento exterior y ajeno a sí mismo, que toda la sociedad puede reivindicar para sí, y que puede servir a cualquiera de los partidos políticos.

En conclusión, politizar una sociedad restituyendo la acción, en términos arendtianos, sitúa la responsabilidad y la continuidad de esa politización en la pluralidad de hombres que definen la condición humana como tal, como un actuar en conjunto, puede hacernos pensar que la continuidad del kirchnerismo no quedaría ya en la profundización de un modelo a través de medidas gubernamentales, sino en la encarnación de cada uno de nosotros en un modo de vida, que en la última mitad de siglo, se esfuerza por sobrevivir■