Las migraciones, como fenómeno social, tiene muchas aristas para el análisis. En el caso de la migración fronteriza de bolivianos hacia la Argentina, existen aspectos como el de la identidad cultural, que define las características de la migración.

Las actitudes están definidas por el entorno cultural, y las modificaciones que el conjunto de la sociedad adquiere influenciada por los discursos generados en una estructura social dinámica y en cuyo seno existe una permanente lucha de grupos de poder; por lo tanto las actitudes de la  comunidad boliviana en la Argentina, como también de la comunidad Argentina hacia los bolivianos, se inscriben en esta dinámica y se manifiestan en las diferentes “imágenes” vinculadas a la migración (Mármora 2004).

En el actual contexto de una globalización económica, las actitudes respecto a la migración no reflejan el espíritu liberal que se aplica para la libre circulación de los capitales y los productos acabados, de las inversiones realizadas y lo que encontramos es una especie de reavivamiento de un nacionalismo que apela a la diferencia con el “otro” y como señala Emmanuel  Todd [1] “Tal o cual grupo humano reivindica una esencia única, inimitable, y manifiesta su hostilidad a las ideas de equivalencias de los hombres y de fusión de los pueblos”. Los principios universales de la igualdad de las personas, establecidas en declaraciones y convenciones internacionales se diluyen a la hora de analizar la migración desde la vida cotidiana.

Marco histórico de la migración  en Bolivia

El territorio andino, que originalmente se extendía desde el sur de Colombia hasta el norte de la Argentina y Chile, se estructuró sobre la base de un  sistema de ocupación del espacio a través de una política denominada mitimae, que consistía en trasladar comunidades integras de un lugar a otro[2]. Esta ocupación del territorio formaba parte de la estrategia de producción de alimentos en el control máximo de pisos ecológicos descriptos por Murra (Jhon V. Murra 1955).

La administración del territorio andino basada en la producción agropecuaria, demuestra que migración y economía (entendida como: “el conjunto de actuaciones y actividades de los hombres destinadas a asegurar su existencia  y a mejorar sus condiciones de vida” Hermann Max) ya formaban, tempranamente, una unidad dialéctica.

Con la formación de los Estados Nacionales existe una consolidación de las fracturas territoriales del Tawa Inti Suyo (los cuatro territorios del sol). Los territorios del Alto y Bajo Perú son los que junto al actual Ecuador  contienen la mayor población originaria indígena, existiendo enclaves aymaras en Chile y Quéchuas en el Norte Argentino.

La dinámica poblacional del sistema colonial, basada en los requerimientos de mano de obra de la explotación de la plata y del trabajo en las haciendas y obrajes fomentó una especie de migración temporal en el extenso territorio colonial, el sistema aplicado fue la mita un servicio obligatorio de mano de obra proveniente de los ayllus quechuas y aymaras.

La delimitación territorial de las flamantes Repúblicas en el siglo XVIII, frenó las migraciones entre los antiguos territorios de los Virreynatos.

En Bolivia el Estado-nación se constituyó sobre la base económica de un sector minero y una producción agropecuaria asentada en el sistema de hacienda que tendrá una expansión en el decenio de 1860-1870, afectando las tierras de las comunidades andinas.

La estructura de concentración de la riqueza en pocas manos de industriales mineros y propietarios de haciendas rurales entra en crisis a partir de la finalización de la guerra del Chaco (1932-1935). La actividad política se expande a las comunidades y haciendas rurales, la sindicalización de los campesinos es fomentada desde el gobierno, pero las elites de poder dan fin al ciclo de los gobiernos progresistas, primero en 1946 con un Golpe de Estado, y luego en 1950 con un autogolpe. Las primeras migraciones hacia la Argentina datan de esa época.

En 1952 la rebelión popular cambiará las estructuras económicas sociales del país, una de las medidas importantes es la reforma Agraria. Una vez suprimida la prestación de servicios gratuitos a los “patrones de hacienda” la población de las comunidades campesinas comenzó a emigrar hacia los centros urbanos y a las zonas de “colonización”. Aquí podemos encontrar un primer efecto migratorio interno campo – ciudad y otro proceso campo – campo (los campesinos de zonas del altiplano que migran hacia los llanos del oriente).

Podemos concluir señalando que la migración a la Argentina es producto de las transformaciones realizadas a partir de 1939 y que son profundizadas con la reforma agraria y la influencia del pensamiento de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) que plantea un proceso de industrialización sobre la base de sustitución de importaciones.

Discriminación: el temor a la diferencia

Es un lugar común afirmar que históricamente el temor a lo desconocido crea mecanismos de defensa y en esa medida tenemos las imágenes vinculadas a la migración descritas por Mármora y que detallamos a continuación: “Estas imágenes pueden ser válidas tanto para el nativo que retorna como para el extranjero que llega. Pueden ser positivas, dando lugar en sus formas  extremas a la xenofilia, o negativas, apareciendo como formas xenofóbicas, exofóbicas o endofóbicas.

Aplicadas estas imágenes a la relación bolivianos-argentinos podemos encontrar una muestra muy notable en las opiniones de  Daniel Hadad publicadas en la revista “La Primera” del 4 de abril del año 2000.

La presentación de la revista (la portada) lleva un gran titular en la parte inferior de la página: “LA INVASION SILENCIOSA” y en texto de apoyo se puede leer “Los extranjeros ilegales ya son más de 2 millones. Les quitan trabajo a los argentinos. Usan hospitales y escuelas. No pagan impuestos. Algunos delinquen para no ser deportados. Los políticos miran para otro lado.” Solamente con estas afirmaciones podemos realizar un análisis de las actitudes xenofóbicas, tomando en cuenta las afirmaciones de Sami Naïr: “La inmigración y las migraciones que la hacen posible se han convertido así en un elemento imaginario a menudo sin relación con lo que son realmente. Esta imagen deformada, manipulada hasta la histeria, ha arraigado profundamente en el inconsciente colectivo de las poblaciones de los países desarrollados.

Integración: la interculturalidad como desafió.

Una primera dificultad para la integración puede ser la forma en que se presenta la migración boliviana, para esto recurriremos a una cita de Sami Naïr:

¿Cómo reaccionan los migrantes? Se puede trazar una especie de tipología de las actitudes. Algunos intentan asimilarse a las normas y valores de la sociedad del modo más rápido y mejor. A veces cambian de nombre, dejan de practicar su religión si son creyentes, evitan vivir en barrios de extranjeros; para todo lo cual es necesario disfrutar de cierto bienestar económico y de cierto nivel de educación. Otros reaccionan en contra y se refugian en el cálido nido de la pertenencia a una comunidad en la que encuentran solidaridad y respeto. Se condenan a permanecer, aunque sea provisionalmente, al margen de una sociedad, cada vez más diferenciadora y excluyente, que no ve mal esta actitud ya que, en cierto modo, hace que la ‘comunidad de origen’ sea quien asuma la integración del migrante. Pero este se integra más en su comunidad que en la sociedad de acogida. Cuando esta actitud se prolonga, algunos se crean una patria de exilio en el país de acogida.

Un ejemplo del cambio de actitud, respecto a la integración, es la comunidad boliviana  de Las Toninas pueblo de la Intendencia de Costa; esta  comunidad boliviana emigró primero al norte (Jujuy) y luego fueron “bajando” hacia Buenos Aires, pero encontraron su nicho económico y social en las Toninas, “encontramos un pueblo donde había trabajo y no éramos discriminados, por eso nos quedamos aquí” opina uno de los más antiguos representantes de esta comunidad. Aquí se combina la actitud de integrarse a la actividad económica del contexto (turismo) y al mismo tiempo se consolidan como una pequeña “patria de exilio en el país de acogida” (Sami Naïr).

Las migraciones de los años 80-90, como hemos señalado líneas arriba, incorporan a migrantes no campesino-indígena y ya en el territorio de acogida mantienen sus diferencias, no vive en las villas, no hablan un idioma nativo y con asombrosa rapidez adopta el acento, vocabulario y usos del lugar de residencia, esta actitud es notable especialmente en los jóvenes.

Entre las múltiples estrategias de mantener los lazos comunitarios (entre bolivianos) tenemos la creación de Asociaciones deportivas, culturales, folclóricas, religiosas, que en alguna medida se constituyen en puentes de interacción con la sociedad y las autoridades locales.

Conclusiones

El desarraigo, es sin duda una característica propia de la migración, en el caso del migrante de origen aymara o quéchua tiene una particularidad debido a su actividad cotidiana ligada a la agricultura, a la tierra y toda la cosmovisión se encuentra centrada en este aspecto.

Los procesos de socialización en las comunidades andinas se inscriben en el ciclo de la vida: nacimiento-niñez-juventud-madurez-muerte. Cada uno de estos momentos tiene una ritualidad comunitaria. En esta medida la relación individuo y comunidad forma una relación en la cual la comunidad se constituye en el eje central de la vida.

Una primera conclusión, como hipótesis de trabajo, es que la migración boliviana puede ser entendida como una migración transnacional, entendida como el “proceso por el cual los transmigrantes, a través de su actividad cotidiana, forjan y sostienen relaciones sociales, económicas y políticas multilineales que vinculan sus sociedades  de origen con las del asentamiento y a través de las cuales crean campos transnacionales que atraviesan  las fronteras nacionales”  (Basch et.al 1994:6, citado por Alejandro Portes en: Debates y significación del transnacionalismo de los Inmigrantes) Por supuesto que no toda la migración boliviana mantiene esta característica. Las que pueden ser catalogadas como “transmigrantes” son las migraciones de las décadas de 1980-1990-2000. Conozco casos en los que el padre de familia se ausentó a Bolivia para cumplir con el cargo de autoridad originaria.

En la medida que no se construyan normas e instancias operativas de una sociedad multicultural la integración será siempre débil y la discriminación se convertirá en política pública como hemos visto en países europeos y  en el estado de Arizona en EEUU■

Referencias.

Albó Xavier, Barnadas M.  Joseph: La cara india y campesina de nuestra historia. UNITAS/CIPCA. La Paz  Bolivia. 1990

Antezana S. Alejandro V: Estructura agraria en el siglo XIX. CID. La Paz Bolivia 1992

Calderon Fernando, Dandler Jorge: Bolivia la fuerza histórica del campesinado.

Ergeta Angel Jemio. La Reforma Agraria en Bolivia. Nueva Sociedad No.7. Julio – agosto  1973.

Giavedoni Pita Manuel Carlos: La avalancha silenciosa. Las migraciones ilegales y la seguridad argentina. Universidad católica de Salta, Buenos Aires 1999.

Mármora Lelio. Las políticas de  migraciones internacionales. OIM-PAIDOS, 2004

Prado S. Fernando: poder y elites en Santa Cruz. Cordaid-Cedure. El País. 2007

[1] Emmanuel Todd. El destino de los migrantes, asimilación y segregación en las democracias occidentales. Material de estudio.

[2] “La misma ciudad de Cochabamba (Bolivia) fue fundada por los españoles  sobre el primitivo pueblo de K’anata , habitada por mitmakuna traídos de la provincia de K’ana situada a 18 leguas  al sur del Cuzco”  Jesús Lara, El Tawantinsuyo. Los Amigos del Libro La Paz Cochabamba,  1974.

 


Nota del Editor: Nos sentimos honrados de contar con esta nota exclusiva para ANDÉN del Sr.Antonio Abal Oña, Consul General de Bolivia en La Argentina.