Vivir en una ciudad es cómodo pero a su vez es comprarse un problema en cuotas. Hay algo en el amuchamiento que es desagradable, los olores, los humores a destiempo  de uno, la polución visual que nos pone un culo en la cara en cada puesto de diarios, los colectivos y los trenes a deshoras, los cortes de avenidas y un larguísimo etcétera con el que convivimos a diario. No es que la vida en pueblos y barrios suburbanos sea mejor o más tranquila. Esa es una idealización pequeño burguesa que añora lo que no tiene porque no quiere. La vida en comunidad es difícil, ardua. Y lo es porque la presencia de los otros es un mal necesario, porque los necesitamos para vivir y están ahí lo queramos o no. Pueblan nuestros sueños y nuestros gestos más vagos.

No es del todo importante el paisaje si uno lo ha elegido. Quien sale por la mañana de su casa y ve un campo florido, un basurero o una tecnópolis tentacular se encuentra sujeto a la vida comunitaria. Lo más difícil no es la escenografía. Son los actores que en su buena o mala leche avanzan sobre nuestros espacios y nos fuerzan a ver lo que no queremos,  y a convivir con quienes no queremos haciendo, muchas veces, lo que detestamos. Por eso a veces soñamos con esa entelequia borrosa que es la ciudad ideal, el pueblo añorado, el barrio del tango querido. Para esos sueños 5 discos 5 que ensalzan ese sueño del terruño querido, esa nubosa ciudad deseada donde si no se es feliz al menos se puede trabajar por serlo■


 

Is This it -2001- The Strokes. A principios del nuevo milenio, pocos meses antes de la caída de las torres gemelas, New York se encontraba envuelta en medio de una modorra cultural decadente y satisfecha de sí misma; basado en el diseño ochentoso que buscaba reinterpretar la new wave, el retrorock describió aquella sensación como nadie. The Strokes, junto con la retro punk de Yeh yeh yeh musicalizaron esa etapa y esa ciudad a la cual, como otras tantas ciudades en el mundo, se la ama y se la odia en igual proporción. Sensualidad, desparpajo marketineramente planeado, caras lindas y guitarras distorsionadas para obligarnos a mover la cabeza. Un disco pretensioso y amable, que reúne en pocos tracks todas las New Yorks posibles, las pasadas y las porvenir.

 

 

Ciudad de Pobres Corazones  -1987- Fito Páez –. El mejor disco de Fito Páez. Su obra maestra. El más atormentado de su carrera, el más opresivo. Compuesto luego del asesinato de sus tías, en unos años ochenta que se caían a pedazos, Páez escribió letras que aún hoy suenan a tragedia y a desprecio por el mundo. La poesía de sus primeros discos se cristalizaría en este poniendo el acento en objetos cotidianos, en esos fantasmas urbanos que lo acosaban y que a todos acosan cuando la ciudad se vuelve una enemiga. El tema que da nombre al disco y Track Track son la muestra sonora de su estado mental y espiritual. Un impulso de sangre a la cabeza increpando al alma, siempre al borde del grito desesperado, en la cornisa y haciendo equilibrio.

 

 

Quien sos – 2007 – Orquesta Típica Fervor de Buenos Aires. El tango es muy probablemente el único género asociado indefectiblemente con una ciudad: Buenos Aires. Otros fueron sus tiempos de gloria masiva. No obstante siguen aún formándose orquestas que lo ejecutan y reelaboran, que lo adaptan a los tiempos que corren y lo mantienen con vida, porque la música, como las ciudades, los pueblos y los barrios, descansa sobre el pasado, se apoya en él para hacer pie en el presente y proyectarse. La orquesta Típica fervor de Buenos Aires supo deslumbrar en el hall de la facultad de filosofía y letras y animarse allí a mostrar nuevos tangos, tan solventes como las de sus épocas de gloria. Eso sólo basta para prestarle atención y encontrar en ella la vocación férrea del tango, que nunca se irá mientras la ciudad siga en pie.

 

 

En algún lugar  – 2008 – Smitten. Una de las cosas más terribles y comunes que pueden pasar en un núcleo urbano es no sentirse parte de él. Saber que hay una separatividad insalvable entre las cosas y uno. Y no hay ningún estado más a fin a eso que la adolescencia. El punk melódico de Smitten apunta a eso, a ese extravío, a esa desorientación urbana/existencial que todos en algún momento nos aqueja. No por eso su trabajo debe ser escuchado como un producto para jóvenes dubitativos sino como un ejercicio de asimilación del pop por parte del punk con letras que apelan a generar una empatía inmediata. Un sonido por momentos contundente, por otros relajado que no inventa nada pero que tiene el encanto de esos discos que se escuchan a toda hora, en la calle, como música de fondo para cualquier estado de ánimo. Y eso es impagable.

 

 

Suena la Alhambra -2007- Enrique Morente – El recientemente fallecido cantaor flamenco, publicó este disco como banda sonora del documental que contaba su vida. Renovador del género junto con luminarias como Camarón de la Isla, Morente fue quizás el más grande narrador de los sonidos de Granada, esa ciudad cuya estética aún le pertenece al pueblo musulmán. No es su mejor disco (Misa Flamenca, 1991) pero los aires de tierras lejanas que traen consigo lo vuelven una pieza clave en su producción. La gran joya del disco es Chiquilín de Bachín (Piazzola-Ferrer)  donde se apropia del “nuevo” tango y lo translitera al dolor de sus propias calles y paisajes. La guitarra del enorme Juan Habichuela lo acompaña y le da sustento a una voz que habitará por siempre es esa ciudad y la fundará una y otra vez allí donde alguien haga sonar este o alguno de sus discos.