Después de haberme enterado que el boxeador cordobés, mal hablado y torpe, fue elegido como la estrella del programa de Tinelli, entendí el porqué de la elección de Mauricio Macri como Jefe de Gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires.

Que haya argentinos que llaman por teléfono y gastan más de 8 millones de pesos para los bolsillos de Tinelli y el resto de los integrantes de su aparato empresarial, simplemente para elegir a un tipo que no sabe bailar y que usa un lenguaje vulgar y asqueroso, es histórico.

Seguramente cualquier extraterrestre gozará de una prolongada carcajada por semejante estupidez en una parte de la tierra, llamada Argentina.

Creer que la “Mole Moli”, es un gran bailarín, quiere decir que la inteligencia entre muchos argentinos, es un objeto perdido, es una especie en extinción.

Darle raiting al programa de Tinelli que amplifica sus líos maritales o refleja con sus ultramodernas cámaras los toqueteos a traseros o constantemente hace un culto de las estupideces, es increíble.

Casi todos los programas de  televisión, revistas y diarios, debaten de las barbaridades de ese programa que no sólo tiene alta audiencia sino saquea el dinero a los giles que creen estar viendo un gran programa cuando simplemente es parte de la basura que te ofrecen los canales o canaletas de la televisión.

Tinelli logró “descerebrar” a muchos argentinos, pues el culo es más importante que el cerebro; la morbosidad es una virtud frente a la moral; las estupideces reemplazan a la razón. La vaciedad, el culto a la “belleza”, a la ropa y a otras superficialidades, han derrotado a la ideología, al sentido común, a la decencia.

Pero no sólo Tinelli está destruyendo la cultura y la conciencia de este país, también otros programas televisivos que son una porquería. Basta tener dinero, belleza física y una lengua venenosa para vomitar insultos, miserias humanas y obsesiones sexuales, para ser estrella de la TV.

Que Ricardo Fort esté todos los días en la agenda de los medios, es la mejor prueba de que la televisión canaleta reina y gobierna. Muchos políticos se parecen a Tinelli o Fort. No tienen ideología, actúan, son falsos, les interesa los fines y no los medios, La cosa es “triunfar” así sea engañando o pisando a los demás.

Fort, que tiene como único “mérito” el heredar una fortuna que la gasta en estupideces y se mete en escandaletes cada segundo, no necesitó prepararse en una escuela o universidad para pensar y decir. Su dinero le permite mostrar su ignorancia como una virtud.

Macri, que desde su twitter escribe con errores ortográficos o cuando le preguntan sobre fechas históricas no sabe dónde está parado, es también cosecha de esa siembra que hacen los medios de comunicación. Y también es heredero de su padre descendiente de migrantes italianos.

Si la Mole Moli es elegido como el gran bailarín de la Argentina cuando apenas mueve los pies y las manos, no hay por qué sorprendernos que Macri sea Jefe de Gobierno y ahora quiere ser Presidente de los argentinos.

Fue patético ver a Macri repetir las palabras de un asesor que estaba en su espalda cuando ofrecía una declaración de prensa. El programa “678” –odiado a muerte por los gorilas mediático- fue uno de los pocos en que mostró ese papelón Macri ni siquiera tiene la capacidad de usar otras palabra. Su lenguaje es pobre y su pronunciación desastrosa. Está pendiente de lo que le dicen sus asesores. Ataca a los inmigrantes porque sabe que los “tinellizados” electores odian a los feos y negros.

Ser inmigrante negro, pobre y feo es delito. Ser inmigrante blanco, rico y hermoso, es una maravilla. Los culos y las tetas con silicona, no merecen el rechazo, pero los cuerpos naturales, curtidos por el laburo duro de los inmigrantes, son odiados. Y mejor si los negros, pobres y feos se van de la Argentina. Así sólo quedan los ricos, los lindos y blancos como Macri.

Nadie puede negar que una parte de la sociedad argentina tiene por dentro el racismo y la xenofobia. No sólo los peruanos, paraguayos y bolivianos, son odiados sino los habitantes del norte argentino.

Esos odiadores de inmigrantes miran el color de la piel, no les importa la honestidad de las personas, el trabajo, la inteligencia, la decencia. Igualito que en los programas “tinellizados”. Si eres infiel, si cuentas tus aventuras sexuales, si hablas pavadas, si bailas con un centímetro cuadrado de calzón, puedes ser elegido estrella y con el voto popular de los giles que tiran dinero haciendo llamadas telefónicas.

Los mismos electores de la Mole Moli seguro que votan por cualquier gil que tiene dinero y aparato mediático. No es casual que Fort se haya sacado una foto con la banda presidencial de Argentina. El quiere ser Presidente y puede tener buena votación porque a muchos no les interesan las propuestas o programas sino la “imagen” que se construye desde la tv canaleta.

Y así como falta conciencia crítica ante los medios de comunicación, nos falta conciencia política e ideología para ir a votar. No entiendo cómo hay gobernadores que más parecen momias pues están eternamente en el poder, forrados de lujo como ese que se hizo construir un edificio millonario y faraónico.

Están 15, 20, 25 años en el poder y no son criticados ni llamados dictadores como sí les ocurre a Chávez en Venezuela, a Correa en Ecuador o a Evo en Bolivia. Estos presidentes populares son víctimas de la Guerra Mediática de los poderosos. Pero cuando un derechista se aferra al poder, los medios monopólicos -muchos de ellos cómplices de dictaduras en el pasado- no lo cuestionan y más bien alaban su vocación “democrática”.

Esos gobernadores de Argentina –que además son dueños de tierras, tabacaleras, cañaverales, viñedos, etc.- desfilan por la televisión basura mostrando sus nuevos aviones privados, sus flamantes “adquisiciones” femeninas. No son cuestionados. Al contrario son héroes y mejor si se van de vacaciones fuera de la Argentina.

Hay un culto a los dinosaurios en la Argentina tanto en la política como en los medios de comunicación. Es ofensivo a la más elemental inteligencia que Mirtha Legrand siga haciendo programas de televisión diciendo barbaridades o que Susana Giménez tan inculta, sea considerada como una diva.

Ver a las abuelas Alfano o Casán -que se muestran como jovencitas de 17 años, desnudas o hablando de sus últimos éxitos sexuales o conquistas de pibes- quiere decir que nuestros cerebros están atrofiados para soportarlas en la televisión.

Que Grondona o Chiche sigan dándonos cátedra de periodismo, es una vergüenza; o que los diarios hegemónicos, tengan como columnistas a amigos de Videla y de otros represores, se den el lujo, hoy, de dar lecciones de gobierno, es un asco.

Hay tanto libertinaje en los medios de comunicación que está permitido echar porquería como si fuese mensaje. Ver la tele visión argentina en la tarde y en la noche no sólo es pérdida de tiempo sino extravío de cerebro. Por supuesto que hay casos excepcionales.

Hace mucho tiempo empecé a practicar una venganza personal ante tanta basura. Dejé de comprar diarios y revistas que defienden los intereses empresariales y hacen un negocio de la basura comunicacional. Y no sólo dejé de comprar sino de creerlos. Por ejemplo Clarín, La Nación, Perfil, Noticias y otras publicaciones, ya no tienen espacio en mi casa. Las revistas de puro puterío nunca me interesaron.

Y cuando veo TN, canal 13, C5N ya sé que tendencia tienen y lo que más hago es protestar en voz alta ante mucha mentira, manipulación y mala intención. Así como esos sacrosantos periodistas autonombrados “independientes” reclaman libertad de expresión yo tengo el derecho de protestar ante los medios.

Si la Mole Moli es el mejor bailarín o Macri es Jefe de Gobierno, no nos sorprenda que Fort, esté llegando a la Casa Rosada, gracias a la genialidad de la TV basura■