Recientemente vi El ciudadano ilustre, filme de Duprat y Cohn que retrata tan bien (quizás, sin quererlo) la mutación cultural de un artista. En la película, Daniel Mantovani (con algunos guiños hacia Aira, sin duda alguna) es un escritor argentino que gana el premio Nobel. Hastiado de su vida burguesa en Barcelona, decide salir de ese estado post mortem y aceptar la invitación que le hace la municipalidad de su pueblo Salas, en Buenos Aires, para condecorarlo con la medalla de “ciudadano ilustre”.

El momento más interesante de la película es aquel en el cual el escritor observa que él mismo, su cuerpo biológico, se ha convertido en un objeto de cultura, se ha cristalizado en las fauces de las instituciones del Estado. Es un archivo, en el sentido técnico que le puede dar Foucault en su Arqueología del saber de 1969. Mejor aún, y también pensando en ese Foucault, un documento. Documentalizarse es una actividad política, desde ya. Ocupar ese lugar en el museo de la memoria de un pueblo, de una región o de una etnia (por qué no, de una clase, pienso en nuestros mártires y pongo el dedo en la llaga, pienso en Mariano Ferreyra) es un acto más cercano al mundo de los muertos.

Cerati, por ejemplo, ya estaba muerto aun en coma. La obra muerta de un artista marca, evidentemente, el fin de la pulsión artística. Los homenajes rastreros que Cerati recibió “en vida” no hicieron más que ubicarlo en un lugar cómodo de la cultura: ser representado, fechado, admitido, archivado, recordado. Pensaba, al respecto, qué lugar ocupa hoy en día Ricardo Iorio para el universo metalero en nuestro país. Iorio, mal que le pese, sigue ocupando un lugar en el templo, un lugar central. Nadie lo ha profanado, en el sentido que lo pensaba Agamben: sacarlo de ese lugar “sagrado”, para servir como alimento o refracción de los dioses. Él ya es una deidad, se ha objetualizado de una manera formidable entre sus fieles (nosotros, de negro vestidos) y predica en la montaña (bueno, en la sierra, o en aquel territorio que Buenos Aires le ganó a La Pampa) para que en las ciudades se realice la conversión o la reificación. Iorio ha logrado concretar el proyecto de Zaratustra, solo que no muere. Nunca muere. Lo han intentado, él lo ha intentado, pero sigue demasiado vivo y demasiado alegre, mucho más aun para sus detractores. ¿Por qué nadie puede acabar con él? ¿Por qué debemos, en todo caso, exterminarlo? Simbólicamente, por supuesto. Considero que la obra de Iorio ha muerto hace rato. Sus últimos trabajos como solista (reversionando milongas de Rivero o baladas evangélicas de Roxette) han sido pobres. Su generación, la generación de Ricardo, ha luchado muchísimo contra la “remake del escapismo” (como sus versos nos obligan a cantar). La necesidad imperiosa que Iorio tiene por volver (en la clave traumática del peronismo) es sintomática: volver a Sierra de la Ventana, volver a los “clásicos” del rock argentino (eso significó un gran disco, quizás por la presencia del Tano Marciello, como Ayer deseo, hoy realidad), volver a su padre. Iorio, quien había profanado su linaje por el de Almafuerte, ahora regresa (y en imponentes letras de acero, los afiches no me dejan mentir) al oro del linaje (Sarmiento, en ese sentido, fue más osado) y se asienta en la pesada herencia de su apellido. No quiere morir, es claro. Pero el retorno ─estrategia de supervivencia que alguna vez Ricardo le criticó a Litto Nebbia o a Miguel Cantilo─ también es un signo de debilidad. Quizás ya no haya más nada para decir. La famosa “intuición”, que en sus letras reaparecía antropomórficamente, ahora es un claro de luna, huele a naftalina, ya se dijo, ya se hizo, es deceso. Iorio se documentaliza con frecuencia en las redes, en sus apariciones televisivas, en sus letras de antaño (y que tan bien analizó Juan Pisano[1] para observar las formaciones discursivas de esa “verdad” que el cantor recita, enuncia), en sus teatralidades al paso (más cercano al payaso de un circo de barrio que a un clown de Shakespeare). Ir a verlo (cantar) es una actividad bastante interesante desde el pathos, masturbatoria, hermosa. Pero hace muchísimo tiempo que Iorio dejó de producir, más allá del efecto de verdad, de esa necesidad de radiografiar el presente. Producir, poiesis, arte, de eso solo ha quedado la sombra, una proyección que afecta (en el sentido clínico, no aristotélico) al auditorio de maneras más graves. Asesinar a Iorio en términos culturales es, justamente, sacarlo del museo viviente, reinsertarlo en una libido perdida o sepultarlo públicamente. ¿Ningún voluntario?

 


[1] En Se nos ve de negro vestidos (La parte maldita, 2016), nuestro libro, el del GIIHMA, busquen “La pasión y la ética: un lugar para la palabra y la tradición en las letras de Iorio”, así se llama el artículo de Pisano.

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Miembro del Grupo de investigación interdisciplinaria sobre el heavy metal argentino (G.I.I.H.M.A). Docente. Investigador. Ha publicado varios libros y es colaborador del portal Marcha.

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Un comentario sobre “Vivir sin los padres, dilema del metal criollo – Andén 87”

  1. Muy interesante tu análisis. Ahora, un aspecto a analizar también, es porque un artista, a pesar de que sus obras quizá no sean de las mejores en el ultimo tramo de su carrera (Toro y Pampa es un muy buen disco, después quizá el nivel compositivo desde lo poético ha bajado), sigue siendo un gran referente. A mi parecer por 2 motivos: 1) Porque fue uno de los creadores del movimiento, y su arte (música y letras) en la gran mayoría de toda su discografía, son inigualables y a eso, sumarle que siempre se rodeo de grandes músicos, su etapa con Claudio Marciello para mi es la mejor, cuando crearon el metal argento, el criollo. 2) Porque no ha aparecido otro artista del palo que pueda discutirle el trono, así Ricardo haga discos malos, por algún motivo, se lo sigue eligiendo. Hay músicos muy muy buenos, pero cual sera el motivo por el cual no despegan? quizá porque no son del todo originales y sus obras suenan a otras ya conocidas y su publico se reduce a los gustosos de un estilo. Ricardo mal que mal, ha ido volcando sus inquietudes musicales en diferentes discos, de diferente nivel o resultado artistico, pero su voz, su estilo de cantar, de decir, es lo que lo sigue identificando y lo que a tantos nos gusta.
    Esta última etapa, donde desarmo Almafuerte y se largo solo, por lo que escuche a uno de sus músicos, sera la ultima, y no se cual es el motivo, quiza los 2 expuestos anteriormente, para que el publico lo siga a pesar de que su arte desde lo creativo bajo de nivel, el tipo va a un pueblito de 5 mil habitantes, y mete entre 500 y mil personas, va otro y quiza cancela por falta de venta de entradas, hace poco estuve en Zarate viendo al tano Marciello, que tiene una muy buena banda, toca como los dioses la guitarra, la gente lo ama, pero no eramos mas de 200 personas en un lugar donde podían entrar 4 veces mas de personas (Y la entrada no era cara para nada).
    Por lo visto, Almafuerte se termino (Se pelearon con el manager de toda la vida, y calculo que eso lo ha hecho sentir que se llego hasta ahí). Que Ricardo es contradictorio? por supuesto, quien no lo es? no sera el problema que buscamos en el a alguien ideal (Un idolo) que no podemos nosotros mismos ser?. Que Ricardo hace payasadas en el escenario, en la TV, que dice cosas dificiles de interpretar, creer o entender? Si, ese es Ricardo, el mismo que creo las mejores canciones del rock pesado argentino, aspecto que la da la espalda suficiente para hacer lo que se le cante las pelotas, esta en los gustosos de su arte, tomar o dejar los aspectos que unos u otros consideran payasescos, contradictorios o lo que sea, otros, solo queremos escuchar sus canciones, viejas y nuevas, interpretadas en vivo, tiene casi 55 pirulos y mucho de todo atañe al rock ha pasado por su cuerpo, nunca paró, está como está y hace lo que hace, tomesmolo o dejesmolo, con Ricardo siempre fue así.
    Yo en un momento teorice que Ricardo se autoboicoteaba su propio exito, cuando separo Hermetica, y ahora con Almafuerte que habia llegado a la masividad.
    En fin, creo que no hay que idolatrarlo, porque seria idealizarlo, buscar en el algo que nosotros no estamos dispuestos a hacer, decir o proceder, una idealidad, es solo un artista, hay que evaluarlo por su arte, lo demas, es puro cuento, ya lo ha dicho el mismo «No esperes de mi nada especial, lo que tu buscas, dentro tuyo esta». Saludos

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