Es conocido por todos el concepto de que los intelectuales, ávidos observadores de su tiempo, están o deben estar avocados a la contemplación y posterior creación de obras textuales. Novelas, ensayos, cuentos, odas, versos o crónicas llenan sus días, lo que consecuentemente les dificulta la entrada en acción. Quienes se hunden en el barro del hacer, suponemos todos, son –deben ser– los políticos, los economistas, los especialistas preparados para actuar ante el caos de la realidad, para remediarlo.

El intelectual aporta “desde su lugar”, gestando hábiles historias que reflejarán los diversos flagelos, las penurias o la dicha que se vive en este mundo. Pero como casi siempre, podemos encontrar excepciones, y en este caso don José Saramago es una de ellas. El portugués –quien supo enfrentarse a viles de la talla del inefable Silvio Berlusconi– ahora planea, por iniciativa de la Fundación José Saramago, una nueva edición de una de sus novelas emblemáticas, La balsa de piedra, que saldrá a la venta con una notable singularidad: todas las ganancias que generen esos volúmenes se van a destinar a los sobrevivientes del devastador terremoto ocurrido en Haití.

Así, aunque resulte poco, como el propio autor lo reconoce desde su blog (cuaderno.josesaramago.org), la nueva llegada de este título a Portugal, España y América Latina muestra que se puede hacer y aportar más allá del “lugar de cada uno”. Comprar La balsa de piedra, entonces, resultará no sólo sumamente provechoso para el disfrute de nuestra mente. Con ese simple acto también podremos soplar una brisa de viento a favor por esas devastadas tierras centroamericanas. Y actuar de la mano de este ingenioso escritor