He escuchado y leído varias veces que «los tiempos cambian rápido». Esto sólo puede significar una cosa solamente: que la gente es lenta. Tal es así que el avance de la tecnología muchas veces no va de la mano con la sociedad antes de cruzar la calle y esta última termina sufriendo un grave accidente. La tecnología y sus impactos en la vida cotidiana, es un tema amplísimo sobre el cual abunda ya demasiada bibliografía.

Sin embargo, en la actualidad vienen floreciendo varios casos donde la tecnología (Internet, más específicamente) y la sociedad llegan a situaciones caóticas que rara vez ven la luz en los medios. Por este motivo, me pareció prudente relatar una de ellas para invitar a la reflexión sobre casos concretos en lugar de redactar una lectura abstracta y pseudo-progresista como las que se vienen dando en la mayoría de los medios.

Todo transcurre en los Estados Unidos de Norteamérica durante el corriente año, con una niña de 11 años llamada Jessi Leonhardt (alias Jessi Slaughter) quien, como muchas chicas de su edad, tenía cuentas en varias redes sociales como Youtube, Myspace, 4chan, etc. en las cuales subía fotos y videos bastante controversiales. Este accionar la terminaría convirtiendo en una suerte de celebridad virtual y también la haría blanco de numerosos insultos y amenazas virtuales, ante los cuales Jessi contraatacaba publicando videos donde insulta prepotentemente a sus detractores y también creando más cuentas en otras redes sociales.

 Sus datos personales (como teléfono y dirección) que habían sido publicados en la red pronto fueron tomados por estos depredadores y las bromas no tardaron en llegar: se mandaron a la casa unas 80 pizzas, se enviaron fotos y montajes a los abuelos, se le encargaron muestras de lubricante, se le hicieron bromas por teléfono haciéndose pasar por la policía y la escuela, etc. Sin embargo, también comenzaron a llegar a la familia de Jessi amenazas de muerte.

La joven no supo manejar la situación y publicó otro video en el cual se la ve llorando y diciendo que le «arruinaron la vida». Durante la filmación del video, el padre irrumpe en la escena gritando incoherencias, fruto de la histeria y desesperación que en esos momentos se estaban viviendo. Esta vez, ni siquiera el padre se salvó de las bromas de los internautas y no tardaron en llegar los videos parodiando su reacción.

 Ante la gravedad de la situación, la familia decide acudir a las autoridades y desde entonces se encuentra bajo vigilancia policial y asistencia de especialistas. El caso tampoco tarda en llegar a los medios y fue tratado en el programa «Good morning America». En la nota se hace evidente la desatención de los padres respecto a las actividades de Jessi. A pesar de todo esto, Jessi volvió a aparecer en internet (esta vez con un rostro bastante demacrado) anunciando una línea de ropas de diseño propio. Y ese fue el caso Jessi Leonhardt, que al haber acaecido en EEUU, hay muchas probabilidades de que ocurra en el resto del mundo también.

 El propósito de esta nota no es alertar sobre lo peligroso que puede llegar a ser el uso inconciente de Internet y aconsejar a los padres sobre cómo controlar más eficientemente la vida de sus hijos: esto no haría sino agravar aún más el conflicto generacional entre ambos y dificultar la concreción de un vínculo sano y abierto. El propósito de esta nota es invitar tanto a padres como a hijos a hablar abiertamente sobre estos temas para poder evitar así casos como el de esta pobre Jessi Leonhardt■